En La dictadura perfecta, el director mexicano Luis Estrada recupera sus apuntes de la sátira política con la finalidad de cuestionar, en cierta medida, las prácticas clientelares entre los medios de comunicación y los políticos del oficialismo. Se dice que se basa en una controversia verídica en la que Televisa mostró cierto favoritismo al entonces candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, durante las elecciones presidenciales de 2012 en México. Pero la procedencia de su material me tiene sin cuidado porque, a decir verdad, las dos largas horas que tiene de metraje me hacen razonar lo suficiente como para saber que Estrada debió quitarle por lo menos una hora en la sala de montaje. En lo particular, encuentro que es una comedia satírica que divaga sin rumbo entre personajes acartonados y una trama predecible sobre corrupción burocrática, dejándome con la sensación de que hay demasiada exposición debajo de su capa didáctica.
La trama sigue a Carmelo Vargas, un gobernador que soborna a los ejecutivos de la corporación televisiva más poderosa, Televisión Mexicana, con el propósito de crear una distracción mediática para tapar el escándalo de un video filtrado en el que acepta sobornos de narcotraficantes; mientras el productor de noticias de TV MX, Carlos Rojo, y el reportero estrella, Ricardo Díaz, son enviados a reunirse con Vargas para intentar mejorar la reputación en su Estado de cara a la candidatura presidencial.
Esta premisa, en general, funciona como un resorte narrativo que estructura el asunto combinando las fórmulas de la comedia negra y la sátira política para mostrar el lado absurdo que hay detrás de la corrupción. Sin embargo, los problemas del guion debilitan la narrativa al acentuar la falta de desarrollo de los personajes, quienes a menudo permanecen rellenando las escenas con unas motivaciones anodinas y, además, dan demasiado vueltas alrededor de unas situaciones rutinarias que, por lo regular, se limitan a la circularidad de subtramas innecesarias y los diálogos expositivos a puerta cerrada.
Hay asesinatos, secuestros, sobornos, chantajes, mentiras, sensacionalismo. Pero las escenas comienzan a sentirse un poco aburridas por el desequilibrio tonal que se amplía con las discusiones de Vargas con los reporteros para encubrir sus crímenes políticos y mantener su impunidad; los intentos de un diputado de la oposición para demostrar con evidencia la corruptela del gobernador antes de pronunciar un discurso en el Congreso pidiendo su renuncia; el reportaje sensacionalista de Carlos y Ricardo sobre el secuestro de unas niñas gemelas que obtiene altos índices de audiencia televisiva y sirve de noticia positiva para mejorar la imagen de Vargas.
Entre sus pretensiones discursivas, Estrada emplea a los personajes como simples autómatas que, dicho sea de paso, solo ejercen acciones superficiales con el único fin de montar un comentario sobre la corrupción burocrática y el capitalismo clientelista que daña la integridad ética de los medios de comunicación, entendido como la vileza de un político notoriamente corrupto que utiliza el soborno y la compra de favores como arma de negociación para manipular la opinión mediática, mientras los noticieros protegen su imagen pública luego de firmar un contrato de exclusividad. El problema de su síntesis discursiva, por desgracia, es que no la puedo tomar en serio porque es intelectualmente deshonesta al enunciar su crítica sociopolítica bajo un esquema didáctico y maniqueo de izquierda progresista que no revela nada sustancioso lejos de las obviedades sobre el PRI.
Al margen de esto, la actuación de Damián Alcázar alcanza por lo menos algunas escenas auténticas al usar su expresividad para asumir el papel de un burócrata megalómano de saco y corbata. Cuando él esta en escena, me da la impresión de que esta sátira política hubiese tenido otra dimensión humorística si no se viera entorpecida entre tantos personajes insulsos que, entre otras cosas, olvido cuando suben los créditos. Me parece el ejemplo de una comedia carente de ironía y gracia.
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Título original: La dictadura perfecta
Año: 2014
Duración: 2 hr. 23 min.
País: México
Director: Luis Estrada
Guion: Luis Estrada, Jaime Sampietro
Música: Benson Taylor
Fotografía: Javier Aguirresarobe
Reparto: Damián Alcázar, Alfonso Herrera, Osvaldo Benavides, Joaquín Cosío, Tony Dalton, Silvia Navarro, Saúl Lisazo
Calificación: 5/10






