Jujutsu Kaisen 0

Jujutsu Kaisen 0 es una película animada dirigida por Park Sung-hoo que constituye, dicho sea de paso, una adaptación del volumen cero del manga de Gege Akutami. Funciona, por lo tanto, como una precuela de la serie televisiva. Con una duración aproximada de 105 minutos, observo que, en lo particular, su animación tiene cierta pericia técnica en el diseño de personajes y algunas secuencias de acción dibujadas por MAPPA, pero cuya narrativa, debajo de la espectacularidad calculada, me da la sensación de que simplemente carece de la fuerza encontrada en cada episodio de la serie, curiosamente también dirigida por Park hasta su primera temporada. La trama se ubica unos cuantos años antes de la cronología original y sigue a Yuta Okkotsu, un estudiante de preparatoria marcado por el pasado trágico que, luego de causar la muerte de una niña llamada Rika durante un accidente de su infancia, es reclutado por el profesor Satoru Gojo para estudiar en la Escuela de Hechicería de Tokio en 2016, convirtiéndose en un alumno que trata de aprender técnicas especiales junto a sus compañeros —Maki Zen'in,Toge Inumaki y Panda—, mientras intenta controlar la Maldición de Rika que lo posee como espíritu sobreprotector y daña a cualquiera que lo amenace. En general, esta narrativa se estructura sobre la fórmula del anime nekketsu, en la que el adolescente inseguro desarrolla superpoderes antes de enfrentarse a un villano siniestro y megalómano que busca robárselos para seguir con el plan de conquistar el mundo. El problema central, sin embargo, es que el guion estropea el desarrollo conciso del protagonista al optar por reducir sus acciones, a menudo, a una circularidad de situaciones predecibles que nunca abandona los facilismos que hay en los combates fantásticos y en los diálogos expositivos, que en la superficie solo funcionan como excusa para explorar temas de duelo, culpa y redención. De esta manera, algunas de las escenas me mantienen en un lapso de abulia al ver las sesiones de entrenamiento escolar de Yuta junto a sus amigos para volverse más fuerte; las peleas que Yuta sostiene con las maldiciones de distintos niveles que vienen para atacarlo; los planes malévolos de Suguru Geto como hechicero que usa su poder maldito para robar maldiciones y destruir a los humanos con su grupo; la misión de Yuta para frenar al perverso Geto mientras Gojo y otros profesores se enfrentan a las maldiciones invocadas en medio del caos urbano. El arco principal de Yuta pierde su dimensión porque, entre otras cosas, transita por senderos convencionales del género shonen cuando se muestra de una forma apresurada la ascensión de este como un chaval herido por la impotencia que alcanza súbitamente el empoderamiento al mediar sus traumas por la aceptación de la maldición, quedando casi como un personaje de relleno en su propia historia cuando es eclipsado por otros personajes más interesantes como Gojo y Geto. El antagonista, Geto, tiene cierto carisma con su presencia amenazadora como brujo, aunque el poco tiempo que aparece lo dedica para explicar sus motivaciones ideológicas. La falta de cohesión, asimismo, sacrifica profundidad en el desarrollo de varios personajes secundarios, pues cada uno de ellos recibe un tiempo de pantalla suficiente para mostrar sus habilidades, pero sus trasfondos personales quedan esbozados de manera superficial en la construcción de relaciones y conflictos internos, como arquetipos funcionales dentro de la dinámica grupal. A pesar de esto, encuentro solvencia en el diseño de animación, en el que MAPPA entrega, como es habitual, secuencias de acción que lucen impactantes por la fluidez de los movimientos, las texturas de los personajes y los colores atmosféricos de unos escenarios integrados con consistencia por los efectos visuales complejos de la animación digital. La banda sonora, compuesta por Hiroaki Tsutsumi, tiene cierta eficacia al incorporar sus piezas orquestales de rock en algunas escenas. Ninguno de estos elementos, sin embargo, terminan por añadirle pulso emocional a su relato sobre el hechicero de la katana maldita.



