Ghost in the Shell

La vigilante del futuro: Ghost in the Shell es una película de Rupert Sanders que, en cierta medida, intenta funcionar como un remake occidentalizado de aquella mítica película de anime Ghost in the Shell (1995). Lo que me encuentro en sus casi dos horas no se acerca ni de broma a la profundidad filosófica de la obra Mamoru Oshii porque, a decir verdad, tiene un apartado visual que se nota pulido en la superficie, pero su epicentro de acción se descarga sobre secuencias que carecen de gancho con su trama predecible sobre la cyborg fantasmal interpretada por Scarlett Johansson. 


La trama, situada en un futuro cercano, sigue a Killian, una agente que ha alcanzado el rango de Mayor en la Sección 9 de la unidad antiterrorista del gobierno, trabajando junto a los agentes Batou y Togusa bajo las órdenes del Jefe Daisuke Aramaki, con el fin de ejecutar misiones especiales para eliminar amenazas terroristas gracias a las mejoras cibernéticas implementadas por la corporación Hanka Robotics —su cuerpo artificial es una envoltura robótica que contiene su cerebro humano—; pero cuyo destino se ve interrogado con la llegada de un villano misterioso que se conecta a su pasado y es el responsable detrás de los asesinatos a ejecutivos de la empresa. 


Por añadidura, esta premisa estructura el conflicto narrativo sobre la base del thriller policial y la ciencia ficción de carácter cyberpunk, donde la protagonista busca respuestas a sus recuerdos fragmentados mientras ejerce sus habilidades para neutralizar a los objetivos. Sin embargo, el guion establece las coordenadas del material fuente sin llegar a ampliar lo suficiente el desarrollo de la protagonista y, a menudo, opta por conducir sus acciones por una serie de situaciones previsibles que no logran añadir algo distinto más allá de las secuencias de acción replicadas y los diálogos expositivos que tratan de lucir profundos. 


Estos inconvenientes solo consiguen que reciba con cierta indiferencia los asuntos que suceden con las discusiones que sostiene Killian con la doctora Ouelet para intentar comprender el laberinto de su pasado; las intenciones del empresario Cutter para ocultar las pruebas de los experimentos fallidos de su compañía; las operaciones policiales ejecutadas por Killian junto a Batou para rastrear a los responsables del incidente de la geisha hackeada. 


Hay misterio, tiroteos, persecuciones, explosiones, peleas cuerpo a cuerpo. Pero la trama simplifica la compleja exploración sobre la identidad, la conciencia y el alma ("ghost") en un cuerpo artificial ("shell"), dando lugar a planteamientos superficiales que disuelven la densidad filosófica para colgar una historia de venganza y conspiración bastante convencional, con giros anticipados y un tercer acto genérico. 


Además, el enfoque hollywoodense que le da Sanders cae en una zona rebuscada al elaborar su comentario sobre el impacto tecnológico y la inteligencia artificial bajo una capa maniquea que critica la función empresarial detrás de la innovación y, a la vez, reafirma de forma simplista el poder tecnocrático para controlar la tecnología (donde las corporaciones aparecen como entidades inherentemente siniestras, mientras que las agencias gubernamentales se presentan como guardianes necesarios de la ética y el orden). 


Al margen de esto, Johannson entrega una interpretación sólida: transmite la vulnerabilidad y la frialdad robótica de un ser que cuestiona su propia humanidad, aportando espíritu a un personaje que podría haber sido meramente mecánico. El elenco de apoyo, con Pilou Asbæk y Juliette Binoche, cumple su función sin desequilibrar. 


Dicho esto, la dirección de Sanders me resulta, por lo menos, algo aceptable al depositar sus mayores aciertos en el diseño de vestuario, los escenarios futuristas y las atmósferas fotografiadas por Jess Hall, que crean una distopía hipnótica con hologramas flotantes, neones vibrantes y paisajes urbanos. Sanders también deja que se escuche la banda sonora de Clint Mansell y Lorne Balfe con su ambient electrónico. Nada de esto, en resumen, evita que su remake me parezca una experiencia irregular que, pese a su estética cyberpunk, no consigue alcanzar el pulso requerido para no ser olvidable.



