Las guerreras K-pop es una película animada de Maggie Kang y Chris Appelhans que representa, hasta cierto punto, un intento de capitalizar el fenómeno global del K-pop con una fórmula que combina idolatría musical con tropos de fantasía urbana, ajustada a esas nomenclaturas de adoctrinamiento cultural de Netflix. En apenas una hora y media, deduzco que su aclamación, que la ha conducido a ser la más vista de dicho servicio, es un claro síntoma de que ya la gente se entretiene con cualquier cosa porque, francamente, me parece una película animada superficial, aburrida y estéticamente inconsistente, que desperdicia sus oportunidades narrativas al subordinar a sus personajes a un discursito rebuscado sobre identidad que se repite hasta la náusea. La trama sigue a Rumi, una "muchacha" que junto a sus dos amigas, Mira y Zoey, forma parte de un grupo femenino de K-pop conocido como Huntrix, donde divide su tiempo entre los conciertos abarrotados de fans y los tiempos libres dedicados a la cacería nocturna de demonios, mientras trata de sanar las cicatrices del pasado al relacionarse con Jinu, un humano convertido en demonio que pertenece a una banda de chicos llamada Saja Boys. En general, la premisa tiene un arranque decente cuando se ajusta a la fórmula animada de aventura fantástica. El problema, no obstante, es que el guion estropea el desarrollo de los personajes al reducir sus acciones a unos facilismos que se amplifican, entre otras cosas, sobre un abanico de situaciones predecibles que siempre se mantiene en la circularidad de los musicales y traumas no resueltos. Esto se evidencia en la faena de las tres cantantes como cazadoras de los demonios llamados Honmoon; las inseguridades de Rumi como una persona afectada por el secreto de ser mitad demonio que le hace perder su voz y le deja marcas en la piel; los eventos de Huntrix para ganar popularidad con sus nuevos sencillos frente a la rivalidad de los Saja Boys; el plan secreto de Rumi y Jinu para romper la maldición de la herencia demoníaca milenaria y obstruir los planes villanescos del gobernante Gwi-Ma. Estas subtramas se presentan sin ninguna sorpresa. Los conflictos internos del trío protagonista se resuelven a través de diálogos expositivos y revelaciones apresuradas, dedicando además demasiado tiempo a números musicales repetitivos —en las secuencias donde las letras de las canciones exteriorizan las obviedades— y muy poco a la construcción de personajes secundarios o al mundo mitológico que pretende construir. Esto sucede de manera reiterada, supongo, porque los directores subordinan las motivaciones de los personajes a un discurso esquemático sobre identidad, empoderamiento y autoaceptación, entendido como los dilemas de unas personas que se niegan a aceptarse a sí mismas por el miedo que le produce la presión social de unas normas tradicionalmente establecidas que "oprimen" a todo lo que se percibe como "diferente" dentro del los rangos del sentido común. A modo subtextual, presenta asimismo una lectura feminista sobre igualdad de género a través de mujeres que desafían la dinámica dominada por los hombres tanto de la industria del K-pop como de una sociedad patriarcal, donde la música funciona como el instrumento de curación psicológica. Pero esta síntesis discursiva, por añadidura, es demasiado contradictoria y acomodaticia como para resistir un análisis serio al idealizar la fama sin cuestionarla. La pequeña virtud de la película reside, a menudo, en el colorido diseño de animación inspirado en el folclore surcoreano y las texturas de los personajes asiáticos que mimetizan los estereotipos estrafalarios de los ídolos del K-pop, logrado mediante una animación CGI que simula intencionalmente una estética de animación 2D al mezclar técnicas estilizadas de renderizado y fotogramas reducidos. Algunas canciones, como "Soda Pop" y "How It's Done", se incorporan con cierta urgencia por la parte sonora. Ninguno de estos elementos, por desgracia, evitan la fatiga prolongada que me produce ver las trivialidades y los clichés genéricos, de una película animada que no me dice nada significativo sobre los nuevos fenómenos culturales.
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Ficha técnica
Año: 2025
Duración: 1 hr. 38 min.
País: Estados Unidos
Director: Chris Appelhans, Maggie Kang
Guion: Danya Jimenez, Hannah McMechan, Maggie Kang, Chris Appelhans
Música: Marcelo Zarvos
Fotografía:
Reparto (voces): Arden Cho, Ahn Hyo-seop, May Hong, Ji-young Yoo, Kim Yoon-jin
Calificación: 4/10


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