Amos del UniversoAmos del universo es una película de Travis Knight que busca resucitar, entre otras cosas, la icónica franquicia de juguetes creada por Mattel junto a la serie de animación de los 80. Lejos de honrar el legado nostálgico en la cultura pop de los dibujos animados, lo que encuentro en sus dos largas horas es lo suficientemente mediocre como para saber que hasta la idea de reciclar propiedades intelectuales tiene sus límites porque, francamente, como fantasía de espada y brujería frecuenta lugares comunes hasta volverse aburrida y predecible, en una narrativa plomiza que está poblada de personajes vacíos que parecen operar como figuras de plástico. 


La trama sigue a Adam, el joven príncipe del planeta Eternia que entrena junto a su amiga Teela en el arte de la batalla por el jefe de la Guardia Real Duncan, pero cuya vida cambia luego de escapar de la destrucción de su reino en el Castillo Grayskull y la muerte de su familia causada por el malvado hechicero Skeletor, donde atraviesa un portal a la Tierra cargando la Espada del Poder y termina, 15 años después, tratando de adaptarse a la vida adulta trabajando en una empresa en Oklahoma mientras trata de recuperar la espada perdida. 


Esta premisa se estructura, desde el principio, sobre las fórmulas genéricas de la ciencia-ficción y el cine fantástico de espada y brujerías, donde el héroe principal es un guerrero con poderes místicos que blande su espada para vencer a un hechicero perverso y salvar a su reino en nombre de la justicia. 


Sin embargo, el guion debilita gradualmente el desarrollo de Adam hasta convertirlo en un héroe superficial que solo rellena descripciones insulsas para justificar su motivación, además de reducir sus acciones a diálogos cutres y escenas de combate predecibles, en medio de una serie de situaciones expositivas que, a menudo, permanecen girando sobre una circularidad de clichés y facilismos que fallan en los intentos de profundizar en los conflictos internos de los personajes. 


En este sentido, no puedo eludir la impresión de fatiga que recibo al ver la obsesión de Adam por encontrar la espada antes de superar sus miedos "fálicos"; el regreso de Adam hacia Eternia en la nave de Teela antes de reunirse con Duncan y Roboto en una prisión; los monólogos de Skeletor tras castigar a sus secuaces ineptos; el discurso motivacional de Adam para convencer a los guerreros Fisto, Ram-Man, Dian y Mekaneck de que se unan a su causa; la batalla final en la que los guerreros enfrentan a los malos mientras Adam usa la espada para invocar el poder de Grayskull y derrotar a Skeletor. Hay persecuciones, peleas, hechicería, rituales, poderes mágicos. 


Pero casi nada funciona porque, por lo regular, la narrativa está condicionada de fábrica por esa moda woke de estereotipos progresistas de Hollywood —feminista empoderada, héroe emasculado, diversidad gratuita, inclusión selectiva— que solo buscan tergiversar la masculinidad de He-Man de una manera bastante artificiosa que profana el material original con chistes de doble sentido que parecen insertados para cumplir cuotas. 


Nicholas Galitzine ofrece una presencia física aceptable para representar a He-Man con su corpulencia, pero lo que hace y dice no tiene fuerza ni convicción. Jared Leto tiene algunos momentos interpretando a Skeletor, pero su personaje es solo un villano caricaturesco. El resto del elenco no tiene ni siquiera química porque está constituido por arquetipos sin desarrollo, reducidos a proporcionar explicaciones rebuscadas. 


Desde el punto de vista técnico, Knight deposita algunas de sus virtudes en la construcción de los escenarios fantásticos, el diseño de vestuario y, ante todo, los efectos especiales que conciben las secuencias de batalla en Eternia con sus paisajes, las explosiones y criaturas de CGI. Knight también se asegura de que la música de Daniel Pemberton se escuche con el leitmotiv original. No obstante, estos elementos que incorpora son insuficientes para evitar la falta de gancho que hay detrás de esta nueva aventura sobre He-Man y los maestros del universo.



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Ficha técnica
Título original: Masters of the Universe
Año: 2026
Duración: 2 hr. 20 min.
País: Estados Unidos
Director: Travis Knight
Guion: Chris Butler, Aaron Nee, Adam Nee, David Callaham.
Música: Daniel Pemberton
Fotografía: Fabian Wagner
Reparto: Nicholas Galitzine, Camila Mendes, Alison Brie, Idris Elba, Jared Leto, James Purefoy
Calificación: 4/10
El fin del mundo

El fin del mundo, dirigida por August Blom para la productora danesa Nordisk Film, es una película muda que constituye, dicho sea de paso, una de las primeras incursiones en el subgénero del cine de catástrofes. Está firmada con un guion de Otto Rung. Y además se dice que, en el momento de su estreno, atrajo a una gran audiencia por los temores causados durante el paso del cometa Halley seis años antes y los disturbios que se vivían durante la Primera Guerra Mundial. Como drama mudo de ciencia-ficción tiene algunas cosas aceptables que se manifiestan, a menudo, en los efectos especiales adoptados por Blom para reflejar la catástrofe mundial, pero su narrativa es particularmente superficial mostrando las histeria de los personajes, dejándome con la sensación de que le falta algo de profundidad para ampliar la síntesis discursiva sobre el choque de clases. 