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Ficha técnica
Título original: Ghost in the Shell
Año: 2017
Duración: 1 hr 47 min
País: Estados Unidos
Director: Rupert Sanders
Guion: William Wheeler
Música: Clint Mansell, Lorne Balfe
Fotografía: Jess Hall
Reparto: Scarlett Johansson, Pilou Asbæk, Takeshi Kitano, Michael Pitt, Juliette Binoche
Calificación: 6/10
Los minions

En Minions, me encuentro con una película de Pierre Coffin y Kyle Balda que, en cierta medida, se presenta como un spin-off de la saga Mi villano favorito, centrado en los icónicos minions amarillos que siempre hacen travesuras. Al margen de un diseño de animación particularmente pulido, siento que no está a la altura de las antecesoras y, en ocasiones, termina siendo un ejercicio caótico y sin gracia que prioriza hasta la náusea el merchandising de los traviesos amarillentos, durante 90 minutos de metraje que se estiran innecesariamente en medio de gags repetitivos y diálogos ininteligibles. 


La trama, ubicada luego de un prólogo que explica los orígenes ancestrales de los minions como seres que existen únicamente para servir a los amos más despreciables de la historia, sigue a tres minions llamados Kevin, Stuart y Bob durante en 1968 al emprender una búsqueda para encontrar un nuevo jefe al que seguir, luego de abandonar su pueblo por la falta de motivación —entristecidos porque siempre terminan matando accidentalmente a sus jefes y ya no encuentran a quien servir—; pero cuya travesía por Nueva York cambia cuando son contratados por Scarlet Overkill, una villana que aspira a robar la corona de la reina de Inglaterra. 


En general, esta premisa sencilla establece las bases del conflicto sobre las fórmulas del cine animado de aventuras y la comedia negra slapstick vista en la franquicia de Despicable Me, donde la torpeza de los minions siempre provoca algún accidente que entorpece los planes malévolos de su jefe. Sin embargo, el guion manifiesta sus debilidades al colocar a los personajes sobre un epicentro expositivo que se vuelve demasiado predecible en cada una de las situaciones circulares donde los protagonistas tropiezan, gritan “banana” y destruyen todo a su paso sin que exista un verdadero gancho. 


De esta manera, permanezco en completo estado de indiferencia al ver el caos de los minions cuando hacen autostop con una familia de ladrones antes de ir a la convención de villanos; la odisea de los otros minions al intentar viajar por el mundo para encontrarse con sus amigos en NY; la servidumbre de los minions al ayudar a Scarlet para robar la corona imperial de la Reina Isabel II en la Torre de Londres; la perversidad de Scarlet para enviar al calabozo a Kevin, Stuart y Bob antes de que estos escapen. 


Hay chistes, persecuciones por calles londinenses, momentos absurdos en la Abadía de Westminster y las famosas escenas en que los minions hablan su famoso lenguaje “minionés” (mezcla de español, inglés, italiano y sonidos guturales), aunque el asunto pasa de ser un gimmick a una tortura auditiva después de los primeros diez minutos. Todo se reduce a humor físico repetitivo: caídas, explosiones, ojos saltones y charloteos. No hay wit, no hay ironía. Además, por la parte discursiva se intenta abordar los temas de la amistad y la lealtad, pero la síntesis se siente forzada porque, entre otras cosas, presenta los síntomas tempranos de esas ideas progresistas de Hollywood que se muestran con cierta urgencia sobre una sinergia de acción bastante rara entre los personajes. 


Por lo menos, veo algo de autenticidad en el trabajo de doblaje que deposita Sandra Bullock modulando la voz villanesca de Scarlet, a pesar de ser una villana superficial que solo rellena motivaciones convencionales. 


Visualmente, además, los directores consiguen depositar algunas cosas interesantes en el diseño de los personajes y la animación competente que renderiza los distintos escenarios detallados y vintage por los que viajan los minions en los 60. Los directores también permiten que se escuchen algunas canciones pop de los 60 como “You Really Got Me” o “Happy Together” dentro de la lista de reproducción de la banda sonora. Nada de esto, en última instancia, evita que esta película suya, con su superficie plana, suponga lo peor del cine familiar corporativo actual: una franquicia que explota sin creatividad sus propias fórmulas hasta volverse tediosa y aburrida. 



