Crítica de la película «Godland» (2022)

Godland
Godland es una película islandesa que supone, entre otras cosas, el tercer largometraje del director Hlynur Pálmason. Tiene una duración excesivamente larga que, en dos horas y media, me obliga a razonar lo suficiente como para saber que es igual de regular que Un blanco, blanco día (Pálmason, 2019) porque, a pesar de ciertas virtudes estéticas encontradas en sus atmósferas naturalistas nórdicas, su narrativa es algo dúctil y atraviesa terrenos comunes que debilitan su síntesis discursiva sobre las contrariedades de la fe luterana, la fragilidad humana y el colonialismo religioso en la Islandia decimonónica, dejándome con la sensación de que casi no hay nada relevante para aprender detrás de sus asuntos sobre el presunto orden social secularizado. Su trama, ambientada a finales del siglo XIX, sigue la existencia de Lucas, un sacerdote danés que es enviado a un pequeño pueblo islandés en las montañas con el propósito de tomar fotografías para supervisar la edificación de una iglesia parroquial, pero cuya travesía a caballo lo coloca en la senda del calvario una vez que es atormentado por cuestiones que ponen a prueba su fe y su moral religiosa; mientras choca violentamente con un campesino desconfiado llamado Ragnar y lleva una relación secreta con una mujer llamada Anna. En términos generales, la narrativa parte de esta premisa para estructurar la historia del cura bajo las nomenclaturas usuales del drama de época sobre religión, en el que se suele mostrar las dudas de un párroco que profesa los preceptos religiosos mientras entra en conflicto interno con su propia naturaleza humana. El problema fundamental, no obstante, es que el guion de Pálmason no le concede desarrollo psicológico a las motivaciones que sustentan las acciones de Lucas y los demás personajes, puesto que opta por mantenerlos ubicados en un espacio de situaciones rutinarias que, a menudo, quedan estancadas en la circularidad expositiva que renuncia lentamente a la profundidad dramática ante la imposibilidad de ajustar sus dimensiones internas lejos de las obviedades descriptivas de la superficie del relato. Las escenas tienden a reducirse a diálogos al aire a libre, que suceden entre el largo viaje por la pradera y la visita al poblado de devotos con la finalidad, dicho sea de paso, de construir un discurso sobre el sufrimiento y la hipocresía de la fe, entendido como la pérdida de creencia de un padre sinuoso que, detrás de los silencios, cruza a su antojo la delgada línea de los pecados a través de la sexualidad reprimida, el desprecio hacia el prójimo incrédulo y la imposición religiosa, en un entorno hostil de gente ortodoxa que castiga a los extranjeros. Este discurso es interesante hasta cierto punto, pero Pálmason comete el error de no plantear suficientes interrogantes para añadirle sustancia al barullo maniqueo que demoniza la institución tradicional del sacerdocio y blanquea la violencia de la comunidad campesina. A pesar de estas debilidades, la interpretación de Elliott Crosset Hove me resulta algo convincente cuando utiliza la mirada y los gestos para comunicar el colapso espiritual del sacerdote aunque su personaje sea unidimensional. Ingvar Eggert Sigurdsson, en cambio, se roba casi todas las escenas con su destreza física y expresiva para interpretar al ayudante servicial y agresivo. Ambos le sirven a Pálmason para poner de manifiesto sus herramientas estéticas en una puesta en escena que, por añadidura, emplea correctamente la elipsis, el fuera de campo, el plano fijo, el diseño de vestuario, el primer plano, el uso del encuadre móvil y, ante todo, las panorámicas que captan con tonalidad fría los amplios paisajes campestres con la lente de 35mm de Maria von Hausswolff que subraya su poesía visual en cascadas imponentes, llanuras volcánicas y nieblas eternas que simbolizan la insignificancia del ser humano. La banda sonora, de igual modo, es decente con su leitmotiv de cuerdas. Todo lo demás, dentro de su rigidez estructural, permanece estacionado en un drama irregular y austero sobre los límites de la fe. 


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Ficha técnica
Título original: Godland (Vanskabte Land)
Año: 2022
Duración: 2 hr. 23 min.
País: Islandia
Director: Hlynur Pálmason
Guion: Hlynur Pálmason
Música: Alex Zhang Hungtai
Fotografía: Maria von Hausswolff
Reparto: Elliott Crosset Hove, Ingvar Eggert Sigurdsson, Victoria Carmen Sonne, Jakob Ulrik Lohmann, Ída Mekkín Hlynsdóttir
Calificación: 6/10


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