La trama, ambientada durante la era de la Reconstrucción, sigue a Colt Saunders, un exoficial confederado que regresa a su rancho en Texas y contrae matrimonio con una dama que oculta su pasado de prostituta llamada Lorna Hunter, mientras administra el ganado junto a su leal vaquero mexicano Inocencio Ortega y discute con su hermano oveja negra apodado Cinch sobre reclamaciones de terreno.
En general, esta premisa funciona hasta cierto punto por la manera en que construye el relato sobre las fórmulas básicas del western sobre la Reconstrucción, donde el pistolero atormentado trata de redimirse por su pasado en la guerra y se enfrenta a dilemas mundanos que lo arrastran a la inmoralidad; pero mezclando el asunto además sobre las claves del melodrama romántico.
El problema fundamental, no obstante, es que el guion tarda demasiado en establecer el conflicto central y, a menudo, opta por una estructura errática que abandona la cohesión mientras trata de abordar el desarrollo de los personajes, reduciendo sus acciones a una serie de situaciones rutinarias que se debilita lentamente entre diálogos a puerta cerrada.
Con una duración de aproximadamente 100 minutos, el argumento me lleva a permanecer abúlico cuando observo que el barullo se diluye en los instantes en que Colt demuestra su amor por Lorna; el plan de Colt para mejorar la productividad del rancho con Inocencio y sus hijos; las discusiones de Colt con el hermano manco por la herencia; las tretas de los recaudadores de impuestos Harrison y Cable para perjudicar el rancho de Colt y su relación con Lorna. Hay peleas, idilios, vaqueros, caballos, mentiras, revelaciones, tiroteos a la hora pautada.
Pero me resulta particularmente predecible, convencional, con debilidades estructurales que se consumen entre reproches, confesiones y confrontaciones verbales que ralentizan el ritmo hasta el hastío. Los personajes son solo estereotipos vacíos que rellenan las funciones descriptivas. Además, su discurso cae en un moralismo simplista que interrgoga el honor, la redención y el perdón de una manera didáctica que evita ensuciarse al revisar las circunstancias históricas de la Reconstrucción.
Las actuaciones son, al menos, aceptables. Heston, en un rol que anticipa sus icónicos personajes posteriores, ofrece una actuación regular que permite que Colt se vea como un tipo duro y creíble con sus gestos rígidos, aunque su personaje carece de la profundidad necesaria para tomarlo en serio. Baxter, por su lado, no logra trascender el estereotipo de la mujer con un pasado turbio, pero tiene un par de escenas histéricas para demostrar su pericia expresiva. El resto del reparto —incluyendo a Gilbert Roland y Forrest Tucker— se limita a cumplir cuotas narrativas sin añadir nada sustancioso.
La dirección de Maté, conocido por su labor como director de fotografía, deposita algunas virtudes en el diseño de vestuario, los decorados de la época y el uso del plano panorámico para magnificar los paisajes del viejo oeste, aprovechando una fotografía eficaz de Loyal Griggs que le concede un aspecto bucólico a las praderas texanas filmadas con los colores de Technicolor bajo el formato VistaVision. Nada de esto, sin embargo, evita que su western sienta como un producto de encargo anodino, rutinario y desprovisto de alma.
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Título original: Three Violent People
Duración: 1 hr 40 min
País: Estados Unidos
Director: Rudolph Maté
Guion: James Edward Grant
Música: Walter Scharf
Fotografía: Loyal Griggs
Reparto: Charlton Heston, Anne Baxter, Gilbert Roland, Tom Tryon, Forrest Tucker
Calificación: 4/10