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Ficha técnica
Título original: Minions
Año: 2015
Duración: 1 hr 30 min
País: Estados Unidos
Director: Kyle Balda, Pierre Coffin
Guion: Brian Lynch
Música: Heitor Pereira
Fotografía: Illumination
Reparto (voces): Sandra Bullock, Jon Hamm, Michael Keaton, Allison Janney, Geoffrey Rush, Steve Carrell
Calificación: 5/10




Protegiendo al enemigo

En Protegiendo al enemigo, Daniel Espinosa busca rastrear las claves de ese cine de espionaje contemporáneo con la finalidad, supongo, de tratar de capitalizar la oferta de la saga de Jason Bourne que también pertenece a Universal Pictures. Las dos horas que tiene de metraje me dejan con la sensación de que, en la superficie, es un thriller de acción que intenta mantenerse con la sinergia entre Denzel Washington y Ryan Reynolds, pero cuyo lado tenso se va perdiendo por las debilidades narrativas que lo vuelven convencional y predecible. 


La trama sigue a Matt Weston, un agente novato de la CIA que está instalado en una casa segura en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, donde suele esperar las órdenes de los superiores mientras conversa con su novia, pero cuya rutina monótona se ve interrumpida con la llegada de Tobin Frost, un veterano exagente acusado de traición que se entrega voluntariamente en la embajada estadounidense; viéndose obligado colaborar con él cuando unos mercenarios atacan la casa segura durante un interrogatorio. 


En general, esta premisa funciona como una base para estructurar la narrativa sobre las fórmulas habituales del thriller de espionaje internacional, donde el agente descubre una conspiración interna dentro de la agencia que lo conduce por las rutas de la traición, la lealtad y la corrupción. 


El problema central, no obstante, es que el guion mantiene a los personajes suspendidos en una inercia de situaciones circulares más allá de las motivaciones que establecen el conflicto, a menudo reduciendo sus acciones a diálogos expositivos a puerta cerrada y a persecuciones a tiro limpio por las calles congestionadas. 


Por tal razón, la trama va perdiendo gradualmente el suspense al permanecer estacionada sobre la huida de Weston y Frost mientras son perseguidos por mercenarios contratados para matarlos; las discusiones en la sala de mando de la CIA donde el jefe y sus subordinados toman las medidas para ubicar a los fugitivos por cuestiones de seguridad nacional; el plan de Frost para entrenar a Weston antes de enfrentar a los asesinos en los tiroteos dentro de las casas seguras y de destapar la verdad clasificada en un archivo secreto. Las secuencias de acción, entre otras cosas, están montadas a un ritmo trepidante que mantiene cierta cohesión, pero carecen de gancho por la manera apresurada en que se presentan. 


Además, el conflicto solo sirve para rellenar un discurso bastante obvio sobre la corrupción institucional, la erosión de la confianza y el precio de la lealtad, donde el asunto de Frost sirve como catalizador para cuestionar los métodos de la CIA —se entiende que el informante debe ser eliminado porque tiene información que expondría operaciones encubiertas de la agencia—. Estas reflexiones permanecen superficiales, subordinadas al tono vertiginoso de la acción genérica. 


Al margen de estos inconvenientes, la actuación de Washington me resulta creíble cuando aporta carisma, inteligencia y ambigüedad, interpretando a Frost como un personaje que manipula y tiene todo bajo control en los instantes de peligro. Reynolds, por su parte, ofrece una evolución convincente como Weston: del agente frustrado e inexperto al protagonista en crisis, combinando vulnerabilidad con determinación física. El reparto secundario, que incluye a Vera Farmiga, Brendan Gleeson y Sam Shepard, cumple con solvencia en algunas escenas, aunque sus roles se limitan a funciones expositivas. 


Con este reparto, la dirección de Espinosa deposita algunas cosas interesantes que se manifiestan en la elección de los escenarios urbanos para ejecutar la acción caótica, además de aprovechar un trabajo de fotografía decente de Oliver Wood para construir la atmósfera de espías a través del uso excesivo del encuadre móvil, la iluminación y la cámara rápida. Estas decisiones muestran algo de consistencia para formar el relato, pero, en última instancia, no contribuyen lo suficiente para impulsar una narrativa que se queda estancada en las convenciones genéricas.



