La trama, ubicada cuatro años después de haber sido olvidado por todos por el hechizo de Doctor Strange, sigue a Peter Parker en los días en que es un vigilante a tiempo completo en Nueva York, mientras observa desde lejos cómo Michelle “MJ” Jones y Ned Leeds siguen adelante con sus vidas, aunque su labor como Spider-Man se complica cuando debe enfrentar la amenaza invisible de un villano que se mueve de mente en mente.
Desde el principio, esta premisa me resulta peculiarmente ingeniosa por la forma en que la narrativa se distancia de las predecesoras al adoptar un tono misterioso que, por lo regular, se equilibra entre el drama, la aventura y la acción que es habitual en el cine de superhéroes. En medio de este equilibrio genérico, el guion encuentra el espacio para desarrollar aún más la psicología interna de Peter Parker, además de cohesionar sus motivaciones personales sobre un abanico de situaciones impredecibles que se toman su debido tiempo para establecer el conflicto sobre diálogos escuetos y exposición calculada.
En este sentido, permanezco enganchado con las peripecias que suceden entre las hazañas de Spider-Man para contener a Escorpión y otros villanos en persecuciones por las calles neoyorquinas; las pruebas de Spider-Man por sugerencia de Bruce Banner para adaptarse a los sentidos agudizados y telarañas orgánicas que brotan de sus muñecas; la lucha de Spider-Man contra la legión de La Mano para detener a la telépata que busca un dispositivo en el edificio del Departamento de Control de Daños (DODC).
El asunto funciona con las secuencias de acción trepidantes y las escenas dramáticas que, por añadidura, permiten interrogar la existencia de Peter Parker como un individuo afectado por la culpa y la soledad, cuyo aislamiento lo obliga a cuestionar la responsabilidad de un héroe famoso querido por todos y el abandono de un hombre anónimo que procesa el dolor de no tener amigos ni familia porque decidió alejarse para protegerlos, mientras su mente y su cuerpo sufren una transformación —la ausencia de amistades, el duelo por la tía May y la presión constante de proteger la ciudad desencadenan un cambio físico y psicológico en él que descontrola sus poderes—.
A nivel expresivo, Holland entrega una interpretación solvente como Peter Parker, pues ya no es el adolescente inseguro, sino un joven adulto herido, obstinado y solitario que sufre en silencio el miedo de volver a acercarse a la gente antes de descubrir el valor de aceptarse a sí mismo, aunque aún conserva el humor y la humanidad que lo hacen tan querible, junto a la destreza física para las escenas de riesgo que demuestra con el traje de Spider-Man. Su química con Zendaya está intacta por razones obvias. También provee algo de alivio cómico en las escenas que se roba Jon Bernthal como Frank Castle/The Punisher. Y deja que Sadie Sink se destaque en un papel complejo que añade capas de tragedia.
La dirección de Cretton consigue equilibrar las secuencias de acción y los instantes dramáticos aprovechando unos efectos visuales que dimensionan la atmósfera de caos urbano, aunque a veces su ejecución tiende a sentirse un poco sobrecargada por la urgencia de querer abarcar más de lo necesario hasta perder el ritmo. Cretton también deja que la banda sonora de Michael Giacchino haga su trabajo para complementar las escenas de adrenalina y melancolía. Todo esto, en última instancia, logra que su película abra, de manera emocionante, un nuevo capítulo del vecino amistoso de Marvel.
Streaming en:
Título original: Spider-Man: Brand New Day
Duración: 2 hr 25 min
País: Estados Unidos
Director: Destin Daniel Cretton
Guion: Chris McKenna, Erik Sommers, Justin Kuritzkes
Música: Michael Giacchino
Fotografía: Brett Pawlak
Reparto: Tom Holland, Zendaya, Jacob Batalon, Sadie Sink, Jon Bernthal, Mark Ruffalo, Michael Mando, Tramell Tillman
Calificación: 7/10
















