En La gracia, Paolo Sorrentino recupera su poética del poder para dialogar, otra vez, sobre los claroscuros de la vejez. Por lo que veo en sus dos horas, deduzco que se trata de un híbrido contenido entre El divo y La gran belleza, que mantiene un tono diametralmente opuesto a la rimbombancia que caracteriza su filmografía. A través de su estilo solemne, Sorrentino presenta aquí una meditación elegante sobre la duda y el perdón con una actuación sobria de Toni Servillo, pero la narrativa circular y frígida nunca trasciende sus propios esquemas dramáticos, dejándome con la sensación de que le falta algo para ser particularmente conmovedora. El argumento sigue a Mariano De Santis, un jurista y presidente italiano en sus últimos meses de mandato, que está atormentado por los dilemas éticos ocasionados por la promulgación de una ley que legaliza la eutanasia, mientras confronta como viudo el fantasma de la infidelidad de su difunta esposa Aurora en medio de los asuntos burocráticos y la petición de indulto de dos personas que claman misericordia luego de haber matado a sus parejas. En términos generales, esta narrativa acumula algunas de las particularidades del cine de Sorrentino al mostrar el drama de un individuo en la ancianidad que reflexiona sobre su vida entre largas caminatas. El problema fundamental, sin embargo, es que no logra ocultar las debilidades de un guión irregular que, pese al desarrollo psicológico del protagonista, cae en una inercia narrativa que reduce las acciones de los personajes a una circularidad de diálogos a puerta cerrada sobre legislatura y remembranzas. El ritmo parsimonioso avanza de una manera fluida, aunque me parece que hay una ausencia de conflicto que se refleja a menudo entre las conversaciones de De Santis con los funcionarios y con una famosa una crítica de arte; las inquietudes de De Santis para liberar su agenda en la oficina donde tiene a su hija como asistente personal; las confesiones de De Santis como católico devoto frente a un obispo negro que le da consejos; los paseos a pie de De Santis en los salones opulentos mientras recuerda el amor por su esposa fallecida y busca al sospechoso de su adulterio. La ironía aguda se atasca en los clichés sobre la crisis existencial del presidente benévolo. Sorrentino estructura la trama como un díptico esquemático que se resuelve sobre la base de monólogos expositivos que no conducen a ninguna revelación catártica, donde suele utilizar las metáforas para construir un discurso sobre la culpa, la memoria y la ética del perdón, desde el punto de vista de un hombre poderoso que, en el ocaso de su vida, aprende el valor de perdonar para dejar ir la amargura que lo marcó para siempre luego de la muerte de su esposa (se entiende que su esposa le fue infiel porque no lo amaba y era infeliz a su lado, a pesar de que él se negaba a dejarla por su carácter posesivo). Esta síntesis discursiva es un retrato mordaz de la decadencia política y personal. Y funciona por la interpretación orgánica de Servillo, quien emplea su registro expresivo para interpretar a un hombre frío, sinuoso, que inhala cigarrillos a escondidas y se despoja del intelectualismo jurídico para abrazar la compasión antes de comunicar su fragilidad a través de los silencios, los gestos estoicos y las miradas que destilan su gracia en la rigidez. Como es habitual, Sorrentino lo encuadra en una puesta en escena que alcanza su punto de esplendor en los escenarios ampulosos del diseño de producción y, sobre todo, en las atmósferas hipnóticas de Daria D'Antonio que, con un sentido compositivo, transforman los espacios herméticos del Palacio Quirinal en laberintos barroquistas de luces y sombras. Estas propiedades, junto a una música aempática de rap y música electrónica, le otorgan cierta elegancia a la capa exterior, pero, desgraciadamente, no evitan que su crónica sobre el presidente solitario permanezca, en más de una ocasión, en una zona acomodaticia de autocomplacencia estética.
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Ficha técnica
Año: 2025
Duración: 2 hr. 11 min.
País: Italia
Director: Paolo Sorrentino
Guion: Paolo Sorrentino
Música:
Fotografía: Daria D'Antonio
Reparto: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Massimo Venturiello, Milvia Marigliano
Calificación: 6/10


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