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Ficha técnica
Título original: Safe House
Año: 2012
Duración: 1 hr 55 min
País: Estados Unidos
Director: Daniel Espinosa
Guion: David Guggenheim
Música: Ramin Djawadi
Fotografía: Oliver Wood
Reparto: Denzel Washington, Ryan Reynolds, Brendan Gleeson, Vera Farmiga, Sam Shepard, Robert Patrick
Calificación: 5/10
Los indestructibles
Los indestructibles es una película dirigida y protagonizada por Sylvester Stallone que, de alguna manera, busca recuperar las viejas fórmulas del cine de acción ochentero al traer de vuelta a todos esos actores populares que alguna vez interpretaron a héroes de acción durante su apogeo en Hollywood. Sin embargo, el asunto nostálgico que propone no me parece que sea suficiente porque, francamente, a pesar del elenco estelar de íconos del cine de acción encabezado por el propio Stallone y Jason Statham, la película tropieza con una narrativa convencional y predecible que frecuenta demasiados lugares comunes entre explosiones y tiroteos, acumulando clichés hasta dejarme con una sensación de abulia que me impide emocionarme por lo que veo. 


La trama sigue a Barney Ross, el líder de un grupo de mercenarios de élite que, luego de recibir el encargo de la CIA, prepara una misión para eliminar al dictador del país latinoamericano que opera bajo las órdenes del ex oficial de la CIA James Munroe, reuniendo además a su equipo conformado por el especialista en armas blancas Lee Christmas, el artista marcial Yin Yang, el ingeniero químico Gunner Jensen, el especialista en armas Hale Caesar y el experto en demoliciones Toll Road. 


En general, esta premisa establece el conflicto sobre la fórmula básica del cine de acción, en la que un grupo de mercenarios ponen a prueba sus habilidades letales para matar a los malos y cumplir una misión. El problema central, no obstante, es que el guion pierde algo de cohesión al intentar añadir desarrollo a las motivaciones internas de los mercenarios y opta, a menudo, por colocarlos en una serie de situaciones anodinas que dejan el rastro de diálogos expositivos, acciones superficiales y giros bastante predecibles. 


Cuando esto sucede no puedo evitar permanecer en un estado abúlico al ver la camaradería masculina que surge de la misión de reconocimiento en la que Barney y Christmas vuelan su hidroplano hasta Vilena para obtener información de su contacto, Sandra; la alianza de Munroe con el general Garza para mantener su operación de narcotráfico en la región; la persecución en las calles en la que Barney y Yang se enfrentan a los secuaces del traidor Gunner; el operativo nocturno de los mercenarios al infiltrar el palacio del tirano para acabar con su ejército usando todo tipo de armas. 


En medio del barullo, abundan los one-liners torpes y las conversaciones que parecen salidas de un guion de serie B de bajo presupuesto. Aunque hay explosiones, balaceras y combates cuerpo a cuerpo, las secuencias de acción simplemente carecen del gancho necesario para atraparme porque caen en una inercia de gratuidad al servicio del gore y violencia extrema. La falta de desarrollo de personajes convierte a los mercenarios en una colección de arquetipos sin alma con metralleta en mano: el líder cansado, el especialista en cuchillos, el experto en armas, etc. 


Al margen de esto, las actuaciones mediocres del reparto por lo menos muestran algo de pericia física para otorgar cierta credibilidad a las escenas de acción. Esto es algo que demuestra Stallone a sus 64 años al moverse, saltar y combatir, aunque el guion lo reduce al estereotipo del soldado que tiene todo bajo control. Statham, por su lado, cumple su rol de tipo duro eficiente, a pesar de quedar subutilizado como un personaje de relleno junto a Jet Li y Dolph Lundgren. De nada sirven los cameos publicitarios de Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger. 


Técnicamente, la ejecución de Stallone muestra su desempeño para arreglar el diseño de producción que sirve como base para la acción caótica y los escenarios exóticos, con unos efectos visuales de CGI que me resultan bastante pobres. Pero su dirección, a pesar de sostenerse con un ritmo conciso, desperdicia un reparto legendario, con una premisa que confirma que, en ocasiones, el pasado del cine de acción es mejor recordarlo que intentar recrearlo de forma tan mecánica.



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Ficha técnica
Título original: The Expendables
Año: 2010
Duración: 1 hr 43 min
País: Estados Unidos
Director: Sylvester Stallone
Guion: Dave Callaham, Sylvester Stallone
Música: Brian Tyler
Fotografía: Ken Blackwell
Reparto: Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Randy Couture, Dolph Lundgren, Mickey Rourke, Terry Crews, Eric Roberts, David Zayas, Giselle Itié
Calificación: 5/10

Supergirl
Supergirl es una película de Craig Gillespie a la que asisto, dicho sea de paso, para ver cómo continúa el universo de DC establecido bajo la supervisión de James Gunn desde Superman (2025) y cuya primera etapa, por lo que sé, lleva el título "Capítulo Uno: Dioses y Monstruos". Se dice, además, que adapta elementos de la serie de cómics Supergirl: Woman of Tomorrow, escrita por Tom King e ilustrada por Bilquis Evely. Pero los 107 minutos que paso absorbiendo sus imágenes me dejan con la sensación de que no sirve de nada que sea adaptada de historietas recientes porque, a decir verdad, es una película de superhéroes algo aburrida y superficial, a la que le falta algo de gancho para capitalizar su premisa interestelar de venganza y justicia. 


