En su película más reciente, Steven Spielberg regresa a la zona segura del contacto alienígena, como lo había hecho antes. Descubre de qué se trata.







En El día de la revelación, Steven Spielberg recupera algunos tropos de su poética de lo alienígena con la finalidad, supongo, de dialogar con una nueva variante sobre el extrañamiento, la otredad y la condición de lo desconocido. Esto Spielberg lo había explorado previamente en películas emblemáticas de su filmografía como Encuentros cercanos del tercer tipo (1977), E.T., el extraterrestre (1982). Pero en esta ocasión, su enfoque busca una mezcla de ficción especulativa y drama humano, basándose en una investigación de más de dos meses en la que redactó toda la historia que necesitaba en unas 50 páginas luego de leer información en The New York Times sobre el misterioso programa OVNI del Pentágono que, según él, reavivó su interés en el tema. Dicho tratamiento de la historia fue pulido por Spielberg en colaboración con su guionista David Koepp, quien había colaborado anteriormente con el director en La guerra de los mundos (2005).


Previo a los avances no tenía mucho entusiasmo por saber lo que Spielberg quería contar esta vez sobre los alienígenas para completar su trilogía informal sobre el tema. Pero tras pasar cerca de dos horas y medias, salgo con una sensación temblorosa, marcado por una fuerte impresión que me hace razonar lo suficiente como para saber que, francamente, se trata de una de las mejores películas de Spielberg que he visto en más de 20 años. Como thriller de ciencia-ficción me parece particularmente atrapante con su tono misterioso y, en cierta medida, representa un retorno magistral de Spielberg a los temas que han definido gran parte de su obra: el encuentro con lo desconocido, la búsqueda de la verdad y la capacidad de la gente ordinaria para trascender el miedo mediante la empatía, manteniendo cierta sobriedad sobre el relato para añadir profundidad de los personajes que interpretan Josh O' Connor y Emily Blunt.



Emily Blunt y Josh O'Connor


El argumento, ambientado en un contexto donde el mundo se encuentra al borde de la Tercera Guerra Mundial, sigue a Daniel Kellner (Josh O’Connor), un especialista en ciberseguridad que roba información clasificada sobre tecnología extraterrestre y archivos que evidencian el encubrimiento del gobierno entre los casos reportados de contactos entre humanos y alienígenas desde el incidente de Roswell, bajo el pretexto de revelar dichos documentos para el conocimiento del público con ayuda de su novia, Jane Blankenship (Eve Hewson), y del científico Hugo Wakefield (Colman Domingo), un defensor de la divulgación. Paralelamente, también muestra a Margaret Fairchild (Emily Blunt), una meteoróloga de televisión en Kansas City que, luego de experimentar lapsos mentales que despiertan sobre ella habilidades psíquicas durante una transmisión en vivo, se dispone junto a su novio a buscar a Keller por razones que desconoce. En medio de esta trama, se presenta además a Noah Scanlon (Colin Firth), el jefe de la Corporación Wardex, una corporación secreta del gobierno que lleva décadas encubriendo casos extraterrestres y que, además, tiene el objetivo de perseguir a Daniel y a Margaret para impedir que revelen los experimentos encubiertos sobre alienígenas que podrían poner en peligro el destino de la humanidad.


Desde las primeras escenas, Spielberg configura la premisa sobre las fórmulas de esa poética suya que construye la historia alrededor de los dilemas de personas ordinarias que atraviesan circunstancias extraordinarias, pero ajustando el equilibrio del conflicto desde los marcos genéricos del misterio, el drama y el thriller de ciencia-ficción sobre conspiraciones gubernamentales de extraterrestres. Lo interesante es que, a diferencia de las narrativas distópicas que abundan en el cine de ciencia ficción sobre extraterrestres, aquí opta por una ecuación sobria que se toma el tiempo necesario para profundizar en el desarrollo que hay detrás de las motivaciones de los personajes, además de que solidifica sus acciones sobre una serie de situaciones impredecibles que, por lo regular, evita los lugares comunes al incorporar elementos de conspiración, whistleblowers y capacidades psíquicas latentes, con diálogos sutiles que me invitan a reflexionar sobre las interrogantes del misterio que impulsa la trama.



