El resultado es un filme de guerra convencional de Ray, técnicamente competente en algunas secuencias aéreas en Technicolor, pero cuya narrativa se siente algo irregular con las tensiones internas que surgen entre Ryan y Wayne, dejándome con la impresión de que le falta eso que hace que las películas bélicas sean reflexivas al interrogar la ética y los horrores de la guerra.
La trama, ubicada durante la batalla de Guadalcanal en la Segunda Guerra Mundial, sigue al mayor Dan Kirby, un comandante estricto y disciplinario que asume el mando del escuadrón Wildcats en un momento crítico donde debe tomar estrategias arriesgadas para obtener la victoria contra los japoneses, mientras colisiona frontalmente con su segundo oficial al mando, el capitán Carl “Griff” Griffin, que es más cercano a los jóvenes soldados y se resiste a las decisiones que exigen sacrificar vidas.
En un principio, la premisa tiene algunas cosas interesantes al mostrar el conflicto entre ambos personajes sobre el eje dramático que se cruza con la acción bélica, donde el líder dirige al escuadrón con mano dura antes de que el otro subordinado aprenda, a fuerza de pérdidas, lo que significa la ética del liderazgo en una guerra que pone a prueba el heroísmo y el sacrificio. Sin embargo, el guion de James Edward Grant no se toma la molestia de desarrollar a los personajes más allá de las obviedades descriptivas de sus motivaciones y, a menudo, opta por mostrarlos sobre unas situaciones rutinarias que tienden a volverse predecibles por los diálogos superficiales y la circularidad de los combates.
En este sentido, la narrativa se convierte en un acto prolongado de exposición circular que pierde brío entre el deber de Kirby para enderezar la moral del escuadrón compuesto de pilotos inmaduros; las discusiones que Kirby sostiene con Griff para exigir el máximo esfuerzo de los pilotos ante el aumento de las bajas; las órdenes estrictas de Kirby al equipo para atacar a las posiciones japonesas en medio de las duras misiones aéreas para asistir a la infantería estadounidense. Por lo regular, la trama gira en torno a las conversaciones en las barracas y las misiones aéreas en los aviones durante el día.
La actuación de Duke, como es habitual, me parece particularmente creíble porque de nuevo emplea su expresividad estoica, basada en un naturalismo donde no "actúa", sino que "reacciona" de manera lógica a las escenas para interpretar a Kirby como un hombre pragmático y duro que ejerce el liderazgo responsable para conservar la tradición del honor y el valor sobre unas tropas indisciplinadas, aunque su personaje carece de la complejidad psicológica. Ryan, en cambio, ofrece una actuación olvidable al interpretar a Griff como un personaje unidimensional que solo provee confrontación para el protagonista. La tensión entre Wayne y Ryan funciona porque, por añadidura, ambos actores se enfrentan con credibilidad.
En términos generales, la dirección de Ray deposita su eficacia en el vestuario, los escenarios y, ante todo, en las secuencias de combates aéreos que recurren a un montaje ecléctico para mezclar la acción ficcional con las imágenes aéreas reales de batallas en color en el Pacífico. Ray consigue algo de autenticidad en cada una de estas secuencias ―ataques a tierra, dogfights y el uso de material de archivo―, aunque, en última instancia, no logra sacar el asunto de los clichés prefabricados del cine bélico.
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Título original: Flying Leathernecks
Duración: 1 hr. 42 min.
País: Estados Unidos
Director: Nicholas Ray
Guion: James Edward Grant
Música: Roy Webb
Fotografía: William E. Snyder
Reparto: John Wayne, Robert Ryan, Don Taylor, Jay C. Flippen, Janis Carter, William Harrigan
Calificación: 6/10






