Crítica de la película «Sirat: Trance en el desierto» (2025)

Sirat

Sirat: Trance en el desierto, el cuarto largometraje del director gallego Oliver Laxe tras Lo que arde, es una película que adopta una poética del desierto con el fin, supongo, de ajustarse a los discursos sobre inmigración que desde hace algunos años se han normalizado en algunos países europeos. En lo particular, creo que es un drama de carretera de Laxe que cuenta con ciertas panorámicas atmosféricas, pero a menudo la narrativa sobre inmigrantes y raves ilegales por el desierto marroquí pierde su rastro como huellas en la arena, donde no queda otra cosa que un viaje fatigoso a ninguna parte de casi dos horas que me obliga a cuestionar, en más de una ocasión, el guion coescrito por Laxe y Santiago Fillol. Su trama sigue a Luis, un padre que, acompañado de su hijo pequeño Esteban, busca desesperadamente a su hija perdida, Marina, en medio de las fiestas electrónicas arregladas por un grupo de raveros nómadas que divaga por el desierto del sur de Marruecos, mientras el mundo exterior parece desmoronarse por una guerra. En términos generales, esta propuesta narrativa, en principio, tiene un arranque prometedor que se evidencia en el presunto misterio que se construye sobre el thriller y el drama de carretera. El problema principal, no obstante, radica en la escasa profundidad que hay detrás del desarrollo psicológico de los personajes, cuyas acciones quedan estropeadas por un abanico de situaciones expositivas que nunca abandona la circularidad de diálogos insulsos ni las motivaciones que sirven solo como artilugios para la función discursiva, quedando más bien relegados a meros observadores pasivos en un entorno hostil. Estos inconvenientes se evidencian, dicho sea de paso, en la búsqueda de Luis como un padre que investiga a la hija desaparecida mientras pasea cerca de gente rara poseída por la música y la droga psicoactiva; la preocupación de los ravers europeos cuando el grupo de soldados cancela el rave; el viaje de Luis con destino a otro rave para continuar buscando con ayuda de los nómadas holgazanes que viajan en furgonetas; los contratiempos de Luis junto al grupo a medida que se acercan a su destino por las montañas y viven un estilo de vida colectivista; la determinación de Luis como superviviente frente a la tragedia inesperada. Con la travesía sobre ruedas en el desierto, Laxe pretende evocar el éxtasis colectivo como huida de un mundo en crisis, pero, además, arroja una parábola sobre la soledad y el miedo a lo distinto, entendido como el viaje de autodescubrimiento de un padre tradicional afectado por la ruptura con su hija rebelde que encuentra en la otredad y en el desierto una especie de refugio colectivo que le permite absorber la culpa y la condena por el olvido (se entiende que ella desapareció por la negación de este a reconocer su nueva "identidad"), donde la resistencia de aceptar lo ausente transforma su existencia al experimentar el sufrimiento ajeno. La poética del desierto abre aquí un espacio simbólico que interroga la memoria y la condición humana desde la óptica subtextual de la inmigración —el viaje circular metaforiza al «sirât» islámico, que es el puente estrecho entre infierno y paraíso—, aunque sin dar muchas respuestas. La interpretación de Sergi López es, cuanto mucho, decente cuando adopta su mirada y los gestos mesurados para interpretar a un padre introspectivo que se resiste al cambio. Los secundarios, interpretados por actores no profesionales, son olvidables incluso con sus cicatrices físicas. Con ellos, Laxe introduce elementos de violencia y desesperación que parecen diseñados exclusivamente para el shock gratuito, en una puesta en escena que, por lo regular, solo se destaca por las atmósferas desérticas capturadas por la lente de Mauro Herce y una banda sonora de techno compuesta por Kangding Ray que me resulta contagiosa. Todo lo demás, en última instancia, termina pareciéndome un ejercicio de autoindulgencia colectivista sobre personas grotescas, donde los cuerpos en movimiento y los paisajes áridos se repiten ad nauseam sin hallar una ruta adecuada.



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Ficha técnica
Título original: Sirât
Año: 2025
Duración: 1 hr. 55 min.
País: España
Director: Oliver Laxe
Guion: Oliver Laxe, Santiago Fillol
Música: Kangding Ray
Fotografía: Mauro Herce
Reparto: Sergi López, Bruno Núñez, Jade Oukid, Stefania Gadda, Richard Bellamyun
Calificación: 5/10

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