La trama sigue a Kara Zor-El, la prima de Superman que celebra su cumpleaños viajando por la galaxia con su perro Krypto para olvidar su trágico pasado, llevando una vida de alcoholismo y desorden, pero cuya rutina es interrumpida cuando Krypto es herido durante una confrontación con los piratas espaciales liderados por Krem y, además, se cruza con la joven Ruthye Marye Knoll, a la cual decide ayudar en su camino de venganza mientras trata de obtener la cura para salvar al cachorro. 


En general, la historia de origen se muestra sobre las fórmulas de la aventura espacial del cine fantástico de superhéroes, donde la superheroína debe superar obstáculos antes de asumir la responsabilidad con los superpoderes. 


Sin embargo, el guion estropea el desarrollo de la protagonista al conducir sus acciones por un abanico de situaciones predecibles que, por lo regular, alterna entre flashbacks y set-pieces caóticos sin lograr un ritmo equilibrado, perdiendo además la cohesión al tratar de narrar las subtramas de unos personajes secundarios que solo rellenan unas escenas repletas de gratuidad, clichés y diálogos expositivos. 


De esta manera, permanezco en un lapso de abulia al observar la travesía de Kara al colaborar con la jovencita asiática para saldar las cuentas con Krem; la malevolencia de Krem como el líder de unos bandidos que se dedican al tráfico de niñas; la misión de Lobo como el mercenario alienígena y cazarrecompensas de la moto que busca a un bandido; los recuerdos de Kara como una joven criada en un trozo del planeta destruido Krypton que vio morir a todos a su alrededor; los combates iniciados por Supergirl cuando obtiene poderes de los soles amarillos antes de vestir el icónico traje y volar por los cielos. 


Las secuencias de acción se vuelven repetitivas cuando intentan impulsar el oscuro conflicto entre persecuciones y peleas. El humor no me provoca ninguna risa. No hay inspiración ni heroismo. Y lo peor de todo es que la narrativa se siente didáctica porque, entre otras cosas, conduce a la protagonista por las rutas discursivas, de ese progresismo colgado en cada escena para montar un comentario sobre la pérdida, la resiliencia y la madurez de una mujer, con las pretensiones típicas del empoderamiento femenino. 


A pesar de estas contrariedades, Milly Alcock entrega una actuación decente como Superchica al expresar la vulnerabilidad y la determinación de una mujer rota afectada por el pasado que busca superar el trauma ayudando a los demás, aunque su esfuerzo se ve limitado por un guion que casi no la aprovecha. Matthias Schoenaerts está simplemente olvidable como el villano genérico. Y Jason Momoa, a pesar del maquillaje, me resulta pretencioso como Lobo. 


Técnicamente, la dirección de Gillespie deposita sus minúsculas virtudes en el diseño de vestuario y los efectos visuales que crean las atmósferas interplanetarias, aunque a veces el CGI del que dispone se ve algo mediocre, como si los escenarios hubieran sido generados por IA. Gillespie también permite que la banda sonora de Claudia Sarne se escuche en algunas escenas. Pero, desafortunadamente, ninguna de estas decisiones creativas evitan que esta película suya parezca un producto descartable, redundante y sin sorpresa, que no logra justificar su lanzamiento más allá de expandir un universo en construcción.



