En La danza de la realidad, Alejandro Jodorowsky recupera su poética de la psicomagia con la finalidad, supongo, de manifestar algunos de los traumas de su propia infancia, en un retrato semi-autobiográfico que marca su regreso a la dirección de cine tras más de 23 años. Comienza, a mi parecer, presentando algunas escenas interesantes que me llaman la atención, pero las dos largas horas que tiene de metraje me parecen excesivas y, a menudo, salgo con la sensación de que es una comedia surrealista bastante insulsa de Jodorowsky, montada casi siempre como un ejercicio anodino de autoindulgencia narrativa y pretensión estética cuando interroga los asuntos sobre el trauma infantil.
La trama, ubicada en el pueblo chileno de Tocopilla, sigue al joven Alejandro como un niño tímido que lleva una relación conflictiva con su padre Jaime, un comerciante judeo-ucraniano y comunista autoritario obsesionado con Stalin; mientras recibe el cariño de su madre Sara, que se comunica con él cantando arias operísticas.
En términos generales, la narrativa parte de esta premisa para estructurar el relato de mayoría de edad sobre las fórmulas del cine surrealista de Jodorowsky que mezcla la comedia absurda con el componente dramático, a menudo con muchísimas escenas simbólicas, donde a veces él mismo rompe la cuarta pared para actuar como narrador y guía.
Sin embargo, el guion opta por una estructura atropellada que, en sus lapsos de anacronismos y circularidad, renuncia a desarrollar a sus personajes para mostrarlos, más bien, como autómatas vacíos que solo funcionan para impulsar un conflicto que se reduce, por lo regular, a diálogos rebuscados y a situaciones previsibles entre gente rara.
Esto tiene como resultado una carga expositiva que, entre otras cosas, debilita lentamente la narración en un cúmulo de actos que se dispersan sobre la inocencia perdida de Alejandro al recibir el maltrato del padre que lo cría con severidad; los paseos del pequeño Alejandro por el poblado donde conversa con enanos circenses y mineros lisiados; los intentos de Jaime para someter a Alejandro a pruebas de autocontrol que incluyen soportar cosquillas y una operación dental sin anestesia; la valentía de Alejandro al unirse voluntariamente como la mascota del cuerpo de bomberos; el plan de Jaime para asesinar al presidente derechista Carlos Ibáñez del Campo con su pistola. La fábula avanza a un ritmo plomizo que, por añadidura, se vuelve errático en su rutina de escenas oníricas, alegorías religiosas, mutilaciones simbólicas y rituales de iniciación.
Todo me parece una antología de obsesiones personales sin mucha profundidad, en la que Jodorowsky elabora un discurso sobre la memoria, el trauma y la resiliencia, desde la alienación de un padre y un hijo que son castigados por el sufrimiento dentro de sistemas de opresión que modifican su comportamiento —uno por la opresión patriarcal y el otro por la opresión política—. El problema de su discurso, por desgracia, es que carece de sustancia porque Jodorowsky impone su visión psicomágica con una solemnidad que roza lo ridículo con las metáforas sobre la "danza" de la realidad cotidiana, la imaginación terapéutica y la superación del antisemitismo.
Al margen de esto, la actuación de Brontis Jodorowsky alcanza cierta autenticidad al ejercer su compromiso físico y expresivo para comunicar los delirios del padre dictatorial y bigotudo. Las demás interpretaciones caricaturescas son algo olvidables.
Técnicamente, Jodorowsky suele encuadrarlo a él y los otros actores en una puesta en escena que deposita sus valores más aceptables en el vestuario estrambótico, el maquillaje circense, el uso del color, el campo-contracampo, el encuadre móvil, y, ante todo, las panorámicas que sirven para lucir las atmósferas esotéricas de la mitología jodorowskiana que se muestran en distintos escenarios que evocan el realismo mágico latinoamericano con los decorados surrealistas. Ninguno de estos elementos, desafortunadamente, evitan que su pretendido acto de magia tropiece antes de que se baje el telón, como una obra hecha a la medida del ombliguismo y las fantasías narcisistas del director.
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Título original: La danza de la realidad
Año: 2013
Duración: 2 hr. 13 min.
País: Chile
Director: Alejandro Jodorowsky
Guion: Alejandro Jodorowsky
Música: Adan Jodorowsky
Fotografía: Jean-Marie Dreujou
Reparto: Brontis Jodorowsky, Jeremias Herskovits, Pamela Flores, Alejandro Jodorowsky, Axel Jodorowsky
Calificación: 5/10






