Mujer bonita es una película de Garry Marshall que, en la superficie, intenta perseguir ese cine romántico que todavía adoptaba las claves genéricas del feel good heredadas de las tendencias ochenteras de Hollywood, donde las narrativas con tono optimista y finales felices señalaban la prosperidad económica durante la era de Reagan, sobre todo al transformar la fábula de una Cenicienta en un contexto contemporáneo de lujo y prostitución. Se presenta como una comedia romántica que goza de una química innegable entre Richard Gere y Julia Roberts, pero que, en general, me parece algo aburrida y superficial en su cuento de hadas moderno, dejándome con la sensación de que simplemente le falta gancho a su exposición. Su trama se ambienta en Hollywood Hills y sigue a Edward Lewis, un empresario que, tras la noche de una fiesta de negocios, toma el Lotus Esprit de su abogado y conduce por el distrito de luz roja de Hollywood Boulevard, donde conoce a una prostituta callejera conocida como Vivian Ward, contratando los servicios de esta durante una semana de estadía en el Hotel Regent Beverly Wilshire. En términos generales, esta premisa narrativa tiene un comienzo interesante que se manifiesta, dicho sea de paso, cuando adopta las fórmulas comunes de la comedia romántica para subvertir aquella vieja historia de amor entre la chica pobre y el hombre rico. El problema, sin embargo, es que el guion no desarrolla a los personajes lejos de las descripciones banales que justifican sus motivaciones, manteniendo sus acciones sobre situaciones previsibles que nunca escapan de los facilismos románticos ni de los diálogos nimios que intentan acomodar sus trasfondos personales entre encuentros sexuales en suites lujosas y cenas de etiqueta antes de la ópera. Cada escena del conflicto podría malinterpretarse con una lectura simplista sobre el consumo que glorifica el capitalismo, el rescate masculino y la sumisión femenina disfrazada de empoderamiento, donde la romantización de la prostitución es vista como una forma de explotación estructural de género, en algunos casos vinculada a dinámicas de clase y dominio patriarcal. Pero su síntesis discursiva, en realidad, abraza la idea del amor como transacción adquirida con sentimientos, entre dos personas que voluntariamente maximizan su utilidad mutua con mentalidad empresarial como código de ética, donde el intercambio refleja el principio del mercado libre: ambas partes consienten libremente, negocian los términos y obtienen un beneficio neto. Esto es especialmente cierto porque Edward, que atraviesa una crisis personal de vacío afectivo por mujeres que se casaron con él por su dinero, adquiere el servicio de Vivian para satisfacer una necesidad temporal sin coacción ni engaño, mientras ella ofrece un servicio de compañía y encuentro sexual a un precio relativo de mutuo acuerdo; y la posterior relación sentimental surge como extensión natural de esa cooperación inicial, pero se invierte moralmente porque ambos entienden que el amor no se compra con dinero. Al margen de esto, las actuaciones de Gere y Roberts logran cierta sinergia. Gere interpreta a Edward como un magnate despiadado de las finanzas corporativas que es frío y cínico, aunque su personaje carece de dimensiones para tomar en serio su vulnerabilidad masculina. Roberts, por su parte, interpreta a Vivian como una trabajadora sexual carismática, ingeniosa y limpia de vicios graves que, antes de enamorarse de su cliente, identifica una demanda insatisfecha como oportunidad de mercado, negocia condiciones favorables para ofrecer valor diferencial y utiliza los recursos obtenidos para mejorar su posición económica y social —mediante su carisma, adaptabilidad frente a prejuicios y disposición a asumir riesgos—, todo dentro de un marco de acuerdos libres entre partes adultas, sin intervención coercitiva de terceros ni victimización. Ambos se reparten escenas entre chistes sin gracia y escenas sentimentales en las que, a veces, suena como leitmotiv la canción “Oh, Pretty Woman” de Roy Orbison. Nada de esto, sin embargo, compensa la ausencia de encanto en su comedia romántica sobre un empresario y una prostituta.
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Ficha técnica
Año: 1990
Duración: 1 hr. 59 min.
País: Estados Unidos
Director: Garry Marshall
Guion: J.F. Lawton
Música: James Newton Howard
Fotografía: Charles Minsky
Reparto: Julia Roberts, Richard Gere, Jason Alexander, Hector Elizondo, Laura San Giacomo
Calificación: 5/10