Colin Firth


En este sentido, no me queda más remedio que sentirme provocado por las peripecias que, entre coloquios y persecuciones, ocurren entre la huida de Daniel junto a su novia para ocultarse de las autoridades federales en un convento; las habilidades psíquicas despertadas por Margaret al lado de su novio que le permiten manipular los pensamientos de los demás y comunicarse inconscientemente en otros idiomas; la explicación en la que Daniel le relata a Jane que Wardex realiza experimentos con alienígenas cautivos y aplica ingeniería inversa a su tecnología avanzada; la cacería de los agentes de Wardex para buscar a Daniel y a Margaret mientras Scanlon utiliza un dispositivo telepático para establecer un lazo psíquico y rastrearlos; la misión de Daniel y Margaret al escapar de una instalación del Dr. Wakefield donde descubren su propósito para divulgar la información sobre extraterrestres antes de la llegada de Scanlon. En cada de una de las escenas, Spielberg demuestra una vez más su dominio del storytelling cinematográfico, preservando un ritmo sostenido que, por añadidura, se prolonga a lo largo de su estructura: el primer acto establece la conspiración con eficacia, el segundo intensifica la persecución de manera trepidante mientras profundiza el desarrollo de los personajes, y el tercero culmina en una catarsis que me invita a la reflexión.



Colman Domingo


La odisea de estos personajes, además de desarrollarse con fluidez rítmica, me resulta bastante interesante porque, entre otras cosas, ofrece un comentario profundo sobre el encuentro con lo desconocido, la ética de la divulgación y la necesidad de lo humano para traspasar sus temores intrínsecos mediante la empatía en la otredad. Esto, hasta cierto punto, se entiende como el deber casi obsesivo entre un hombre y una mujer que, marcados por los traumas de la infancia durante una abducción extraterrestre, buscan divulgar éticamente los archivos clasificados en televisión en vivo para dar a conocer la condición con la que los extraterrestres son tratados por los huéspedes humanos, donde la revelación simbólicamente refleja los límites de los secretos de Estado (de una empresa "privada" financiada con capital privado y público) para proteger del conocimiento público la información que puede desestabilizar las estructuras del poder del Estado Profundo. Esto es especialmente cierto porque, por una parte, Daniel desea divulgar la evidencia que tiene en sus manos para que la gente conozca la verdad sobre el trato insolidario que reciben los extraterrestres mientras que, por la otra, Margaret usa sus habilidades psíquicas para apaciguar la irracionalidad de los perseguidores de Scanlon.


Desde luego, esta síntesis discursiva de Spielberg pierde rigor cuando adopta los parámetros progresistas que emplea a los alienígenas para metaforizar superficialmente la condición de los inmigrantes en suelo estadounidense y, además, cuestionar las creencias irracionales del catolicismo mientras se demoniza el ejercicio de la función empresarial (donde los tecnócratas son los "malos" que usan la innovación tecnológica para otros fines clientelares asociados a los actores políticos y corporativos). Pero, al menos, mantiene algo de coherencia interna cuando emplea el tropo de los extraterrestres para dialogar sobre el rol del individuo para enfrentar la supresión gubernamental de la verdad en una era marcada por la desinformación, el potencial redentor de la empatía para nuevas rutas de cooperación y, sobre todo, la conexión humana necesaria para entender que los alienígenas hipotéticos, entendido como posibles seres biológicos de otro planeta, podrían bien ser viajeros afectados por la marginación, el exilio y el sentimiento de no encajar en su propia sociedad. Spielberg no solo revela extraterrestres con tono esperanzador; revela lo mejor de uno mismo para comprender el extrañamiento hacia el otro en medio de divisiones culturales y políticas.





Al margen de esto, las actuaciones de de O'Connor y Blunt humanizan a sus personajes en cada una de las escenas donde exponen sus inquietudes. Con su registro expresivo, O'Connor interpreta a Daniel como joven tenaz, rebelde, protector, vulnerable y un brillante experto en ciberseguridad que, tras ser abducido por extraterrestres en su infancia, adquiere un talento excepcional para analizar patrones numéricos y códigos que, asimismo, usa como ventaja para justificar el robo de información ultrasecreta y tecnología alienígena de una corporación clandestina con el objetivo de revelarla al mundo (inducido por la manipulación alienígena), convirtiéndose por defecto en ese arquetipo de héroe cotidiano que se suele observar en la esfera spielbergiana como fugitivo con determinación ética perseguido por fuerzas externas. Blunt, por su parte, entrega lo que a mi parecer es una de las actuaciones más sofisticadas de su carrera al combinar vulnerabilidad e inteligencia con su expresividad—incluyendo un monólogo en un idioma extraterrestre—; interpretando a Margaret como una mujer hiperactiva, volátil, inquieta, que se ve envuelta en una conspiración sobre encubrimiento extraterrestre mientras desarrolla un vínculo mental con Daniel y descubre capacidades psíquicas que nunca antes había tenido, producto de una abducción en su infancia que le otorga habilidades lingüísticas para comunicarse con todas las especies.