La trama reúne a varios personajes —dos astrónomos, un empresario rico, un capataz, dos hermanas, un minero— alrededor del conflicto generado cuando unos científicos descubren un cometa en curso de colisión con el planeta Tierra, mientras un millonario llamado Frank Stoll aprovecha el pánico para especular en el mercado bursátil y manipular a la prensa para ocultar la noticia al pueblo. 


En general, esta premisa sencilla edifica el argumento estableciendo las pautas del cine de catástrofes, en la que un grupo de personas intenta sobrevivir a un cataclismo inevitable en medio del pánico colectivo. Sin embargo, el guion me parece bastante débil porque, por añadidura, no se toma la molestia de desarrollar a los personajes lejos de las descripciones triviales que impulsan sus motivaciones entre los intertítulos, además de que reduce las acciones de todos a una serie de situaciones predecibles arregladas sobre dilemas amorosos, intrigas financieras y cálculos científicos. 


Debido a esto soy incapaz de contener la abulia que me causa ver la investigación de los astrónomos para determinar la trayectoria del cometa y emitir un comunicado alertando sobre el impacto del cometa; la vida cotidiana de la familia del capataz West y sus dos hijas: la virtuosa Edith y la impulsiva Dina; la avaricia del magnate Stoll antes de casarse con la caprichosa Dina y especular en la bolsa para aumentar su riqueza; el día del juicio en el que los ricos y los pobres se enfrentan antes de la hecatombe. 


La primera mitad se desarrolla como un melodrama convencional centrado en los conflictos románticos y los estereotipos sociales, con un ritmo que dilata innecesariamente la introducción del elemento catastrófico. La segunda, en cambio, muestra la histeria masiva de una manera apresurada que solo coloca a los personajes como fichas en un tablero con la finalidad, supongo, de esclarecer un comentario social trillado y maniqueo sobre la presunta "lucha de clases" que se observa entre los pobres y los ricos en la estructura económica del capitalismo, donde el cometa ejerce una función simbólica que, de igual modo, metaforiza el sufrimiento de la gente frente a las consecuencias de la guerra, cayendo a veces en clichés morales simplistas y un tono didáctico que resta valor al asunto científico. 


Al margen de esto, la actuación de Olaf Fønss me resulta decente al ejercer su registro expresivo para interpretar a un hombre megalómano e inescrupuloso, a pesar de que su personaje queda reducido a la figura de un villano caricaturesco. 


La dirección de Blom, entre otras cosas, consigue depositar algunas de sus virtudes en los decorados de los escenarios y, ante todo, en los efectos especiales que reflejan su ambición visual para representar el caos del desastre natural en las secuencias impactantes de inundaciones, incendios y paisajes desolados de destrucción, utilizando lluvias de chispas de fuego y cortinas de humo en los grandes planos generales. Técnicamente, Blom permite que estas secuencias, encuadradas con la fotografía de Louis Larsen, transmitan una sensación de escala épica y terror existencial en locaciones reales, aunque, por desgracia, son insuficientes para elevar su relato postapocalíptico regular sobre la fragilidad humana. 



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Ficha técnica
Título original: The End of the World (Verdens Undergang)
Año: 1916
Duración: 1 hr. 17 min.
País: Dinamarca
Director: August Blom
Guion: Otto Rung
Música: N/A (muda)
Fotografía: Louis Larsen, Johan Ankerstjerne
Reparto: Alf Blutecher, Olaf Fønss, Johanne Fritz-Petersen, Frederik Jacobsen, Ebba Thomsen
Calificación: 6/10
En la zona gris
En la zona gris es una película de Guy Ritchie que constituye, hasta cierto punto, un ejercicio de repetición estilística que manifiesta ya los límites creativos del director británico en el cine de acción. A medida que avanza me doy cuenta de inmediato de que, por añadidura, es un thriller de acción convencional y predecible, que divaga demasiado entre planes estratégicos con los operativos que interpretan Jake Gyllenhaal y Henry Cavill de una manera despreocupada. 