Streaming en:




Ficha técnica
Título original: Jujutsu Kaisen 0 (Gekijouban Jujutsu Kaisen 0)
Año: 2021
Duración: 1 hr. 52 min.
País: Japón
Director: Park Sung-hoo
Guion: Hiroshi Seko
Música: Arisa Okehazama, Hiroaki Tsutsumi
Fotografía: Teppei Ito
Reparto (voces): Megumi Ogata, Kana Hanazawa, Mikako Komatsu, Yuichi Nakamura, Koki Uchiyama, Tomokazu Seki
Calificación: 6/10
El camino de regreso

El camino de regreso es una película de Gavin O'Connor que, en cierta medida, trata de buscar las rutas de ese cine deportivo de la vieja escuela arreglado sobre mensajes motivacionales para gente que pasa por etapas difíciles. En lo particular, la hora y cuarenta minutos que dura me hace pensar que, en la superficie, es un drama deportivo bienintencionado sobre culpa y redención, que se beneficia de una actuación sobria de Ben Affleck, pero cuya narrativa, a veces, tropieza con fórmulas genéricas que le quitan fuerza a la moral de su discurso, dejándome con la sensación de que lo que me muestra aquí ya lo he visto antes con mejores resultados. Su argumento sigue la vida de Jack Cunningham, un obrero que está separado de su esposa Ángela y pasa los días colgado al alcoholismo que le impide salir adelante, aunque encuentra una oportunidad para redimirse cuando acepta la oferta de un cura para ser el entrenador del equipo de baloncesto de su antigua escuela secundaria católica, Bishop Hayes. En términos generales, su narrativa comienza con un arranque que, en principio, me mantiene interesado por lo que sucede al presentarse sobre las fórmulas habituales del drama deportivo sobre baloncesto en el que un coach con problemas personales motiva al equipo para alcanzar la victoria. El problema central, no obstante, es que el guion estropea el desarrollo psicológico del protagonista al mantener sus acciones sobre una serie de situaciones predecibles que, a menudo, nunca abandona la rutina de facilismos ni la zona de confort de los diálogos inspiracionales que sirven para explorar su pasado traumático. De esta manera, soy incapaz de sorprenderme al observar la circularidad que se repite sobre la motivación de Jack para entrenar a los jóvenes inadaptados para mejorar en las prácticas y competir en el torneo de baloncesto; la depresión de Jack como un alcohólico que cae en el abismo al beber por las noches en un bar; las estrategias de Jack que resulta en una racha de victorias para los jóvenes jugadores de baloncesto; los intentos de Jack para abandonar el alcohol al seguir los consejos de sus familiares; las frustraciones de Jack cuando habla con su exesposa sobre la pérdida de su hijo fallecido por cáncer. La estructura narrativa se siente convencional y, en ocasiones, forzada por la manera en que se muestran los tropos del cine deportivo: el equipo perdedor que mejora milagrosamente, el entrenador que impone disciplina férrea, los momentos de clímax en los partidos decisivos. Las subtramas relacionadas con los jugadores adolescentes resultan poco desarrolladas, pues los muchachos funcionan solo como espejos del protagonista. A pesar de esto, la interpretación de Affleck me parece algo orgánica cuando interpreta, con la mirada y los gestos sobrios, a un hombre frágil afectado por el dolor, golpeado por recaídas, que se refugia en el alcohol para ocultar su vulnerabilidad y bebe en silencio como castigo por negarse a aceptar la muerte de su hijo pequeño, en unas pocas escenas donde transmite la fatiga física y psicológica del personaje —el rostro hinchado, la postura encorvada, las manos temblorosas— sin recurrir a excesos dramáticos, otorgándole cierta credibilidad a un arco de recuperación que evita los clichés más obvios del género sobre el manager atormentado. Este es aprovechado por O'Connor para encuadrar el asunto del alcohólico anónimo en una puesta en escena algo desequilibrada que intenta balancear, por una parte, las secuencias dramáticas sobre una crisis personal bastante sobria y, por la otra, las secuencias de baloncesto coreografiadas con cierta flojera; bajo un tratamiento atmosférico decente de Eduard Grau que refuerza la atmósfera de aislamiento del protagonista en unos escenarios oscuros fotografiados con filtros desaturados y fríos. La música de Rob Simonsen es, al contrario, un poco reiterativa con su leitmotiv de cuerdas. Todo lo demás, por desgracia, me deja con la impresión de que no alcanza la profundidad emocional de otros dramas sobre adicción ni la energía contagiosa de los buenos filmes deportivos.



