Citizen Vigilante es una película de Uwe Boll que, en cierta medida, marca el regreso de Armie Hammer al estatus de protagonista después de haber sido moralmente condenado por la cultura de la cancelación. El metraje de apenas 89 minutos me obliga a pensar lo suficiente como para saber que, como thriller tiene una actuación eficaz de Hammer junto a un comentario pertinente sobre la ética judicial y la corrupción institucional, pero, por desgracia, se ve ejecutado por una narrativa anodina y predecible que carece de gancho para poner las partes en orden.
La trama, ubicada en una ciudad europea sin nombre, sigue a Michael Sanders, un enigmático empresario y exoficial del ejército estadounidense que se muda a Europa tras heredar un negocio inmobiliario, donde además de dedicarse a la actividad empresarial suele caminar por los vecindarios para cazar y eliminar a los delincuentes que cometen crímenes violentos antes de ser indultados bajo total impunidad, ejerciendo la labor de un asesino profesional que toma la justicia en sus manos y adquiere cierta notoriedad en las redes sociales.
En general, esta premisa funciona como base para establecer el conflicto con las fórmulas del thriller de acción, en una estructura narrativa no lineal donde el protagonista frecuentemente narra todo durante un interrogatorio. Sin embargo, el guion de Boll no se toma la molestia de añadir sustancia al desarrollo de Sanders más allá de las descripciones que sustentan su motivación, además de que opta por reducir sus acciones a unas situaciones rutinarias que se limitan a giros rebuscados, diálogos expositivos y subtramas inconexas que nunca se resuelven.
Estos inconvenientes narrativos se manifiestan, con frecuencia, en las ejecuciones de Sanders como justiciero despiadado que persigue a burócratas corruptos y matones impunes mientras es buscado por la policía; la investigación del jefe de la Interpol para arrestar al justiciero; la visita de Sanders a la casa de las mujeres que son víctimas de violación para ofrecer su apoyo y rastrear a los victimarios para matarlos. Además, la narrativa pierde el pulso al caer en secuencias repetitivas de reuniones, caminatas por las calles y asesinatos programados.
Boll no sabe cohesionar el conjunto porque, entre otras cosas, recurre a violencia gratuita con la finalidad de mostrar un discurso sobre la ética judicial y la corrupción burocrática, entendida como la misión de venganza de un hombre que, en su accionar individual, elude los sistemas legales para perseguir criminales y "corregir" el sistema fallido.
Este eje temático mantiene la coherencia al cuestionar las fallas institucionales y las políticas públicas de izquierda progresista que, en el caso de la Unión Europea, socavan la democracia importando inmigración descontrolada. A través de la ambigüedad moral del protagonista, se expone cómo jueces y funcionarios se ven atrapados entre el imperativo legal de proteger a los ciudadanos y las directrices políticas que exigen cuotas migratorias, multiculturalismo forzado y corrección ideológica por encima de la seguridad, el Estado de derecho y la cohesión social. Boll consigue exponer, de este modo, las contradicciones de estas políticas erráticas —aumento de la delincuencia, caos migratorio, sobrecarga de servicios públicos y erosión de la confianza democrática— sin caer en lo didáctico.
Hammer, de igual forma, entrega una interpretación que me resulta particularmente creíble al transmitir la rabia, la elocuencia y la frialdad de un antihéroe con un pasado oscuro hastiado de las autoridades que prostituyen la ley. Su trabajo es de lo poco que se sostiene con sus gestos, silencios y diálogos elocuentes.
Técnicamente, la dirección de Boll presenta algunas deficiencias en el montaje errático, escenas innecesariamente largas y unas secuencias de acción con coreografías torpes, además de un uso mediocre del CGI que me recuerdan producciones de los años 2000. Pero, al menos, permite que la fotografía de Mathias Neumann capture la atmósfera gris y opresiva por esa textura compositiva que dan la impresión de laberinto urbano. Desafortunadamente, nada de esto me impide pensar que esta película suya es demasiado convencional como para tomarla en serio.
Streaming en:
Título original: Citizen Vigilante
Duración: 1 hr 30 min
País: Croacia
Director: Uwe Boll
Guion: Uwe Boll
Música: Rodolfo Matulich
Fotografía: Mathias Neumann
Reparto: Armie Hammer, Costas Mandylor, Désirée Giorgetti, Neb Chupin
Calificación: 5/10