El reparto de apoyo es igualmente solvente. Colin Firth encarna a Noah Scanlon con una frialdad calculadora que genera verdadera amenaza como villano, sin caer en caricaturas. Colman Domingo, como Hugo Wakefield, inyecta calidez y convicción moral al grupo de informantes, mientras Eve Hewson aporta credibilidad emocional como la devota Jane. La dirección de actores de Spielberg logra que incluso estos personajes secundarios se sientan plenamente realizados en cada interacción.



Emily Blunt


Desde el punto de vista técnico, Spielberg encuadra deposita sus mayores virtudes en una puesta en escena que manifiesta esa estética singular de su cine para concebir secuencias memorables y, a la vez, infundir a las escenas intensidad emocional. Por la parte visual, Spielberg narra la aventura de los personajes con artilugios como el primer plano, la elipsis, el montaje de tiempos alternativos, el encuadre móvil que dinamiza la acción y, ante todo, la eficaz fotografía de Janusz Kamiński que magnifica la atmósfera enigmática de las escenas con su característica iluminación azulada. Las secuencias de persecución —un choque con tren, huidas por carreteras y confrontaciones en instalaciones secretas— destacan por su dinamismo, filmadas en 35 mm con lentes anamórficos que otorgan profundidad y textura, mientras se complementan con los efectos especiales para renderizar con elegancia poética a los extraterrestres que adoptan formas discretas como animales antes de mostrar su verdadero aspecto. Por el lado sonoro, Spielberg permite que la banda sonora de John Williams, en su trigésima colaboración, eleve cada secuencia con una partitura que combina orquestación clásica con toques electrónicos moderno.


Estas propiedades, en última instancia, hacen que El día de la revelación me resulte como un logro notable del cine de ciencia-ficción, que reafirma además el compromiso cinematográfico de Spielberg como uno de los grandes narradores de nuestro tiempo, a sus casi 80 años. No solo entretiene con acción palpitante, misterio y efectos impresionantes, sino que me toca las fibras emocionales cuando presenta sus momentos icónicos —el pájaro cardinal que despierta habilidades, las visiones compartidas, la reconstrucción del hogar de la infancia como espacio de abducción—. El clímax, centrado en la transmisión global de “Disclosure Day”, constituye para mi gusto un momento de cine puro que me deja atónito y completamente impresionado por lo que veo en pantalla, hasta el punto de que sigo pensando en lo que veo cuando suben los créditos. Es una obra que, sin lugar a dudas, merece ser celebrada y recordada como un hito en la filmografía del Rey Midas de Hollywood.



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Ficha técnica
Título original: Disclosure Day
Año: 2026
Duración: 2 hr. 25 min.
País: Estados Unidos
Director: Steven Spielberg
Guion: David Koepp, Steven Spielberg
Música: John Williams
Fotografía: Janusz Kaminski
Reparto: Emily Blunt, Josh O'Connor, Colin Firth, Eve Hewson, Colman Domingo, Wyatt Russell
Calificación: 8/10

Tráiler de El día de la revelación 



El escuadrón de la muerte

El escuadrón de la muerte es una película de Edmund Goulding que constituye, en cierta medida, un remake de la película pre-Code del mismo título de 1930 dirigida por Howard Hawks. De alguna manera su relato persigue ese cine bélico sobre aviadores idealistas en la Primera Guerra Mundial, como ocurre en Los ángeles del infierno (Hughes, 1930). Y como drama bélico ofrece un par de actuaciones decentes de Errol Flynn y David Niven como los pilotos condenados, pero, en general, me parece un remake convencional que nunca escapa de las pretensiones antibelicistas ni de las secuencias aéreas repetitivas, dejándome con la sensación a veces de que Goulding no le pone demasiado empeño a lo que pretende narrar sobre los horrores de la beligerancia. 