Streaming en:




Ficha técnica
Título original: The Way Back
Año: 2020
Duración: 1 hr. 48 min.
País: Estados Unidos
Director: Gavin O'Connor
Guion: Brad Ingelsby, Gavin O'Connor
Música: Rob Simonsen
Fotografía: Eduard Grau
Reparto: Ben Affleck, Janina Gavankar, Michaela Watkins, Brandon Wilson, Al Madrigal
Calificación: 6/10
Vanilla Sky

Vanilla Sky es una película de Cameron Crowe que, en cierta medida, trata de funcionar como remake de Abre los ojos (Amenábar, 1997), ajustando la premisa a ese cine del nuevo milenio sobre individuos solitarios y traumatizados por las ansiedades de la modernidad líquida de la época cultural del Y2K. Por alguna extraña razón mi acercamiento a ella se produce tras más de 25 años de visionados esporádicos en televisión por cable a los que no le prestaba suficiente atención, pero tras pasar más de dos horas entiendo perfectamente la sensación de malestar que impedía absorberla por completo porque, francamente, me parece una película fatigosa e insoportablemente aburrida con Tom Cruise, que me induce a cerrar los ojos cuando cae en el abismo del thriller psicológico y la ciencia ficción especulativa, quedando diametralmente por debajo de la contraparte española. Su trama sigue a David Aames, un millonario carismático de Nueva York que es dueño de una gran editorial y que, como treintañero, lleva una vida hedonista junto a su amigo Brian para estar siempre rodeado de lujo y de su amante Julie, pero cuya existencia cambia radicalmente cuando se enamora de una mujer llamada Sofía y, por causas del destino, sufre un accidente automovilístico que le deja el rostro desfigurado. En general, su narrativa se estructura como un largo racconto, montado sobre las fórmulas del drama romántico, el thriller psicológico y la ciencia-ficción, donde el protagonista aparenta estar atrapado en los laberintos del subconsciente. El problema fundamental, sin embargo, es que el guion estropea el desarrollo psicológico del personaje al colocar sus acciones, a menudo, en un epicentro de situaciones previsibles que nunca abandona la inercia de diálogos nimios ni los facilismos encontrados en una sucesión de giros de sueños dentro de sueños. A partir de aquí, la ambigüedad deliberada se transforma en un defecto que le quita profundidad al asunto sobre alucinaciones y realidades alternas que pretende ser profundo, sufriendo de un grave fallo estructural que se acentúa en el interrogatorio de David cuando está enmascarado frente a un psicólogo en una prisión; los días mundanos de David al andar de fiestas en clubes nocturnos antes de mantener una relación efímera con Sofía; las frustraciones internas de David como un sujeto depresivo y confundido que usa una máscara protésica para ocultar las cicatrices de la cara; los estados de desrealización de David al verse acosado por las experiencias extrañas de los recuerdos de su desfiguración. Todo se convierte en un monólogo expositivo que resuelve mecánicamente los enigmas previos sin aportar verdadera catarsis. La actuación de Cruise ofrece, por lo menos, un esfuerzo aceptable en términos de compromiso físico —especialmente en las escenas de desesperación como desfigurado—, aunque a veces su rol no logra trascender la imagen superficial del hombre egoísta, caprichoso y vacío, cuya supuesta crisis existencial resulta baladí porque nunca se construye un arco sólido sobre su cuadro psicológico de obsesión y vulnerabilidad. Su química romántica con Penélope Cruz y Cameron Diaz es palpable en varias escenas. Y Crowe aprovecha su presencia para esbozar un comentario sobre los vicios del individualismo en la sociedad del consumo, entendido como las inseguridades de un individuo comatoso que, en estado de negación por la pérdida, reconstruye su pasado desde una percepción alterada que lo obliga a valorar la vida auténtica frente a las trampas del escapismo cosmopolita. Al margen de las metáforas, Crowe se permite colgar sobre la puesta en escena ciertas florituras visuales que lucen competentes por el uso de la iluminación y los escenarios urbanos que captan la opulencia neoyorquina con la lente de John Toll, así como una banda sonora de grandes éxitos de Nancy Wilson. Su constante postureo estético, sin embargo, no evita el ritmo errático ni la narrativa fragmentada, de un remake cursi que no consigue emocionar, inquietar ni provocar reflexión duradera con las pretensiones poéticas que se extienden hasta el famoso salto final que invita a abrir los ojos porque la pesadilla ha terminado.