La trama sigue a Sid y Bronco, dos agentes de élite que son contratados por la abogada Rachel Wild para recuperar mil millones de dólares robados por un empresario corrupto llamado Manny Salazar, mientras preparan una operación de extracción en la isla del multimillonario como una medida de escape por si falla la negociación de la deuda. 


En general, esta premisa estructura el relato desde las fórmulas del cine de acción y el thriller de aventura internacional, donde los agentes secretos realizan la misión haciendo uso de sus habilidades especiales para iniciar una campaña de sabotaje, soborno y engaño antes de enfrentar a los enemigos con pistola en mano. 


Sin embargo, el guion no se toma la más mínima molestia de desarrollar a los personajes y, a menudo, opta por reducir sus acciones a una serie de situaciones explicativas que nunc evade las demandas expositivas de los diálogos, donde básicamente se habla más de lo necesario para justificar el conflicto. 


Esto, por definición, me invita a permanecer en un estado de abulia al ver las operaciones secretas de Bronco y Sid para desestabilizar con facilidad los negocios del villano megalómano Salazar; las estrategias de Sid y Bronco con su equipo cuando adquieren un arsenal de armas y vehículos para preparar los distintos planes de contingencia para evacuar a Rachel; la captura de Rachel luego de la victoria legal sobre la incautación de activos de Salazar; la misión nueva de Sid y Bronco para rescatar a Rachel improvisando sobre vías alternativas de escape. Hay conversaciones sobre mentiras, clientelismo, finanzas, corrupción corporativa. Pero el barullo del plan de recuperación se convierte en una escalada de violencia gratuita y coloquios insulsos que solo conducen a secuencias de acción predecibles. 


Los giros argumentales se anuncian con anticipación, y los supuestos "momentos ingeniosos" caen en la redundancia. Además, el asunto se ve atropellado por una falta de ritmo que se videncia a lo largo de esa duración de 98 minutos que pretende ser ágil, pero cuya instancia en explicar cada paso del plan genera un efecto contrario: lentitud intermitente seguida de resoluciones precipitadas en la que los agentes resuelven el problema sin muchas dificultades cuando eliminan a los enemigos. 


Al margen de esto, Cavill y Gyllenhaal demuestran cierta pericia física para las escenas de acción, además de mostrar cierta sinergia como el dúo de especialistas carismáticos que, en su camaradería masculina, hablan en tono sarcástico sobre la logística de la misión; aunque sus personajes —Sid y Bronco— permanecen como arquetipos vacíos: versiones genéricas de esos antihéroes de Ritchie que intercambian insultos juguetones sin transmitir nada sorpresivo. Eiza González, por su parte, sufre el peor tratamiento: su personaje es una “mujer empoderada" que pronuncia declaraciones sin que el guion le otorgue agencia fuera del rasgo estereotipado que la deja de accesorio femenino. 


Técnicamente, la dirección de Ritchie deposita su mayor eficacia en el vestuario elegante, los escenarios exótico-sofisticados y algunas modalidades del encuadre móvil para dinamizar las secuencias de acción con efectos prácticos. Hay cierto desempeño en lo que Ritchie trata de hacer aquí, pero, en última instancia, es insuficiente para extraer algo de potencia de una película superficial que carece de riesgo antes de perderse entre explosiones, persecuciones y tiroteos mecánicos.



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Ficha técnica
Título original: In the Grey
Año: 2026
Duración: 1 hr. 38 min.
País: Reino Unido
Director: Guy Ritchie
Guion: Guy Ritchie, Paul Tamasy, Eric Johnson
Música: Christopher Benstead
Fotografía: Ed Wild
Reparto: Jake Gyllenhaal, Henry Cavill, Eiza González, Kristofer Hivju, Rosamund Pike, Carlos Bardem
Calificación: 5/10

Descubre las reflexiones de Guillermo del Toro sobre creatividad, monstruos y su visión de Frankenstein en esta profunda entrevista BFI.



Guillermo Del Toro


En una reveladora conversación con el British Film Institute, Guillermo del Toro profundiza en los pilares de su cine: la creatividad como acto de rebeldía y la necesidad de abrazar lo monstruoso. El aclamado director mexicano reflexiona sobre cómo eventos fundamentales de su vida han moldeado su filmografía, desde El laberinto del fauno y Hellboy hasta Pacific Rim y su apasionante versión de Frankenstein.


Del Toro enfatiza que cada película es, en cierto modo, autobiográfica. Explora temas universales como la paternidad, el deseo, el dolor y la redención, defendiendo que los monstruos no deben temerse, sino comprenderse. “Nunca temas a los muertos, teme a los vivos”, afirma, destacando la humanidad en lo grotesco.


Esta entrevista es una masterclass para cineastas y amantes del cine fantástico, donde Del Toro reafirma su compromiso con historias que celebran la diferencia y la imaginación sin límites. 


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