La trama, ambientada en la base de un escuadrón de la Royal Flying Corps durante la Primera Guerra Mundial en 1915, sigue las vicisitudes del capitán Courtney, el líder de un escuadrón que junto a su buen amigo Scotty regresa de ejecutar misiones de bombardeo al amanecer, mientras cuestiona las órdenes de los superiores que traen a pilotos jóvenes sin experiencia en combate para reemplazar a los soldados caídos. 


En términos generales, esta premisa se establece en principio desde las fórmulas genéricas que se encuentran, por lo regular, en ese drama bélico sobre pilotos frustrados que interrogan el valor del heroísmo y ponen en duda el llamado del deber. 


Sin embargo, el argumento se vuelve irregular porque, entre otras cosas, sufre de un guion errático que no se toma la molestia de desarrollar a los personajes lejos de las descripciones que funcionan para sustentar sus motivaciones como pilotos, a menudo reduciendo sus acciones a una circularidad de situaciones que sufren de una falta de ritmo cuando se distribuyen entre diálogos a puerta cerrada y misiones aéreas en los aviones. 


Por esta razón, no me queda más remedio que permanecer en un lapso de abulia al observar las conversaciones entre Courtney y Scotty sobre las decepciones personales frente a la guerra; las discusiones de Courtney con su jefe, el mayor Brand, sobre las debilidades estratégicas de las misiones; las reuniones de Courtney con sus amigos mientras toman tragos en el bar en medio de una celebración fatalista; las duras decisiones tomadas por Courtney para aceptar a los pilotos inexpertos; el despegue de Courtney desde el aeródromo para pilotar su avión y comandar a su escuadrón de aviones de combate para acabar con el malvado alemán Von Richter. 


La narrativa avanza de manera mecánica, repitiendo patrones predecibles: las bajas inevitables, las borracheras fatalistas en el mesa, el honor en el aire entre los combatientes con bufandas y el ciclo interminable de órdenes absurdas desde la retaguardia. 


A pesar de estos clichés, la actuación de Flynn me resulta particularmente convincente al interpretar a Courtney como un comandante honesto y rebelde que desafía las órdenes de los jefes, pero su carisma habitual no logra disimular la superficialidad del arco de su personaje. Niven, por su parte, aporta su singular presencia para mostrar las vulnerabilidades de Scotty como el amigo preocupado, aunque este carece de conflicto interno. Con estos actores, Goulding subraya un comentario que busca criticar la futilidad de la guerra y el costo humano de las decisiones de mando, aunque opta por un tono idealizado que se olvida de profundizar en las cicatrices psicológicas o en las contradicciones morales que hay detrás de las estructuras de poder militar. 


La dirección de Goulding, por lo menos, consigue depositar algunas virtudes en el vestuario de los uniformes militares, las modalidades del encuadre móvil y los efectos especiales prácticos que hay en las secuencias de combate aéreo donde los pilotos luchan en las nubes. También permite que la música de Max Steiner se escuche en algunas escenas. Estos elementos, por desgracia, son insuficientes para evitar que la película se vuelva aburrida y se estrelle al frecuentar lugares comunes.


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Ficha técnica
Título original: The Dawn Patrol
Año: 1938
Duración: 1 hr. 43 min.
País: Estados Unidos
Director: Edmund Goulding
Guion: Seton I. Miller, Dan Totheroh, John Monk Saunders
Música: Max Steiner
Fotografía: Tony Gaudio
Reparto: Errol Flynn, David Niven, Basil Rathbone, Donald Crisp
Calificación: 5/10




Amos del UniversoAmos del universo es una película de Travis Knight que busca resucitar, entre otras cosas, la icónica franquicia de juguetes creada por Mattel junto a la serie de animación de los 80. Intenta honrar el legado nostálgico en la cultura pop de los dibujos animados, pero lo que encuentro en sus dos largas horas es lo suficientemente mediocre como para saber que hasta la idea de reciclar propiedades intelectuales tiene sus límites porque, francamente, como fantasía de espada y brujería frecuenta lugares comunes hasta volverse aburrida y predecible, en una narrativa plomiza que está poblada de personajes vacíos que parecen operar como figuras de plástico. 


La trama sigue a Adam, el joven príncipe del planeta Eternia que entrena junto a su amiga Teela en el arte de la batalla por el jefe de la Guardia Real Duncan, pero cuya vida cambia luego de escapar de la destrucción de su reino en el Castillo Grayskull y la muerte de su familia causada por el malvado hechicero Skeletor, donde atraviesa un portal a la Tierra cargando la Espada del Poder y termina, 15 años después, tratando de adaptarse a la vida adulta trabajando en una empresa en Oklahoma mientras trata de recuperar la espada perdida. 


