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La cinefilia actual atraviesa un profundo cambio en los hábitos de los cinéfilos, acelerado por la cultura líquida de la era digital. Este ensayo busca aproximarse a este fenómeno.





La sociedad del rendimiento, tal como la describe Byung-Chul Han, ha sustituido la coerción externa por la autoexplotación voluntaria y la positividad ilimitada del “poder hacer”. En ningún ámbito esta lógica se manifiesta con mayor pureza que en la cinefilia contemporánea, esa práctica que antaño se vivía como experiencia ritual de la mirada, descubrimiento pausado y contemplación compartida, y que ahora se ha transformado en una variante particularmente refinada del sujeto de rendimiento: el cinéfilo se autoexplota, mide, registra, verifica, publica y optimiza su consumo cinematográfico con la misma disciplina con la que un emprendedor rastrea sus métricas de Bitcoin. Lejos de liberarse gracias a la abundancia digital, el amante del cine posmoderno ha interiorizado la lógica de la transparencia absoluta y la cuantificación permanente. El placer estético se ha subordinado al imperativo de la visibilidad y la acumulación de capital cultural cuantificable. Y la experiencia cinematográfica, que exigía un tiempo protegido y una atención sostenida, se ha fragmentado en scrolls superficiales, autoplay compulsivo y notificaciones que celebran cada visionado completado como un logro laboral.


Tilly Norwood, actriz de IA, desafía la ontología del cine con simulacros hiperreales. Explora su impacto ético y estético en este ensayo.



Tilly Norwood


El caso de Tilly Norwood, una actriz de inteligencia artificial programada por la división Xicoia de la productora Particle6, emerge como un espectro que transformaría la ontología del cine y el concepto de actuación. Esto invita a repensar lo humano como significante de la imagen porque, en efecto, es una herramienta tecnológica que sería capaz de competir con actores. Se trata de un sujeto-imagen, que introduce el concepto de "actriz generada por IA". Sin un cuerpo que envejezca, Tilly proyecta emociones y diálogos a partir de un archivo digital de performances, almacenado en un flujo de datos que se activa con un prompt, cuya autonomía, por ahora, depende de supervisión humana. Su existencia inmaterial carece del destello imprevisible que hace que un gesto o una mirada resuenen como un eco de la vida, revelando la inmanencia de lo digital en la imagen. Por lo tanto, proclama un cine que consume su esencia ontológica al desprenderse de lo real para convertirse en simulacros de una nueva hiperrealidad, un fenómeno que abre interrogantes éticas y estéticas sobre el arte cinematográfico.


El siguiente ensayo tiene como objetivo investigar las rupturas estéticas en la historia del cine dominicano hasta el siglo XXI.



Cocote


El cine dominicano, como manifestación cultural de una nación caribeña marcada por la dictadura trujillista, los flujos migratorios transnacionales y las tiranteces sociopolíticas posbalagueristas, ha experimentado una evolución estética que se caracteriza por rupturas significativas en sus formas narrativas, visuales y temáticas. En su memoria todavía quedan las huellas imborrables de comedias comerciales con narrativas lineales cercanas al telefilme y guiones pobres en su nomenclatura, producciones de cuestionable “calidad” técnica que ponen en duda las pericias de los involucrados; esas que de vez en cuando siguen estrenándose en las salas de cine comercial para procurar la atención de un público más o menos acostumbrado a mirar programas cómicos de la televisión local. Pero su progresión histórica, hasta el día de hoy, refleja a la vez producciones con presupuestos exiguos que subrayan ya nuevas rupturas epistemológicas en sus pretensiones de formalismo estético, premiadas en festivales internacionales de cine por su exploración rupturista de realidades socioculturales, antropológicas y políticas. El Nuevo Cine Dominicano es ya una realidad palpable como movimiento o, mejor dicho, como período innovador de la historia de nuestro cine. Para entender cómo ha ocurrido esto en apenas una década, me dispongo a adoptar una perspectiva diacrónica-sincrónica para trazar las innovaciones estéticas de algunas películas criollas y, asimismo, identificar los contrastes dentro de periodos específicos, como la coexistencia de comedias comerciales orientadas al mercado masivo y dramas autorales con un enfoque primordialmente denunciatorio en la era post-Ley 108-10, en un intento de destacar cómo estas dinámicas internas enriquecen el ecosistema cinematográfico dominicano y manifiestan, de igual forma, tensiones estéticas inherentes a la producción cultural en contextos periféricos.