Streaming en:




Ficha técnica
Título original: Vanilla Sky
Año: 2001
Duración: 2 hr. 16 min.
País: Estados Unidos
Director: Cameron Crowe
Guion: Cameron Crowe
Música: Nancy Wilson
Fotografía: John Toll
Reparto: Tom Cruise, Penélope Cruz, Kurt Russell, Cameron Diaz, Jason Lee, Noah Taylor, Tilda Swinton, Michael Shannon, Timothy Spall
Calificación: 4/10
El botín

El botín es una película de Joe Carnahan que, en cierta medida, busca recuperar las viejas fórmulas de ese cine de acción policial que se solía ver hace algunas décadas atrás cuando Hollywood se tomaba las cosas en serio. Esto se deja ver en las casi dos horas que tiene de metraje, en las que me asalta la sensación de que es un thriller policial que se beneficia hasta cierto punto del dúo de Matt Damon y Ben Affleck, pero cuya narrativa de atracos, a menudo, transita por lugares comunes que le impiden salir de la zona convencional, obligándome a razonar lo necesario como para saber que lo que presenta ya lo he visto antes con mejores resultados. La trama sigue a Dane Dumars y J.D. Byrne, dos oficiales del Departamento de Policía de Miami-Dade que, en medio de rumores de policías corruptos que roban casas de narcotráfico y una investigación sobre el asesinato de la capitana de una unidad de narcóticos, se disponen a investigar junto a sus compañeros las pistas de un dinero ilícito en una casa ocupada por una inmigrante llamada Desi, mientras tratan de decidir qué hacer con el botín de 20 millones de dólares en efectivo. En términos generales, esta narrativa tiene un arranque que me resulta más o menos decente cuando el asunto se esquematiza sobre las fórmulas del cine policial en parejas y el misterio del whodunit, donde se interroga la ética y la moral de los policías cuando se sospecha que uno de ellos puede desobedecer el protocolo para robarse el dinero confiscado, casi como si fuera un guiño al cine de asaltos sobre traiciones internas y lealtades pasadas. El problema, no obstante, es que el guion no se toma la molestia de desarrollar a los personajes más allá de las descripciones banales que intentan justificar sus motivaciones a través de los flashbacks y los diálogos a puerta cerrada sobre decisiones policiales, a menudo en unas situaciones predecibles que pocas veces abandonan la inercia de lo dialógico para impulsar un conflicto irregular que, por añadidura, oscila entre momentos tensos y segmentos que se dilatan innecesariamente. En una primera mitad, se desinfla en un laberinto de subtramas al mostrar los dilemas éticos de Dumars sobre lo que se debe hacer con el dinero; las sospechas del equipo cuando Dumars se niega a notificar a sus superiores y confisca los teléfonos móviles; las discusiones fuertes entre Dumars y Byrne por el rumbo de la operación. En la segunda, en cambio, se muestra los tensos tiroteos de Dumars y Byrne frente a los matones ocultos en el barrio; la desconfianza que sabotea los planes del grupo de Dumars antes de cooperar con la DEA; las persecuciones en la parte trasera de un vehículo blindado donde Dumars y Byrne revelan su plan frente a las autoridades del FBI. Esta irregularidad genera un ritmo inconsistente, donde secuencias de acción son interrumpidas por diálogos expositivos que ralentizan el flujo. A pesar de esto, las actuaciones de Damon y Affleck demuestran el talento expresivo que tienen para recitar diálogos de forma creíble, sobre todo al interpretar a dos agentes diametralmente opuestos —un detective reflexivo y un policía volátil— que asumen tareas arriesgadas en medio del peligro, a pesar de que sus personajes no son más que estereotipos convencionales. Con ellos, Carnahan aborda de manera superficial tópicos sobre el deber, la redención y el costo de la ética policíaca. Pero, al menos, compensa las irregularidades narrativas y discursivas con una puesta en escena que es competente manejando las secuencias de acción, bajo un clima atmosférico que mantiene la consistencia visual en los interiores de la residencia y en los escenarios urbanos de la ciudad. La banda sonora de Clinton Shorter, de igual modo, trata de incorporarse con sus orquestaciones tensas. Por desgracia, ninguno de estos elementos consigue elevar el suspense policial, de una película genérica y acomodaticia, lastrada por una trama irregular que termina en giros previsibles.



