Crítica de la película «La novia de Frankenstein» (1935)

La novia de Frankenstein
En 1935, James Whale estrenó una de las secuelas más celebradas de la historia del cine de terror con La novia de Frankenstein. Inicialmente Whale no estaba dispuesto a realizarla porque pensaba que ya había "exprimido la idea hasta la última gota" y no quería repetir la fórmula de Frankenstein (1931), aunque luego aceptó tras negociar con Carl Laemmle en Universal Pictures. Esto, en efecto, me induce a pensar lo suficiente para saber que es una secuela en la que Whale trata de ampliar la ecuación con la presencia de Boris Karloff y las atmósferas góticas, pero su narrativa de terror no es inmune a sus propias fisuras irregulares, y a veces salgo con la sensación de que me ha dejado frío como un cadáver por la falta de emoción y escalofríos. 


La trama, situada poco después de los acontecimientos de la antecesora, sigue a Henry Frankenstein en los días en que decide abandonar sus experimentos para vivir con Elizabeth luego de sobrevivir al incendio del molino, pero sus ambiciones se ponen a prueba con la llegada del doctor Pretorius, un científico loco aún más ambicioso y cínico, que empuja a ambos hacia la creación de una compañera para el Monstruo, quien también vive y vaga por el bosque en busca de compañía. 


Esta premisa, en un principio, me resulta interesante por la manera en que Whale mezcla los recovecos del terror de monstruos con la ciencia-ficción y la comedia, estableciendo el asunto sobre una estructura metaficcional, donde todo lo que se muestra es un largo racconto narrado por Mary Shelley al lado de Percy y Lord Byron. Sin embargo, el guion deja unos cuantos cabos sueltos detrás del desarrollo de los personajes y, por si fuera poco, opta por reducir sus acciones a una serie de situaciones predecibles que se sienten algo apresuradas para construir el conflicto entre diálogos cutres y facilismos expositivos. 


Hay momentos de humor deliberado —el aprendizaje del Monstruo para aprender a hablar con el ermitaño ciego; las miniaturas humanas que Pretorius guarda en frascos— que se alternan con un tono camp que no logra equilibrarse sobre el ritmo ágil, pues todo avanza como si se fuera a acabar el mundo antes de la anticipada aparición de la Novia durante el clímax abrupto. 


Los personajes carecen de profundidad porque, por añadidura, solo ocupan una función descriptiva para justificar sus motivaciones. Estructuran un discurso sobre las contradicciones de la institución católica del matrimonio, entendido como la imposibilidad de un hombre de ser aceptado dentro de los marcos morales del cristianismo por su "condición monstruosa". Esto es específicamente cierto cuando el Monstruo siente el rechazo de la Novia y destruye el castillo, en un acto simbólico que metaforiza la rabia de los "otros" que no son aceptados para obtener la felicidad. Whale, quien sufrió la censura del código Hays, también subraya subtextos de aislamiento, deseo y creación “contra natura”, pero se ve obligado a disfrazarlos bajo la superficie genérica. 


La actuación de Karloff, nuevamente transformado por el maquillaje y sus gestos lentos, dota a la criatura de una vulnerabilidad que multiplica su tragedia a nivel expresivo. Elsa Lanchester, por su parte, ofrece cierta pureza expresiva cuando grita y mira como la Novia con el peinado estrafalario, aunque aparece brevemente. 


En términos generales, Whale deposita sus mayores virtudes en la construcción de la puesta en escena que se solidifica a través de los decorados ambiciosos del diseño de producción, el diseño de vestuario, la elipsis, el primer plano, el desencuadre, el picado-contrapicado y, ante todo, la fotografía de estilo expresionista de John J. Mescall, que magnifica el panorama de horror al usar con solvencia el encuadre móvil y el uso dramático de los claroscuros. Whale también permite que la banda sonora de Franz Waxman aporte orquestaciones pertinentes. Estos elementos, por desgracia, no consiguen elevar las pretensiones de su propuesta, quedando como una secuela de monstruos que es bastante irregular debajo de su capa de efectismo.



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Ficha técnica
Título original: The Bride of Frankenstein
Año: 1935
Duración: 1 hr. 15 min.
País: Estados Unidos
Director: James Whale
Guion: John L. Balderston, William Hurlbut
Música: Franz Waxman
Fotografía: John J. Mescall
Reparto: Boris Karloff, Colin Clive, Valerie Hobson, Elsa Lanchester, Ernest Thesiger
Calificación: 6/10

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