Barry Levinson debutó como director de cine con Diner, una película ambientada en su natal Baltimore que establece desde temprano los temas que constituyen su filmografía de los años 80, con esa vibra feel good de personajes que simbolizan, con cierta nostalgia, la cultura del American Way of Life. Por alguna razón, sus escenas me dejan con la sensación de que, a pesar de la química del reparto encabezado por Steve Guttenberg y Mickey Rourke, es una comedia dramática de Levinson que se vuelve bastante aburrida cuando se convierte en un ejercicio de conversaciones episódicas sobre la cotidianidad adulta, tan plano como la superficie de una mesa de restaurante.
El argumento, ubicado durante los últimos días de 1959, sigue las vidas de Modell, Eddie, Billy, Shrevie, Boogie y Fenwick, un grupo de amigos en sus veinte años que enfrentan la transición a la adultez, mientras asisten a un baile navideño antes de ir en coche a su lugar habitual de reunión nocturna, el Fell's Point Diner.
En general, la premisa tiene un arranque algo interesante cuando se esquematiza sobre las fórmulas de la comedia dramática sobre jóvenes veinteañeros buscando un propósito, en una estructura episódica que muestra las actividades variadas de cada de uno de ellos. Sin embargo, el guion atropella el desarrollo de los personajes y opta, a menudo, por mantenerlos en una serie de situaciones acomodaticias que, por lo regular, se reducen a las reuniones de los compañeros en un diner local y diálogos a puerta cerrada sobre inquietudes, sin dejar un espacio para profundizar en el cuadro psicológico detrás de sus acciones.
Esto hace que se pierda el pulso dramático entre la preocupación de Boogie como peluquero luego de perder una apuesta y coquetear con distintas mujeres; las discusiones de Shrevie con su esposa Beth por su colección de discos de vinilo; las inseguridades del bromista Fenwick para adaptarse a la adultez en medio de privilegios y problemas; los intentos de Billy poner las cosas en orden en la estación de televisión al discutir con su prometida; las habladurías de Eddie mientras prepara su boda. La principal debilidad radica en que su narrativa anula cualquier pretensión de trama. No existe un conflicto central que impulse la historia ni un arco dramático significativo.
Las escenas, por añadidura, consisten principalmente en diálogos sobre fútbol, música, películas, apuestas y mujeres, con breves interludios de anécdotas juveniles. Esta estructura “sobre nada”, inspirada quizá en el realismo conversacional, me resulta tediosa porque carece de fuerza dramática para conocer más sobre los personajes que presenta, dejándolos como figuras triviales en una circularidad de pretensiones de autenticidad que, entre otras cosas, se disuelve en una rutina nostálgica que prioriza el "hangout” sobre cualquier exploración significativa de la amistad y la transición al mundo adulto, donde Diner metaforiza la melancolía del fin de la juventud que se resiste a abandonar la inmadurez y los temores que nublan las aspiraciones personales.
Los personajes son interpretados por un elenco joven que, además de Rourke y de Guttenberg, también incluye a Daniel Stern, Kevin Bacon, Tim Daly y Paul Reiser, pero permanecen en gran medida como esbozos superficiales, ya que sus dilemas —matrimonio inminente, deudas de juego, dudas existenciales— se abordan de manera tangencial cuando adoptan comportamientos predecibles y poco convincentes.
A pesar de estas irregularidades, la dirección de Levinson es funcional cuando deposita sus mayores virtudes en el diseño de vestuario, la auténtica reproducción de la época de los 50, y, ante todo, las atmósferas urbanas fotografiadas por la cámara de Peter Sova que me permiten sentir las calles, los vecindarios y los coches con una particular atención a los detalles en las escenas nocturnas. La banda sonora, de igual modo, incorpora su música con cierto alcance melancólico en la escena final. Técnicamente, estos elementos le conceden una cualidad decente dentro de sus irregularidades, pero, en última instancia, son insuficientes para añadirle sustancia al retrato generacional de los baby boomers.
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Título original: Diner
Año: 1982
Duración: 1 hr. 50 min.
País: Estados Unidos
Director: Barry Levinson
Guion: Barry Levinson
Música: Bruce Brody, Ivan Král
Fotografía: Peter Sova
Reparto: Steve Guttenberg, Mickey Rourke, Daniel Stern, Kevin Bacon, Tim Daly, Ellen Barkin
Calificación: 5/10