Esta premisa se estructura, desde el principio, sobre las fórmulas genéricas de la ciencia-ficción y el cine fantástico de espada y brujerías, donde el héroe principal es un guerrero con poderes místicos que blande su espada para vencer a un hechicero perverso y salvar a su reino en nombre de la justicia. 


Sin embargo, el guion debilita gradualmente el desarrollo de Adam hasta convertirlo en un héroe superficial que solo rellena descripciones insulsas para justificar su motivación, además de reducir sus acciones a diálogos cutres y escenas de combate predecibles, en medio de una serie de situaciones expositivas que, a menudo, permanecen girando sobre una circularidad de clichés y facilismos que fallan en los intentos de profundizar en los conflictos internos de los personajes. 


En este sentido, no puedo eludir la impresión de fatiga que recibo al ver la obsesión de Adam por encontrar la espada antes de superar sus miedos "fálicos"; el regreso de Adam hacia Eternia en la nave de Teela antes de reunirse con Duncan y Roboto en una prisión; los monólogos de Skeletor tras castigar a sus secuaces ineptos; el discurso motivacional de Adam para convencer a los guerreros Fisto, Ram-Man, Dian y Mekaneck de que se unan a su causa; la batalla final en la que los guerreros enfrentan a los malos mientras Adam usa la espada para invocar el poder de Grayskull y derrotar a Skeletor. Hay persecuciones, peleas, hechicería, rituales, poderes mágicos. 


Pero casi nada funciona porque, por lo regular, la narrativa está condicionada de fábrica por esa moda woke de estereotipos progresistas de Hollywood —feminista empoderada, héroe emasculado, diversidad gratuita, inclusión selectiva— que solo buscan tergiversar la masculinidad de He-Man de una manera bastante artificiosa que profana el material original con chistes de doble sentido que parecen insertados para cumplir cuotas. 


Nicholas Galitzine ofrece una presencia física aceptable para representar a He-Man con su corpulencia, pero lo que hace y dice no tiene fuerza ni convicción. Jared Leto tiene algunos momentos interpretando a Skeletor, pero su personaje es solo un villano caricaturesco. El resto del elenco no tiene ni siquiera química porque está constituido por arquetipos sin desarrollo, reducidos a proporcionar explicaciones rebuscadas. 


Desde el punto de vista técnico, Knight deposita algunas de sus virtudes en la construcción de los escenarios fantásticos, el diseño de vestuario y, ante todo, los efectos especiales que conciben las secuencias de batalla en Eternia con sus paisajes, las explosiones y criaturas de CGI. Knight también se asegura de que la música de Daniel Pemberton se escuche con el leitmotiv original. No obstante, estos elementos que incorpora son insuficientes para evitar la falta de gancho que hay detrás de esta nueva aventura sobre He-Man y los maestros del universo.



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Ficha técnica
Título original: Masters of the Universe
Año: 2026
Duración: 2 hr. 20 min.
País: Estados Unidos
Director: Travis Knight
Guion: Chris Butler, Aaron Nee, Adam Nee, David Callaham.
Música: Daniel Pemberton
Fotografía: Fabian Wagner
Reparto: Nicholas Galitzine, Camila Mendes, Alison Brie, Idris Elba, Jared Leto, James Purefoy
Calificación: 4/10
El fin del mundo

El fin del mundo, dirigida por August Blom para la productora danesa Nordisk Film, es una película muda que constituye, dicho sea de paso, una de las primeras incursiones en el subgénero del cine de catástrofes. Está firmada con un guion de Otto Rung. Y además se dice que, en el momento de su estreno, atrajo a una gran audiencia por los temores causados durante el paso del cometa Halley seis años antes y los disturbios que se vivían durante la Primera Guerra Mundial. Como drama mudo de ciencia-ficción tiene algunas cosas aceptables que se manifiestan, a menudo, en los efectos especiales adoptados por Blom para reflejar la catástrofe mundial, pero su narrativa es particularmente superficial mostrando las histeria de los personajes, dejándome con la sensación de que le falta algo de profundidad para ampliar la síntesis discursiva sobre el choque de clases. 


