La trama sigue a Barney Ross, el líder de un grupo de mercenarios de élite que, luego de recibir el encargo de la CIA, prepara una misión para eliminar al dictador del país latinoamericano que opera bajo las órdenes del ex oficial de la CIA James Munroe, reuniendo además a su equipo conformado por el especialista en armas blancas Lee Christmas, el artista marcial Yin Yang, el ingeniero químico Gunner Jensen, el especialista en armas Hale Caesar y el experto en demoliciones Toll Road.
En general, esta premisa establece el conflicto sobre la fórmula básica del cine de acción, en la que un grupo de mercenarios ponen a prueba sus habilidades letales para matar a los malos y cumplir una misión. El problema central, no obstante, es que el guion pierde algo de cohesión al intentar añadir desarrollo a las motivaciones internas de los mercenarios y opta, a menudo, por colocarlos en una serie de situaciones anodinas que dejan el rastro de diálogos expositivos, acciones superficiales y giros bastante predecibles.
Cuando esto sucede no puedo evitar permanecer en un estado abúlico al ver la camaradería masculina que surge de la misión de reconocimiento en la que Barney y Christmas vuelvan hidroplano hasta Vilena para obtener información de su contacto, Sandra; la alianza de Munroe con el general Garza para mantener su operación de narcotráfico en la región; la persecución en las calles en la que Barney y Yang se enfrentan a los secuaces del traidor Gunner; el operativo nocturno de los mercenarios al infiltrar el palacio del tirano para acabar con su ejército usando todo tipo de armas.
En medio del barullo, abundan los one-liners torpes y las conversaciones que parecen salidas de un guion de serie B de bajo presupuesto. Aunque hay explosiones, balaceras y combates cuerpo a cuerpo, las secuencias de acción simplemente carecen del gancho necesario para atraparme porque caen en una inercia de gratuidad al servicio del gore y violencia extrema. La falta de desarrollo de personajes convierte a los mercenarios en una colección de arquetipos sin alma con metralleta en mano: el líder cansado, el especialista en cuchillos, el experto en armas, etc.
Al margen de esto, las actuaciones mediocres del reparto por lo menos muestran algo de pericia física para otorgar cierta credibilidad a las escenas de acción. Esto es algo que demuestra Stallone a sus 64 años al moverse, saltar y combatir, aunque el guion lo reduce al estereotipo del soldado que tiene todo bajo control. Statham, por su lado, cumple su rol de tipo duro eficiente junto, a pesar de quedar subutilizado como un personaje de relleno junto a Jet Li y Dolph Lundgren. De nada sirven los cameos publicitarios de Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger.
Técnicamente, la ejecución de Stallone muestra su desempeño para arreglar el diseño de producción que sirve como base para la acción caótica y los escenarios exóticos, con unos efectos visuales de CGI que me resultan bastante pobres. Pero su dirección, a pesar de sostenerse con un ritmo conciso, desperdicia un reparto legendario, con una premisa que confirma que, en ocasiones, el pasado del cine de acción es mejor recordarlo que intentar recrearlo de forma tan mecánica.
Streaming en:
Título original: The Expendables
Duración: 1 hr 43 min
País: Estados Unidos
Director: Sylvester Stallone
Guion: Dave Callaham, Sylvester Stallone
Música: Brian Tyler
Fotografía: Ken Blackwell
Reparto: Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Randy Couture, Dolph Lundgren, Mickey Rourke, Terry Crews, Eric Roberts, David Zayas, Giselle Itié
Calificación: 5/10






