Una señorita rebelde es una película de Peter Bogdanovich que busca funcionar, dicho sea de paso, como una adaptación de la célebre novela de Henry James, además de reflejar las ambiciones que este tenía bajo el control creativo que le había otorgado la Paramount durante el apogeo del Nuevo Hollywood. En el momento de su estreno fue un fracaso que puso fin a la racha de éxitos cosechados por Bogdanovich tras La última película (1971) y Luna de papel (1973). Y esto lo logro constatar tras pasar cerca de una hora y media absorbiendo sus imágenes porque, francamente, me parece un drama romántico de época que, debajo del ejercicio superficial de elegancia decimonónica de Bogdanovich, se vuelve enormemente aburrido y sin gracia con la actuación acartonada de Cybill Shepherd, dejándome con la sensación de que pretende contar algo sobre una tragedia amorosa, pero a fin de cuentas no revela nada sustancioso. Su argumento se ambienta en el siglo XIX y sigue a Frederick Winterbourne, un estadounidense expatriado de clase alta que, en medio de su soledad, se enamora en silencio de Daisy Miller, una joven hermosa y muy coqueta que muestra un comportamiento imprudente con todos los hombres que conoce, mientras intenta cortejarla aprovechando que ella está de visita en Europa con su madre y su travieso hermano menor. En términos generales, la narrativa adopta las fórmulas habituales del melodrama, donde se muestra el dilema moral de una mujer liberada de ataduras desde la óptica de un hombre sinuoso enamorado de ella. El problema, no obstante, es que el guion no se toma la molestia de desarrollar a los personajes más allá de las descripciones banales y opta por mostrarlos, a menudo, en una circularidad de situaciones previsibles que suele repetir, en más de una ocasión, las acciones arregladas sobre diálogos a puerta cerrada y paseos al aire libre que no conducen a ninguna parte. Esta decisión me lleva a permanecer en un estado de abulia total cuando observo la dubitación de Frederick para tomar la iniciativa de cortejar a Daisy en los castillos lujosos; los celos de Frederick al atestiguar las citas que tiene Daisy con un italiano en Roma; la impertinencia de Daisy que avergüenza a Frederick en eventos de alta sociedad. Las escenas avanzan a un ritmo errático, casi soporífero, que resulta paradójicamente excesivo estructurando unos conflictos que, entre otras cosas, siempre se reducen a un enfrentamiento dialógico entre una dama presumida y un caballero indeciso. Los personajes simplemente carecen de complejidad psicológica, colocados por inercia para establecer un comentario social sobre la hipocresía de clase y los prejuicios culturales, pero desde la ambigüedad moral de un hombre rico que se niega a aceptar los sentimientos hacia una mujer por las costumbres sociales que ella ha adoptado en el pasado. En este sentido, Barry Brown ofrece una actuación correcta al interpretar, con la mirada y los gestos rígidos, a un hombre tímido y dubitativo aferrado a la ceguera de las tradiciones, aunque termina siendo bastante insípido, sin la suficiente profundidad interna para resultar interesante. Shepherd, por su parte, está incluso peor al interpretar a Daisy como una mujer caprichosa y franca, que se vuelve terriblemente insoportable cuando abre la boca para decir algo, con una uniformidad expresiva que anula cualquier posibilidad de transmitir la contradicción intrínseca de Daisy —mujer emancipada atrapada en las normas sociales europeas—, en una actuación plana y carente de matices que me hace cuestionar seriamente su trabajo como actriz. Al margen de estas limitantes, Bogdanovich consigue encuadrarlos en una puesta en escena estática y decorativa que, por añadidura, mantiene cierta consistencia en el vestuario, el primer plano, la reproducción auténtica del período y las panorámicas fotografiadas con estilo por Alberto Spagnoli en los espacios europeos. Estos elementos, por desgracia, no impiden su derrumbe como melodrama anodino y poco convincente, uno que ni siquiera pasa la prueba de la pretensión literaria.
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Ficha técnica
Año: 1974
Duración: 1 hr. 31 min.
País: Estados Unidos
Director: Peter Bogdanovich
Guion: Frederic Raphael
Música: Angelo Francesco Lavagnino
Fotografía: Alberto Spagnoli
Reparto: Cybill Shepherd, Barry Brown, Cloris Leachman, Eileen Brennan, Mildred Natwick
Calificación: 4/10