La trama reúne a varios personajes —dos astrónomos, un empresario rico, un capataz, dos hermanas, un minero— alrededor del conflicto generado cuando unos científicos descubren un cometa en curso de colisión con el planeta Tierra, mientras un millonario llamado Frank Stoll aprovecha el pánico para especular en el mercado bursátil y manipular a la prensa para ocultar la noticia al pueblo. 


En general, esta premisa sencilla edifica el argumento estableciendo las pautas del cine de catástrofes, en la que un grupo de personas intenta sobrevivir a un cataclismo inevitable en medio del pánico colectivo. Sin embargo, el guion me parece bastante débil porque, por añadidura, no se toma la molestia de desarrollar a los personajes lejos de las descripciones triviales que impulsan sus motivaciones entre los intertítulos, además de que reduce las acciones de todos a una serie de situaciones predecibles arregladas sobre dilemas amorosos, intrigas financieras y cálculos científicos. 


Debido a esto soy incapaz de contener la abulia que me causa ver la investigación de los astrónomos para determinar la trayectoria del cometa y emitir un comunicado alertando sobre el impacto del cometa; la vida cotidiana de la familia del capataz West y sus dos hijas: la virtuosa Edith y la impulsiva Dina; la avaricia del magnate Stoll antes de casarse con la caprichosa Dina y especular en la bolsa para aumentar su riqueza; el día del juicio en el que los ricos y los pobres se enfrentan antes de la hecatombe. 


La primera mitad se desarrolla como un melodrama convencional centrado en los conflictos románticos y los estereotipos sociales, con un ritmo que dilata innecesariamente la introducción del elemento catastrófico. La segunda, en cambio, muestra la histeria masiva de una manera apresurada que solo coloca a los personajes como fichas en un tablero con la finalidad, supongo, de esclarecer un comentario social trillado y maniqueo sobre la presunta "lucha de clases" que se observa entre los pobres y los ricos en la estructura económica del capitalismo, donde el cometa ejerce una función simbólica que, de igual modo, metaforiza el sufrimiento de la gente frente a las consecuencias de la guerra, cayendo a veces en clichés morales simplistas y un tono didáctico que resta valor al asunto científico. 


Al margen de esto, la actuación de Olaf Fønss me resulta decente al ejercer su registro expresivo para interpretar a un hombre megalómano e inescrupuloso, a pesar de que su personaje queda reducido a la figura de un villano caricaturesco. 


La dirección de Blom, entre otras cosas, consigue depositar algunas de sus virtudes en los decorados de los escenarios y, ante todo, en los efectos especiales que reflejan su ambición visual para representar el caos del desastre natural en las secuencias impactantes de inundaciones, incendios y paisajes desolados de destrucción, utilizando lluvias de chispas de fuego y cortinas de humo en los grandes planos generales. Técnicamente, Blom permite que estas secuencias, encuadradas con la fotografía de Louis Larsen, transmitan una sensación de escala épica y terror existencial en locaciones reales, aunque, por desgracia, son insuficientes para elevar su relato postapocalíptico regular sobre la fragilidad humana. 



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Ficha técnica
Título original: The End of the World (Verdens Undergang)
Año: 1916
Duración: 1 hr. 17 min.
País: Dinamarca
Director: August Blom
Guion: Otto Rung
Música: N/A (muda)
Fotografía: Louis Larsen, Johan Ankerstjerne
Reparto: Alf Blutecher, Olaf Fønss, Johanne Fritz-Petersen, Frederik Jacobsen, Ebba Thomsen
Calificación: 6/10
En la zona gris
En la zona gris es una película de Guy Ritchie que constituye, hasta cierto punto, un ejercicio de repetición estilística que manifiesta ya los límites creativos del director británico en el cine de acción. A medida que avanza me doy cuenta de inmediato de que, por añadidura, es un thriller de acción convencional y predecible, que divaga demasiado entre planes estratégicos con los operativos que interpretan Jake Gyllenhaal y Henry Cavill de una manera despreocupada. 


La trama sigue a Sid y Bronco, dos agentes de élite que son contratados por la abogada Rachel Wild para recuperar mil millones de dólares robados por un empresario corrupto llamado Manny Salazar, mientras preparan una operación de extracción en la isla del multimillonario como una medida de escape por si falla la negociación de la deuda. 


En general, esta premisa estructura el relato desde las fórmulas del cine de acción y el thriller de aventura internacional, donde los agentes secretos realizan la misión haciendo uso de sus habilidades especiales para iniciar una campaña de sabotaje, soborno y engaño antes de enfrentar a los enemigos con pistola en mano. 