Streaming en:




Ficha técnica
Título original: The Rip
Año: 2026
Duración: 1 hr. 53 min.
País: Estados Unidos
Director: Joe Carnahan
Guion: Joe Carnahan
Música: Clinton Shorter
Fotografía: Juan Miguel Azpiroz
Reparto: Matt Damon, Ben Affleck, Steven Yeun, Teyana Taylor, Sasha Calle, Kyle Chandler
Calificación: 6/10
Fuerza delta

Fuerza Delta es una película del cineasta israelí Menahem Golan que se ajusta, en cierta medida, a las fórmulas genéricas del cine de acción de serie B de los 80 que es propio de las producciones de bajo presupuesto de Cannon Films y de las narrativas antiterroristas de la era de Reagan. Está parcialmente inspirada en el secuestro del vuelo TWA 847 en 1985. Y las dos largas horas que tiene de metraje me obligan razonar un poco como para saber que, dentro de sus limitaciones, es un thriller de acción aburrido sobre terrorismo internacional y operaciones especiales, que solo funciona como vehículo propagandístico simplista para el lucimiento vacío de Chuck Norris. La trama sigue a Scott McCoy, un soldado estadounidense de la Delta Force que, tras una misión fallida en el Medio Oriente, responde de nuevo al llamado del deber para acompañar a su equipo de élite en una misión para rescatar a unos rehenes norteamericanos, secuestrados por unos terroristas libaneses que toman el control de un avión comercial Boeing 707 para exigir el intercambio de prisioneros de guerra. En general, la narrativa se plantea de una forma esquemática que abandona desde el principio cualquier rastro de coherencia para establecer la fórmula genérica del hombre de un solo ejército que resuelve la crisis, bajo una representación maniquea que promueve el relato revanchista en el que la fuerza militar estadounidense solventa   unilateralmente conflictos geopolíticos y donde, además, los antagonistas son reducidos a caricaturas de árabes fanáticos. En este sentido, el problema es que el guion no se toma la molestia de desarrollar a los personajes y, a menudo, opta por mostrarlos como figuras planas que solo sirven para impulsar inútilmente las situaciones predecibles que siempre se mantienen sobre los diálogos cutres y las secuencias de acción baratas que se resuelven sobre facilismos expositivos. La estructura abrupta se prolonga durante la intimidación de los pasajeros judíos en manos de terroristas islámicos; la misión abortada de los comandos liderados por Nick y McCoy por