Crítica de la película «Historias tenebrosas» (1919)

Historias tenebrosas
Historias tenebrosas es una película muda de Richard Oswald que, en cierta medida, supone una de esas obras que la historiografía se empeña en rescatar como “precursora” del cine de terror alemán, aunque ciertamente sí se encuentra entre los primeros largometrajes del género. Su negativo se ha perdido, pero he logrado ver una restauración que hizo la Cinémathèque française a partir de una copia en nitrato. Y con esto alcanzo a razonar lo suficiente como para saber que Oswald, como prolífico y a menudo oportunista cineasta de la República de Weimar, encuadra los cuentos siniestros con atmósferas góticas y una decente actuación de Conrad Veidt, pero, desgraciadamente, su narrativa antológica arrastra debilidades que se repiten hasta que se apagan las velas y los escalofríos. 


La trama se ambienta en una librería de antigüedades cerrada a la medianoche, donde tres figuras —la Muerte, el Diablo y la Prostituta— salen de cuadros para leer cinco historias macabras: La aparición, La mano, El gato negro, El club del suicidio y El espectro. Esta premisa, en un principio, me resulta interesante hasta cierto punto por la manera en que Oswald mezcla las fórmulas tempranas del misterio fantástico y el terror gótico para construir cada uno de los relatos antológicos que, además del original de su propia autoría, funcionan como adaptaciones de obra de autores como Anselm Heine, Robert Liebmann, Edgar Allan Poe y Robert Louis Stevenson. 


El problema central, sin embargo, radica en los fallos estructurales del guion, que tienden a reducir las acciones de los personajes a una serie de situaciones irregulares que se vuelven redundantes en su lapso de exposición circular. 


En este sentido, solo el primer episodio me parece tenso al mostrar el cuento misterioso de un hombre que se registra en un hotel con una mujer divorciada y luego se ve atormentado cuando dicha mujer desaparece de una habitación ensangrentada mientras todos niegan que haya existido. El resto de los episodios los percibo bajo una abulia que se prolonga con el relato de dos hombres que compiten por una mujer que desean antes del asesinato y los tropos de venganza fantasmal; la crónica de un borracho que asesina a su esposa en un ataque de celos y empareda su cadáver; el cuento de un detective que descubre una sociedad secreta de suicidas que eligen a sus víctimas mediante un juego de cartas; los enredos de un barón que induce a su esposa a cometer adulterio con un caballero desconocido. 


Las escenas, por lo regular, avanzan a un ritmo plomizo que evidencian irregularidades del montaje para mantener la densidad de los relatos por encima de las anécdotas apresuradas que apenas esbozan una idea antes de pasar a la siguiente. El tono oscila entre lo macabro y lo farsesco sin encontrar un equilibrio adecuado. 


La actuación de Veidt, al menos, se roba un par de escenas al elevar su presencia a través de los gestos y la potencia expresiva de su rostro, demostrando su capacidad para transmitir de forma auténtica el pánico, la vileza, la seriedad y el desasosiego. Reinhold Schünzel muestra versatilidad, pero a veces cae en el exceso caricaturesco. Y Anita Berber, figura mítica de la noche berlinesa, aporta un atractivo decadente de vampiresa que el filme no sabe capitalizar, pues su interpretación queda relegada al rol de cómplice, víctima o interés romántico. Los personajes que ellos interpretan, por añadidura, carecen de interioridad. 


En términos generales, la dirección de Oswald deposita sus mayores virtudes en el uso del fuera de campo, el primer plano, el plano detalle, los efectos especiales —sobreimpresión, truco de sustitución, fundido encadenado—, el diseño de vestuario, los decorados que reproducen distintas épocas y, ante todo, las funcionalidades de una fotografía expresionista de Carl Hoffmann, que dimensiona las atmósferas góticas al aportar algunos momentos de contraste luminoso entre hoteles, sótanos y salones. Estos elementos, por desgracia, no logran potenciar cada uno de los relatos de esta antología mediocre sobre los horrores cotidianos.



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Ficha técnica
Título original: Eerie Tales (Unheimliche Geschichten)
Año: 1919
Duración: 1 hr. 52 min.
País:  Alemania
Director: Richard Oswald
Guion: Anselma Heine, Robert Liebmann, Richard Oswald
Música: N/A (Muda)
Fotografía: Carl Hoffmann 
Reparto: Conrad Veidt, Reinhold Schünzel, Anita Berber
Calificación: 5/10

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