Sin embargo, el guion no se toma la más mínima molestia de desarrollar a los personajes y, a menudo, opta por reducir sus acciones a una serie de situaciones explicativas que nunc evade las demandas expositivas de los diálogos, donde básicamente se habla más de lo necesario para justificar el conflicto. 


Esto, por definición, me invita a permanecer en un estado de abulia al ver las operaciones secretas de Bronco y Sid para desestabilizar con facilidad los negocios del villano megalómano Salazar; las estrategias de Sid y Bronco con su equipo cuando adquieren un arsenal de armas y vehículos para preparar los distintos planes de contingencia para evacuar a Rachel; la captura de Rachel luego de la victoria legal sobre la incautación de activos de Salazar; la misión nueva de Sid y Bronco para rescatar a Rachel improvisando sobre vías alternativas de escape. Hay conversaciones sobre mentiras, clientelismo, finanzas, corrupción corporativa. Pero el barullo del plan de recuperación se convierte en una escalada de violencia gratuita y coloquios insulsos que solo conducen a secuencias de acción predecibles. 


Los giros argumentales se anuncian con anticipación, y los supuestos "momentos ingeniosos" caen en la redundancia. Además, el asunto se ve atropellado por una falta de ritmo que se videncia a lo largo de esa duración de 98 minutos que pretende ser ágil, pero cuya instancia en explicar cada paso del plan genera un efecto contrario: lentitud intermitente seguida de resoluciones precipitadas en la que los agentes resuelven el problema sin muchas dificultades cuando eliminan a los enemigos. 


Al margen de esto, Cavill y Gyllenhaal demuestran cierta pericia física para las escenas de acción, además de mostrar cierta sinergia como el dúo de especialistas carismáticos que, en su camaradería masculina, hablan en tono sarcástico sobre la logística de la misión; aunque sus personajes —Sid y Bronco— permanecen como arquetipos vacíos: versiones genéricas de esos antihéroes de Ritchie que intercambian insultos juguetones sin transmitir nada sorpresivo. Eiza González, por su parte, sufre el peor tratamiento: su personaje es una “mujer empoderada" que pronuncia declaraciones sin que el guion le otorgue agencia fuera del rasgo estereotipado que la deja de accesorio femenino. 


Técnicamente, la dirección de Ritchie deposita su mayor eficacia en el vestuario elegante, los escenarios exótico-sofisticados y algunas modalidades del encuadre móvil para dinamizar las secuencias de acción con efectos prácticos. Hay cierto desempeño en lo que Ritchie trata de hacer aquí, pero, en última instancia, es insuficiente para extraer algo de potencia de una película superficial que carece de riesgo antes de perderse entre explosiones, persecuciones y tiroteos mecánicos.



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Ficha técnica
Título original: In the Grey
Año: 2026
Duración: 1 hr. 38 min.
País: Reino Unido
Director: Guy Ritchie
Guion: Guy Ritchie, Paul Tamasy, Eric Johnson
Música: Christopher Benstead
Fotografía: Ed Wild
Reparto: Jake Gyllenhaal, Henry Cavill, Eiza González, Kristofer Hivju, Rosamund Pike, Carlos Bardem
Calificación: 5/10

Descubre las reflexiones de Guillermo del Toro sobre creatividad, monstruos y su visión de Frankenstein en esta profunda entrevista BFI.



Guillermo Del Toro


En una reveladora conversación con el British Film Institute, Guillermo del Toro profundiza en los pilares de su cine: la creatividad como acto de rebeldía y la necesidad de abrazar lo monstruoso. El aclamado director mexicano reflexiona sobre cómo eventos fundamentales de su vida han moldeado su filmografía, desde El laberinto del fauno y Hellboy hasta Pacific Rim y su apasionante versión de Frankenstein.


Del Toro enfatiza que cada película es, en cierto modo, autobiográfica. Explora temas universales como la paternidad, el deseo, el dolor y la redención, defendiendo que los monstruos no deben temerse, sino comprenderse. “Nunca temas a los muertos, teme a los vivos”, afirma, destacando la humanidad en lo grotesco.


Esta entrevista es una masterclass para cineastas y amantes del cine fantástico, donde Del Toro reafirma su compromiso con historias que celebran la diferencia y la imaginación sin límites. 


