Buena suerte, pásalo bien, no mueras es una película que supone, en cierta medida, el regreso de Gore Verbinski a la dirección tras casi una década de ausencia. Está arreglada sobre los temas de inteligencia artificial que están de moda en la cultura popular, pero, a pesar de la originalidad de su premisa y de la presencia loca de Sam Rockwell, como comedia de ciencia ficción adolece de irregularidades narrativas que debilitan el asunto predecible sobre viajes en el tiempo y el impacto negativo de la IA en la dependencia tecnológica, en algunos momentos que me hacen cuestionar, en más de una ocasión, la integridad del guion de Matthew Robinson.
La trama sigue a un hombre del futuro que, ataviado con un traje de plástico y cables, irrumpe en un concurrido restaurante de Los Ángeles y toma como rehenes a sus clientes para reclutarlos en una misión desesperada por salvar a la humanidad de un apocalipsis causado por una IA descontrolada.
En lo particular, la narrativa estructura esta idea con un enfoque original que, en principio, es interesante cuando se integra sobre las fórmulas de la aventura, la comedia negra, el terror de zombis y la ciencia-ficción, además de mezclar tópicos de otras películas similares como Hechizo del tiempo (Ramis, 1993), 12 monos (Gilliam, 1995) y Código fuente (Jones, 2011).
El problema central, no obstante, es que el guion pierde demasiado tiempo desarrollando las motivaciones de algunos personajes para justificar sus acciones mediante flashbacks y, a menudo, opta por colocarlos en un espacio de situaciones predecibles que nunca abandona la circularidad del conflicto iniciado por el protagonista entre la paranoia, el caos y los diálogos rebuscados a puerta cerrada sobre el fin del mundo. En este sentido, solo consigo recibir con abulia las excentricidades que ocurren con los dos profesores que intentan desactivar a unos alumnos obsesionados con sus teléfonos inteligentes; la madre angustiada que trata de superar el comportamiento antinatural del clon de su hijo fallecido; la chica con alergia a los dispositivos electrónicos y al Wi-Fi que pierde a su pareja por un juego de realidad virtual; el viajero del tiempo afectado por la muerte de su madre que busca al creador de la IA para instalar un protocolo de seguridad en una unidad USB que garantice la normativa operacional de la IA.
La propuesta en sí misma es ambiciosa hasta cierto punto, pero la falta de cohesión le pasa factura porque la preocupación Verbinski, por lo visto, es utilizar a los personajes como autómatas solo para figurar un discurso maniqueo sobre la interdependencia tecnológica y los riesgos éticos de la IA, entendido como la existencia de un individuo que ha programado su propio destino en un simulacro de realidad virtual, donde el tropo del viaje en el tiempo es solo el producto de una simulación hecha por la misma IA que él ha creado y lo ha dejado en un laberinto sin salida (dando a entender que está atrapado en su propia creación). Este texto me resulta pertinente dentro de los marcos filosóficos de la IA, aunque roza el sermón didáctico.
A pesar de esta síntesis discursiva, la actuación de Rockwell me parece particularmente carismática y desquiciada, capaz de equilibrar el histrionismo con vulnerabilidad cuando emplea su registro expresivo para interpretar a un "viajero temporal" que ha vivido el mismo escenario en múltiples líneas temporales para alterar el curso de los acontecimientos. El elenco de apoyo —Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz y Juno Temple— es decente en sus respectivos arcos de relleno.
Verbinski suele encuadrarlos en una puesta en escena que deposita sus valores más notables en el vestuario, el diseño de producción y, ante todo, los efectos visuales que crean el imaginativo mundo absurdo de la IA con la fotografía eficiente de Jim Whitaker. Ninguno de estos elementos, desgraciadamente, la alejan de las zonas irregulares que atraviesa para subrayar cómo la IA ha cambiado aspectos esenciales de la vida humana.
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Título original: Good Luck, Have Fun, Don't Die
Año: 2025
Duración: 2 hr. 14 min.
País: Estados Unidos
Director: Gore Verbinski
Guion: Matthew Robinson
Música: Geoff Zanelli
Fotografía: Jim Whitaker
Reparto: Sam Rockwell, Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz, Juno Temple
Calificación: 6/10


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