un fallo de inteligencia; los planes siniestros de los terroristas en su cuartel general de Beirut para intercambiar los rehenes israelíes; las persecuciones a tiro limpio de McCoy antes de ubicar la guarida de los terroristas; la batalla final en la que los comandos de McCoy atacan los reductos terroristas para liberar a los rehenes y evacuarlos hasta el aeropuerto. La primera mitad posee un tono claustrofóbico en las escenas de emergencia dentro del avión; mientras la segunda desecha cualquier pretensión de seriedad para convertirse en un espectáculo caricaturesco de pirotecnia, explosiones y acrobacias. A pesar de esto, la actuación de Robert Forster me parece particularmente convincente en su rol como terrorista. En cambio, Norris está más que soso en el papel de McCoy, apareciendo como un soldado casi legendario que, como es habitual, llega tarde a la acción para salvar el día. Su personaje, junto a Lee Marvin, carece de cualquier dimensión psicológica o motivacional más allá de la venganza patriótica, quedando reducido al estereotipo inane del héroe de acción que mata con la mirada y metralleta en mano, en secuencias de acción arregladas con una gratuidad que me dejan perplejo cuando atraviesa ventanas en una motocicleta equipada con lanzacohetes y elimina convoyes enteros de enemigos con una facilidad sobrehumana que, por lo regular, le permite protagonizar tiroteos que desafían las leyes básicas de la física y la lógica militar. A todo esto se suma una dirección errática que, con su enfoque apresurado, evidencia sus tropiezos en los escenarios acartonados, las coreografías falsas, los efectos especiales rudimentarios y una duración excesiva que pierde ritmo. La banda sonora de Alan Silvestri es el único elemento que me resulta contagioso con su leitmotiv electrónico de sintetizadores ochenteros. Todo lo demás queda, en resumen, como un ejercicio de violencia gratuita, patriotismo simplón y ejecución mediocre que envejece bastante mal en su glorificación del intervencionismo militar.



Streaming en:




Ficha técnica
Título original: The Delta Force
Año: 1986
Duración: 2 hr. 05 min.
País: Estados Unidos
Director: Menahem Golan
Guion: James Bruner, Menahem Golan
Música: Alan Silvestri
Fotografía: David Gurfinkel
Reparto: Chuck Norris, Lee Marvin, Robert Forster, George Kennedy, Hanna Schygulla, Shelley Winters, Martin Balsam
Calificación: 2/10
Las guerreras K-pop