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A través del fuego

A través del fuego es una película que, en cierta medida, supone el regreso de Paul Greengrass a su poética de lo verídico, en un intento de abordar ese cine de catástrofes que discretamente se ha puesto de tendencia en Hollywood en los últimos años. Está basada en el libro de Lizzie Johnson, que describe los eventos reales del Camp Fire ocurridos en la localidad de Paradise en 2018 y que, a la fecha, es el incendio forestal más mortífero en la historia del Estado de California. Las dos horas que dura me mantienen enganchado del asiento porque, francamente, me parece un thriller de desastre que nunca pierde el rastro atrapante con las actuaciones de Matthew McConaughey y America Ferrera, con una trama que reafirma la destreza de Greengrass para retratar los acontecimientos con tensión. 


La trama sigue a Kevin McKay, un conductor de autobús escolar con una vida personal fracturada que se ve repentinamente responsable de evacuar a 22 niños y su maestra, Mary Ludwig, mientras el fuego devora los pueblos cercanos. En general, esta premisa sencilla sirve como base para estructurar la narrativa sobre las fórmulas habituales del cine de catástrofe, donde un hombre ordinario se convierte en un héroe accidental al enfrentar el peligro con su instinto de supervivencia. 


Lo interesante es que Greengrass evita sensacionalismos gratuitos y, a menudo, opta por construir el lado tenso del relato de manera progresiva, dejando el espacio necesario en ciertas escenas para aclarar el arco dramático del protagonista al mostrar sus acciones, añadiendo profundidad al desarrollo del conflicto con unos diálogos que me invitan a reflexionar sobre lo que sucede. 


Por tal razón, permanezco enganchado con los problemas familiares de Kevin como padre que intenta recuperar el vínculo con su hijo adolescente mientras cuida a su madre enferma; las operaciones de los bomberos para extinguir los incendios en las montañas y evacuar las zonas afectadas; la rutina de Kevin al conducir el autobús mientras discute con la directora de transporte por el mantenimiento; el deber de Kevin al manejar el autobús con niños por las autopistas mientras lucha contra el tráfico y habla con la profesora sobre la ruta. Aunque algunas escenas ocurren de forma predecible, la trama me resulta sorpresiva porque, por añadidura, suelta con sutileza los golpes de efecto para equilibrar la odisea del conductor y el infierno de llamas en la zona de evacuación. 


El barullo funciona, entre otras cosas, para elaborar un comentario sobre la paternidad y el impacto medioambiental, entendido como la ética de un hombre ordinario que se enfrenta a circunstancias extraordinarias para superar los miedos intrínsecos que lo llevaron a tomar decisiones erráticas en su vida. Este discurso es correcto al explorar temas como la fragilidad de la vida cotidiana y la solidaridad en tiempos de crisis, aunque pierde profundidad por el sesgo progresista que señala a la empresarialidad como responsable del daño medioambiental. 


Al margen de esto, McConaughey ofrece una actuación bastante orgánica al encarnar a un hombre imperfecto —un padre ausente y trabajador en crisis— que encuentra redención en el servicio a los demás, combinando su presencia física con una vulnerabilidad contenida en sus gestos expresivos. Ferrera, por su parte, aporta una conexión emocional creíble con los niños al interpretar a la profesora determinada. La química entre ambos alcanza momentos de intimidad. 


Técnicamente, la dirección de Greengrass deposita algunas de sus virtudes en el montaje dinámico, el encuadre móvil de una cámara en mano con constante movimiento y, asimismo, los efectos especiales que recrean el incendio aterrador: cielos anaranjados, cenizas flotantes y llamas furiosas; valiéndose de la fotografía solvente de Pål Ulvik Rokseth para subrayar el contraste cálido entre las atmósferas diurnas y la oscuridad infernal. Estos elementos, junto a la banda sonora de James Newton Howard, me hacen sentir el calor, el pánico y la claustrofobia dentro del autobús, como si yo formara parte del grupo vulnerable en la vía de escape. Su película es, sin duda, bien entretenida.



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Ficha técnica
Título original: The Lost Bus
Año: 2025
Duración: 2 hr. 10 min.
País: Estados Unidos
Director: Paul Greengrass
Guion: Brad Ingelsby, Paul Greengrass
Música: James Newton Howard
Fotografía: Pål Ulvik Rokseth
Reparto: Matthew McConaughey, America Ferrera, Ashlie Atkinson, Yul Vazquez
Calificación: 7/10