Crítica de la película «Sala de profesores» (2023)

Sala de profesores
En Sala de profesores, el director alemán de origen turco, İlker Çatak, examina los dilemas éticos del profesorado siguiendo la ruta de otras películas similares donde un profesor es acorralado por el estudiantado, como sucede en La clase (Cantet, 2008), La cacería (Vinterberg, 2012), El estudiante (Serebrennikov, 2016) y El taller de escritura (Cantet, 2017). No es precisamente una película que esté fuera de serie en el marco de esos tópicos, pero me parece interesante por las cuestiones que plantea sobre el oficio. De entrada, me parece un drama sólido, que se intensifica con una actuación notable de Leonie Benesch y un comentario que, debajo de su ejercicio ético de pedagogía y calumnia, interroga el racismo estructural y la condición de los inmigrantes en la sociedad alemana contemporánea, en el que permanezco adherido a mi asiento durante la hora y media que dura el asunto, sin preocuparme en ningún momento por la llegada de los créditos. Su trama se sitúa en Alemania y sigue la vida de Carla Nowak, una profesora de calistenia y matemáticas que imparte sus clases por primera vez en una escuela de secundaria, mientras es testigo de una cadena de robos que pone en alerta al personal docente (se sospecha de un estudiante); pero cuya existencia se coloca cuesta abajo cuando un día deja la cámara de su laptop y empieza a sospechar que la comete del delito es una señora que trabaja como bibliotecaria, madre también de un estudiante rebelde llamado Oskar. A un ritmo tenso, producto de un conciso trabajo de montaje, la narrativa del misterio escolar me intriga los suficiente como para pasar un rato placentero al que le dedico todo mi interés cuando la profe angustiada por descubrir la verdad se obsesiona hasta el punto de la fractura psicológica, mostrado con mayor impacto desde el conflicto ocasionado por la evidencia almacenada en el ordenador, la negativa del cuerpo docente que investiga el caso y el estudiante que buscar por su cuenta limpiar el nombre de su madre. El espacio del recinto escolar desempeña un papel preponderante que es utilizado por Çatak para representar, desde la perspectiva de una profesora que parece como si estuviera encarcelada, una realidad social que dialoga sobre los prejuicios sociales entendido como la lucha por la justicia de un inmigrante de familia disfuncional que asume la culpa de sus actos para manifestar la ausencia de libertad de expresión y el racismo sistemático que todavía supone un desafío para el sistema educacional de las instituciones alemanas, además de subrayar la autoridad burocrática que vigila de cerca la privacidad de los otros para custodiar la alteridad del orden establecido. Esto es particularmente cierto cuando Oskar trata de destruir la prueba que incrimina a su madre y manipula a los demás estudiantes para perjudicar la reputación de la profesora Carla, en un suceso de rebeldía que acentúa su ira y su cleptomanía como una muestra de la discriminación que recibe de los otros alumnos y que ha soportado en silencio desde su ingreso a la escuela. El dispositivo del robo es un recurso narrativo que funciona para añadirle sustancia a la intertextualidad del discurso. Y el uso proxémico del espacio configura las escenas en las aulas, los pasillos y los salones de clase con algunos de los registros habituales del thriller carcelario, en el que todo aparenta estar esquematizado en la superficie como si se tratara de una cárcel habitada por los profesores y los estudiantes divididos por un muro. Aquí la escuela no es más que la representación de una sociedad, donde los profesores simbolizan a las autoridades y los estudiantes son los ciudadanos que exigen sus derechos. El tono claustrofóbico se eleva con algunos de los instrumentos empleados por Çatak para dinamizar la puesta en escena a través de la elipsis, la marcada relación de aspecto 4:3, el plano subjetivo, el primer plano, el uso psicológico del color azul, el plano secuencia que se origina por el encuadre móvil de una cámara en constante movimiento y, sobre todo, la música diegética que solidifica la paranoia de la profesora con su leitmotiv de piano y violín. Pero nada de eso funcionara sin la actuación de Benesch. Ella tiene algo que le agrega profundidad al barullo cuando usa la mirada y los gestos para comunicar la crisis de una profesora honesta que legitima su integridad al ser intermediaria entre una madre indignada, profesores prejuiciosos y unos estudiantes insubordinados. La ambigüedad moral del relato cobra otra dimensión cuando ella está en pantalla.

Ficha técnica
Título original: The Teachers' Lounge (Das Lehrerzimmer)
Año: 2023
Duración: 1 hr. 38 min.
País: Alemania
Director: Ilker Çatak
Guion: Johannes Duncker, Ilker Çatak
Música: Marvin Miller
Fotografía: Judith Kaufmann
Reparto: Leonie Benesch, Eva Löbau, Leonard Stettnisch
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película Sala de profesores, dirigida por Ilker Çatak y protagonizada por Leonie Benesch y Eva Löbau.

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