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Ficha técnica
Título original: Supergirl
Año: 2026
Duración: 1 hr 47 min
País: Estados Unidos
Director: Craig Gillespie
Guion: Oren Uziel, Ana Nogueira
Música: Claudia Sarne
Fotografía: Rob Hardy
Reparto: Milly Alcock, Matthias Schoenaerts, Eve Ridley, Jason Momoa, David Krumholtz, David Corenswet
Calificación: 5/10
Toy Story 5

Toy Story 5 es una película de Andrew Stanton que representa, en cierta medida, la nueva entrega en la popular franquicia de Pixar que intenta continuar las aventuras de los juguetes que alguna vez fueron memorables en Toy Story (1995), Toy Story 2 (1999) y Toy Story 3 (2010) cuando todavía John Lasseter no había sido despedido por la cultura de la cancelación. Lo que me encuentro en la hora y media que tiene de metraje me obliga a razonar lo necesario como para saber que desde Toy Story 4 (2019) ya no hay nada que se pueda esperar de la saga porque, a decir verdad, me parece una secuela aburrida y completamente innecesaria, que subraya en efecto los límites creativos de una franquicia animada que nunca debió pasar de la tercera parte. 


La trama sigue esta vez a Jessie, quien ejerce su liderazgo por encima de Buzz al haber sido nombrada la nueva guardiana de la habitación de Bonnie desde la partida de Woody, pero cuya motivación se ve alterada cuando la pequeña Bonnie se olvida de ella y de todos sus juguetes cuando sus padres le compran una tableta con forma de rana llamada Lilypad con la esperanza de ayudarla a socializar con niñas de su edad, por lo que se dispone a recuperar el interés de ella para no repetir los mismos errores de su pasado. 


En términos generales, esta premisa propicia un arranque estructurado sobre las fórmulas de la franquicia, donde los juguetes se embarcan en una aventura que los lleva más allá de las habitaciones infantiles hacia un mundo exterior. 


El problema fundamental, sin embargo, es que el guion adolece de debilidades narrativas que se manifiestan en el escaso desarrollo de los personajes y opta, a menudo, por reciclar situaciones predecibles que pierden el rumbo por la pretensión de abordar múltiples conflictos artificiales que carecen de profundidad, reduciendo las acciones de personajes principales, como Woody o Buzz, a una falta de protagonismo que, en esta ocasión, es reemplazada por la insulsa Jessie. 


Por esta razón, no me queda más remedio que permanecer en completa indiferencia al ver el plan de Jessie para recuperar el cariño de Bonnie antes de perderse junto a Bullseye en la granja de su dueña original habitada por una familia nueva —compuesta por una niña llamada Blaze y sus padres—; la sensibilidad de Bonnie como una niña tímida adicta a su tableta que recibe burlas de sus compañeras; la colaboración de Jessie con los nuevos juguetes olvidados y un dispositivo para enseñar a ir al baño llamado Smarty Pants; la misión de Woody y Buzz para rastrear a Jessie con ayuda del ejército de Buzz; la tarea de Jessie para lograr que la niña Blaze se haga amiga de Bonnie. 


Las secuencias avanzan a un ritmo plomizo en el que se habla mucho y el humor se vuelve torpe. No hay ni siquiera diversión, gracia o sorpresa alguna. Los personajes icónicos aparecen aquí ridiculizados y emasculados, mientras los nuevos se presentan como arquetipos planos al servicio de un comentario bastante forzado sobre la amistad, el abandono y los efectos de la tecnología digital en el crecimiento infantil; pero ahora arreglado sobre esas modas progresistas de Disney que, como adoctrinamiento, enuncia de forma didáctica conceptos woke de diversidad, empoderamiento femenino y deconstrucción de roles tradicionales de género en el mundo de los juguetes. 


Las voces del doblaje, con el regreso de Tom Hanks y Tim Allen junto a Joan Cusack, ofrecen cierta familiaridad, pero incluso sus interpretaciones parecen cansadas ante un material que no les brinda oportunidades para lucirse. 


Técnicamente, la animación dirigida por Stanton mantiene el estándar visual de Pixar al renderizar, con texturas detalladas y colores vibrantes, los distintos escenarios del mundo de los juguetes. Pero, a fin de cuentas, su ejercicio de animación solo queda como un accesorio superficial de un producto olvidable que, como secuela, parece haber sucumbido a las presiones de la corrección ideológica que solo quiere destruir la inocencia de los niños. 