Las guerreras K-pop es una película animada de Maggie Kang y Chris Appelhans que representa, hasta cierto punto, un intento de capitalizar el fenómeno global del K-pop con una fórmula que combina idolatría musical con tropos de fantasía urbana, ajustada a esas nomenclaturas de adoctrinamiento cultural de Netflix. En apenas una hora y media, deduzco que su aclamación, que la ha conducido a ser la más vista de dicho servicio, es un claro síntoma de que ya la gente se entretiene con cualquier cosa porque, francamente, me parece una película animada superficial, aburrida y estéticamente inconsistente, que desperdicia sus oportunidades narrativas al subordinar a sus personajes a un discursito rebuscado sobre identidad que se repite hasta la náusea. La trama sigue a Rumi, una "muchacha" que junto a sus dos amigas, Mira y Zoey, forma parte de un grupo femenino de K-pop conocido como Huntrix, donde divide su tiempo entre los conciertos abarrotados de fans y los tiempos libres dedicados a la cacería nocturna de demonios, mientras trata de sanar las cicatrices del pasado al relacionarse con Jinu, un humano convertido en demonio que pertenece a una banda de chicos llamada Saja Boys. En general, la premisa tiene un arranque decente cuando se ajusta a la fórmula animada de aventura fantástica. El problema, no obstante, es que el guion estropea el desarrollo de los personajes al reducir sus acciones a unos facilismos que se amplifican, entre otras cosas, sobre un abanico de situaciones predecibles que siempre se mantiene en la circularidad de los musicales y traumas no resueltos. Esto se evidencia en la faena de las tres cantantes como cazadoras de los demonios llamados Honmoon; las inseguridades de Rumi como una persona afectada por el secreto de ser mitad demonio que le hace perder su voz y le deja marcas en la piel; los eventos de Huntrix para ganar popularidad con sus nuevos sencillos frente a la rivalidad de los Saja Boys; el plan secreto de Rumi y Jinu para romper la maldición de la herencia demoníaca milenaria y obstruir los planes villanescos del gobernante Gwi-Ma. Estas subtramas se presentan sin ninguna sorpresa. Los conflictos internos del trío protagonista se resuelven a través de diálogos expositivos y revelaciones apresuradas, dedicando además demasiado tiempo a números musicales repetitivos —en las secuencias donde las letras de las canciones exteriorizan las obviedades— y muy poco a la construcción de personajes secundarios o al mundo mitológico que pretende construir. Esto sucede de manera reiterada, supongo, porque los directores subordinan las motivaciones de los personajes a un discurso esquemático sobre identidad, empoderamiento y autoaceptación, entendido como los dilemas de unas personas que se niegan a aceptarse a sí mismas por el miedo que le produce la presión social de unas normas tradicionalmente establecidas que "oprimen" a todo lo que se percibe como "diferente" dentro del los rangos del sentido común. A modo subtextual, presenta asimismo una lectura feminista sobre igualdad de género a través de mujeres que desafían la dinámica dominada por los hombres tanto de la industria del K-pop como de una sociedad patriarcal, donde la música funciona como el instrumento de curación psicológica. Pero esta síntesis discursiva, por añadidura, es demasiado contradictoria y acomodaticia como para resistir un análisis serio al idealizar la fama sin cuestionarla. La pequeña virtud de la película reside, a menudo, en el colorido diseño de animación inspirado en el folclore surcoreano y las texturas de los personajes asiáticos que mimetizan los estereotipos estrafalarios de los ídolos del K-pop, logrado mediante una animación CGI que simula intencionalmente una estética de animación 2D al mezclar técnicas estilizadas de renderizado y fotogramas reducidos. Algunas canciones, como "Soda Pop" y "How It's Done", se incorporan con cierta urgencia por la parte sonora. Ninguno de estos elementos, por desgracia, evitan la fatiga prolongada que me produce ver las trivialidades y los clichés genéricos, de una película animada que no me dice nada significativo sobre los nuevos fenómenos culturales.



Streaming en:




Ficha técnica
Título original: K-Pop Demon Hunters
Año: 2025
Duración: 1 hr. 38 min.
País: Estados Unidos
Director: Chris Appelhans, Maggie Kang
Guion: Danya Jimenez, Hannah McMechan, Maggie Kang, Chris Appelhans
Música: Marcelo Zarvos
Fotografía: 
Reparto (voces): Arden Cho, Ahn Hyo-seop, May Hong, Ji-young Yoo, Kim Yoon-jin
Calificación: 4/10
Las estructura de cristal

