Backrooms: sin salida es una película que constituye, en cierta medida, el debut como director del joven YouTuber Kane Parsons, quien ha basado el asunto en los cortometrajes suyos que se hicieron virales por la red social, inspirados en el famoso creepypasta de los espacios liminales. Parsons incluso se toma su debido tiempo para poner en marcha el terror psicológico de espacios liminales con una actuación sólida de Chiwetel Ejiofor, pero, por lo regular, su narrativa pierde escalofríos hasta volverse tan vacía como las habitaciones.
La trama se ambienta en 1990 y sigue a Clark, un arquitecto fracasado que administra una tienda de muebles en decadencia, mientras visita con frecuencia a la terapeuta Mary Kline para superar los traumas personales y, además, descubre en el sótano del local un portal a un laberinto infinito de pasillos amarillos y habitaciones vacías donde los objetos cotidianos se clavan en paredes y suelos.
Esta premisa, en un principio, me resulta interesante cuando se mezcla las fórmulas del cine de terror psicológico de metraje encontrado, donde el personaje atraviesa un lugar extraño que filma con su cámara antes de horrorizarse. Sin embargo, el guion de Parsons se olvida de añadir profundidad al desarrollo del protagonista más allá de las descripciones que justifican su motivación y, a menudo, opta por reducir su cuadro de acción a un abanico de situaciones circulares que encierran el conflicto sobre diálogos nimios que revelan obviedades y escenas expositivas que no conducen a ninguna parte en medio de la psicosis en la dimensión desconocida.
Parsons emplea a los personajes como autómatas con el propósito, supongo, de dialogar sobre la sociedad de consumo, los bienes materiales y la alienación de los individuos, entendido como la crisis de un hombre frustrado que se culpa a sí mismo por el pasado trágico —abandonado por su esposa por incapacidad de asumir la responsabilidad de sus fracasos y sus problemas de alcoholismo—. Esto es específicamente cierto en las escenas en que Clark entiende el entorno de los Backrooms, que está poblado por entidades "muertas", donde se recrean distorsiones de sus propios recuerdos —frustraciones, machismo, violencia doméstica—, incluyendo una réplica fantasmagórica de su exesposa. Por desgracia, el discurso por sí mismo pierde rigor al formular sus pretensiones sobre una superficie progresista que, por añadidura, habla sobre gentrificación y memoria para sugerir que la soledad contemporánea nace de un orden económico que atomiza a las personas y las deja atrapadas en ambientes deshumanizados. La tienda de muebles metaforiza las debilidades del capitalismo tardío que produce objetos sin alma (sofás, sillas, camas, mesas) en un sistema que ofrece mercancía en exceso. Clark, el vendedor que promociona descuentos con disfraces ridículos, representa al sujeto alienado cuya identidad se reduce a su capacidad de vender y acumular. Mary es la terapeuta que ayuda a corregir el trauma individual de un hombre en estructuras sociales más amplias. Esto, en efecto, es bastante débil porque ignora las variables económicas del consumismo inmobiliario.
Ejiofor, al menos, entrega una interpretación que me resulta creíble al usar su registro expresivo para mostrar a Clark como un hombre vulnerable herido por el fracaso comercial y personal. Renata Reinsve, por su lado, aporta una contención que es convincente durante la desrealización de Mary.
En términos generales, la dirección de Parsons deposita sus mayores virtudes sobre los espacios amplios del diseño de producción, el uso simbólico del color, y, ante todo, los planos panorámicos fotografiados por Jeremy Cox, que suelen emplear la iluminación, el sobreencuadre y el encuadre móvil para dinamizar los escenarios claustrofóbicos, adoptando además cambios de formato en esa relación de aspecto que evoca una textura casi VHS de ciertas secuencias. Su uso proxémico del espacio es consistente para subrayar el lado opresivo del relato, así como la banda sonora compuesta por él mismo junto a Edo Van Breemen. Estos elementos, en última instancia, no consiguen evitar que su propuesta de horror existencial tienda a volverse esquemática y previsible en su laberinto amarillento.
Streaming en:
Título original: Backrooms
Duración: 2 hr. 06 min.
País: Estados Unidos
Director: Kane Parsons
Guion: William Bromell, Kane Parsons
Música: Edo Van Breemen, Kane Parsons
Fotografía: Jeremy Cox
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve, Finn Bennett, Lukita Maxwell, Mark Duplass
Calificación: 6/10













