Robin Hood: el príncipe de los ladrones es una película de Kevin Reynolds que, hasta cierto punto, trata de funcionar como otra adaptación del popular cuento sobre el legendario forajido inglés que, según la leyenda, era hábil como arquero y espadachín durante la Edad Media. Por lo que sé, fue un enorme éxito de taquilla durante su estreno, en los días en que Kevin Costner estaba de moda en Hollywood, pero, vista hoy, me atrevo a decir que es una aventura épica que se vuelve nimia y particularmente convencional, durante dos horas y media que me resultan innecesariamente largas para contar una historia tan simple arreglada por facilismos narrativos.
La trama, situada en el año 1194, sigue a Robin de Locksley, un noble inglés que, tras acompañar al rey Ricardo Corazón de León en la Tercera Cruzada y escapar de una prisión con ayuda de un moro llamado Azeem Al Bakir, regresa a su hogar para vengar la muerte de su padre en manos del cruel sheriff de Nottingham y su despiadado primo Guy de Gisbourne, a quienes decide enfrentar, además, liderando a un grupo de bandidos que habitan en el bosque con Little John y Will Scarlett.
Esta premisa, en un principio, me llama la atención por la manera en que se conjuntan las fórmulas del cine de capa y espada a través de la acción, la aventura y el romance para presentar las hazañas de Robin como el héroe folclórico que roba a los ricos para darle a los pobres. El problema fundamental, no obstante, es que el guion limita demasiado el desarrollo del protagonista al mantenerlo atado a las motivaciones superficiales que justifican sus acciones y, a menudo, opta por colocarlo en unas situaciones circulares que frecuentan demasiados lugares comunes en medio de los clichés.
Cuando esto sucede, no me queda más remedio que permanecer en cierto estado de abulia al observar el juramento de Robin para proteger a su amada Marian; las conspiraciones del Sheriff para subir los impuestos y apoderarse del trono británico con las sugerencias de una anciana bruja; el liderazgo asumido por Robin sobre los bandidos del Bosque de Sherwood luego del duelo con Little John; las estrategias de Robin para superar los ataques de Gisbourne; la notoriedad conseguida por Robin al robar los botines de los gobernantes despóticos y corruptos para entregarlo a los campesinos. La narrativa, por lo regular, combina tropos de la leyenda clásica con subtramas innecesarias que no se integran con coherencia. Avanza a trompicones entre secuencias de acción predecibles y un tercer acto que se alarga hasta la extenuación.
A pesar de esto, Costner me parece que entrega una actuación creíble al interpretar a Hood como un hidalgo astuto que usa su ingenio para huir del peligro y vencer a los villanos con su pericia física para el arco y la flecha, aunque su personaje por momentos me resulta algo hueco y carente de matices expresivos, mientras habla con ese acento que ni siquiera intenta disimular su origen californiano. Mary Elizabeth Mastrantonio, por otro lado, cumple como Marian con dignidad profesional, pero la química con Costner es inexistente. Morgan Freeman, en el papel de Azeem, aporta algo de inteligencia, pero el guion lo reduce con demasiada frecuencia a un acompañante sabio que explica cosas obvias. Y Alan Rickman, en cambio, se roba toda la película al nivelar su registro expresivo para interpretar al Sheriff de Nottingham como una creación convincente de maldad teatral, llena de desprecio, paranoia y frases afiladas. Cada vez que Rickman aparece en pantalla, el resto del reparto parece estar ensayando.
En términos generales, la dirección de Reynolds deposita algunas virtudes en el vestuario, los decorados de época y, ante todo, las atmósferas de Douglas Milsome que captan el panorama medieval con autenticidad. Reynolds también aprovecha la banda sonora de Michael Kamen. Pero, desafortunadamente, ninguno de estos elementos consiguen elevar el material que ofrece sobre el príncipe de los ladrones.
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Título original: Robin Hood: Prince of Thieves
Duración: 2 hr. 23 min.
País: Estados Unidos
Director: Kevin Reynolds
Guion: Pen Densham, John Watson
Música: Michael Kamen
Fotografía: Douglas Milsome
Reparto: Kevin Costner, Mary Elizabeth Mastrantonio, Morgan Freeman, Alan Rickman, Christian Slater, Michael Wincott, Nick Brimble
Calificación: 5/10