Las estructura de cristal es una película polaca que constituye, dicho sea de paso, la ópera prima de Krzysztof Zanussi como director, ajustada a las afinidades tempranas de ese "cine de la ansiedad moral" que privilegia la reflexión ética sobre las convencionalidades del conflicto dramático mediante una economía narrativa dotada de significados soterrados. Con un metraje de apenas una hora y cuarto, logro razonar lo suficiente como para saber que es un drama conmovedor, crítico, en el que Zanussi demuestra madurez intelectual y una estética rigurosa para interrogar, en cada escena, la necesidad del individuo de pensar la moralidad en condiciones de constricción ideológica y sociopolítica, respondiendo casi siempre a las manifestaciones discursivas que funcionan como contrapunto a la censura rígida de la época. Su argumento sigue la vida de Marek, un científico que visita a su antiguo amigo Jan en una zona rural para pedirle que regrese a la investigación científica en la ciudad, donde discuten temas variados sobre sus inquietudes intelectuales y filosóficas, así como los recuerdos de los días pasados cuando eran estudiantes. En términos generales, la narrativa me resulta interesante porque, en lo particular, se edifica como un drama ascético y dialógico desprovisto de golpes de efecto. El guion, por añadidura, apertura el espacio necesario para la construcción psicológica de los personajes, articulado sobre una densa capa de diálogos filosóficos que, en su dimensión pragmática, permite que el contexto situacional entre ellos como hablantes establezca un marco conceptual dialéctico para el entendimiento que surge de sus conversaciones. Esto se aprecia, hasta cierto punto, en las motivaciones de Marek como un intelectual cosmopolita que está marcado por su viaje a Occidente; la vocación de Jan como físico teórico que trabaja como meteorólogo en un pequeño pueblo y vive en aparente felicidad con su esposa Anna; las caminatas de Marek, Jan y Anna por el campo nevado. A través de las contrariedades de los protagonistas, Zanussi trata de sintetizar un discurso filosófico sobre el conformismo y el individualismo ético, pero entendido como la eticidad de un individuo racional —apasionado por la verdad y el conocimiento— que se niega a conformarse con la moralidad de un sistema uniformizado que anula la voluntad de los individuos para contestar a las exigencias monolíticas de una burocracia colectivista. Esto es especialmente cierto en las escenas en que Marek, como oportunista que aprovecha las posibilidades que ofrece el limitado sistema de intercambio cultural académico de Varsovia con el bloque occidental (con el fin de escapar en su Volkswagen Beetle), cuestiona el ostracismo de Jan al ver su actividad aislada como una forma de resistencia pasiva, es decir, como la individualidad anulada de un hombre cuya integridad se basa en desechar la coherencia moral de su propia pasión para prestarle prioridad a la imposición colectivista de un régimen que lo mantiene como conformista. En este sentido, el título mismo metaforiza el asunto al subrayar que, a pesar del orden y la claridad de su estructura geométrica, el cristal también sufre los defectos de la fragilidad, la transparencia que puede quebrarse en un instante. La pregunta que recorre todo es si tal estructura es compatible con la libertad humana en su cuadro más cotidiano, afectivo y ético-moral. Y para conseguirlo, Zanussi adopta valores estéticos que, en su austeridad formal, se diseminan en cada plano a través de la elipsis, el primer plano, el fuera de campo, el plano simbólico, el plano fijo, el sobreencuadre, el campo-contracampo, las modalidades del encuadre móvil de una cámara en movimiento, la iluminación natural y, además, las atmósferas frías que evocan un paisaje austero con la lente monocromática de Stefan Matyjaszkiewicz. La banda sonora de Wojciech Kilar, de igual modo, se incorpora adecuadamente con su leitmotiv minimalista. Estos elementos, apoyados con sobrias actuaciones de Andrzej Zarnecki y Jan Myslowicz, consiguen que la película termine siendo, para mi gusto, una cosa conmovedora que me invita a pensar, en más de una ocasión, sobre sus virtudes textuales y narratológicas.



Streaming en:




Ficha técnica
Título original: The Structure of Crystal (Struktura krysztalu)
Año: 1969
Duración: 1 hr. 14 min.
País: Polonia
Director: Krzysztof Zanussi
Guion: Krzysztof Zanussi
Música: Wojciech Kilar
Fotografía: Stefan Matyjaszkiewicz
Reparto: Andrzej Zarnecki, Jan Myslowicz, Barbara Wrzesinska
Calificación: 7/10