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Ficha técnica
Título original: Toy Story 5
Año: 2026
Duración: 1 hr 42 min
País: Estados Unidos
Director: Andrew Stanton
Guion: Andrew Stanton, McKenna Harris
Música: Randy Newman
Fotografía: Matt Aspbury, Jean-Claude Kalache
Reparto (voces): Joan Cusack, Tom Hanks, Tim Allen, Greta Lee, Conan O'Brien
Calificación: 5/10
Escape de Los Ángeles

Escape de Los Ángeles es una película de John Carpenter que supone, en cierta medida, una secuela de Escape de Nueva York (1981) que trae de regreso al icónico personaje de Snake Plissken que interpreta Kurt Russell. Se dice que Carpenter tardó más de una década en producirla porque se mostraba reacio a las secuelas, pero la insistencia de Russell finalmente lo convenció para filmarla. Esta anécdota me ha hace razonar lo suficiente como para saber que Carpenter debió guiarse de su intuición para no realizarla porque, francamente, me parece una secuela aburrida y particularmente cutre de la que ni siquiera Russell es capaz de escapar de los clichés, de una trama predecible que frecuenta demasiados lugares comunes en las típicas pretensiones de ciencia ficción de serie B del director. 


La trama, ambientada en un futuro alternativo de 2013 en el que Estados Unidos está gobernado por un presidente teocrático vitalicio y la ciudad de Los Ángeles se convierte en isla-prisión luego de un terremoto masivo —donde son deportados permanentemente todos los infractores de las leyes morales establecidas—, sigue a Plissken cuando es reclutado por órdenes del presidente estadounidense para recuperar en Los Ángeles el control remoto de un arma secreta robada por su propia hija para entregárselo a un terrorista revolucionario peruano conocido como Cuervo Jones, una misión que acepta además a cambio de que se le condone su inminente deportación y por la presión de un virus letal inyectado sobre su cuerpo que lo puede matar en menos de diez horas. 


En general, esta premisa está estructurada siguiendo las fórmulas establecidas por la antecesora, donde Snake es reclutado por un gobierno autoritario para infiltrarse en una zona hostil con el fin de recuperar un dispositivo de control que, por lo regular, funciona como MacGuffin para impulsar el conflicto. 


Sin embargo, el guion no se toma la molestia de añadir algo de sustancia al desarrollo de los personajes lejos de las motivaciones insulsas que describen el asunto, a menudo reduciendo las acciones a un abanico de situaciones predecibles que se resuelven de forma cursi entre tiros, explosiones y facilismos antes de las pausas para diálogos cutres de una línea. 


En este sentido, la película me obliga permanecer bajo una indiferencia que se prolonga con la misión de Plissken al atravesar el páramo postapocalíptico de Los Ángeles para enfrentar con pistola en mano a matones; los planes del comunista Cuervo como el líder revolucionario de Sendero Luminoso para destruir el imperialismo norteamericano con una invasión de naciones del tercer mundo; la colaboración de Plissken con un estafador llamado Eddie para obtener información sobre Cuervo; la ayuda que recibe Plissken de un surfista que aparece antes de un maremoto; la estrategia de Plissken para infiltrar la guarida de Cuervo al colaborar con una mujer transgénero y antigua socia criminal. 


Hay hologramas, capturas, persecuciones, tiroteos, revolucionarios, caos y un sin fin de gratuidades que desafía toda lógica posible del género, sufriendo un tono inconsistente que pierde la cohesión en cada subtrama por esa necesidad de intentar combinar acción exagerada con humor negro bajo una inercia narrativa que, dicho sea de paso, estira las secuencias de una manera repetitiva para acentuar un comentario social algo maniqueo sobre la desigualdad y el autoritarismo. 


Russell hace lo que puede al usar su voz y su destreza física para interpretar de nuevo a Snake Plissken como el antihéroe lacónico y carismático del parche, aunque se reduce aquí a una caricatura que repite one-liners sin evolución alguna. 


A pesar de estos inconvenientes, Carpenter deposita algo de autenticidad en el diseño de vestuario y los escenarios que captan la atmósfera distópica del relato oscuro, además de permitir que se escuche la banda sonora que él mismo compone junto a Shirley Walker. Nada de esto, sin embargo, evita que su secuela tenga un aspecto descuidado y sumamente genérico, sobre todo por unos efectos visuales en CGI bastante pobres para su época que solo reflejan las limitaciones presupuestarias. 



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Ficha técnica
Título original: Escape from L.A.
Año: 1996
Duración: 1 hr 41 min
País: Estados Unidos
Director: John Carpenter
Guion: John Carpenter, Debra Hill, Kurt Russell
Música: John Carpenter, Shirley Walker
Fotografía: Gary B. Kibbe
Reparto: Kurt Russell, Stacy Keach, Steve Buscemi, Peter Fonda, Georges Corraface, Cliff Robertson, Pam Grier
Calificación: 4/10