El fin de San Petersburgo es una película muda que constituye, dicho sea de paso, la segunda entrega en la "trilogía revolucionaria" de Vsevolod Pudovkin, encargada por el Partido Comunista de la Unión Soviética para conmemorar el décimo aniversario de la Revolución de Octubre, con el objetivo explícito de dramatizar y glorificar el "triunfo" de las masas colectivas sobre el zarismo. Apenas dura una hora y cuarto, pero este tiempo me hace razonar lo suficiente como para saber que no tiene la emotividad de La madre (Pudovkin, 1926). En lo particular, encuentro que Pudovkin deposita sus virtudes en el montaje ecléctico que sintetiza los pasajes sangrientos de la Revolución, pero, en general, su narrativa carece de pulso dramático en su tesis discursiva sobre lucha de clases. Su trama, ubicada desde 1913 a 1917, sigue la vida de un joven campesino que, en medio de la pobreza y el hambre, abandona su comunidad rural para viajar hasta San Petersburgo, donde busca trabajo y se aloja en el sótano de un obrero bolchevique, en medio de las injusticias de los trabajadores en huelga de una fábrica. En términos generales, tiene un arranque que es más o menos interesante cuando muestra los acontecimientos históricos sobre el drama realista y el documental. El problema fundamental, sin embargo, es que el guion no se toma la molestia de desarrollar a los personajes y, a menudo, reduce sus acciones a un abanico de situaciones predecibles que estropean el conflicto sobre unos facilismos que, por añadidura, eliminan sus rastros psicológicos. La erraticidad se estira a través de las vicisitudes del campesino cuando mira la persecución política de los comunistas y se alista como soldado en el Ejército Imperial Ruso para sufrir las experiencias en el Frente en la Primera Guerra Mundial; además de atestiguar la caída del gobierno imperial del zar y el levantamiento de los soviets que deciden derrocar a los ministros del gobierno de Aleksandr Kérenski. El protagonista, interpretado por Ivan Chuvelyov, es un arquetipo del campesino ingenuo transformado por las circunstancias, pero no posee motivaciones internas creíbles, quedando solo como símbolo de resistencia con la mirada y los gestos. Vera Baranovskaya, por su parte, se roba algunas escenas al transmitir, con su expresividad, el sufrimiento y la resiliencia de la mujer obrera. Estos se adhieren rígidamente a un discurso sociopolítico sobre la condición del proletariado y la lucha de clases, entendido como la participación involuntaria de un individuo que, anulado por las fuerzas históricas que despiertan su conciencia de clase, se alinea con la causa bolchevique para combatir la explotación obrera frente a los gobernantes corruptos. Este texto adolece de un simplismo ahistórico porque, entre otras cosas, se sustenta en una teleología determinista del marxismo para atribuir el "éxito" revolucionario únicamente al bloque bolchevique, construido sobre la miseria proletaria frente la opulencia burguesa, mientras niega ciertas condiciones materiales de la historia y omite las complejidades fácticas para demonizar a los mencheviques. Al margen de esto, Pudovkin reconstruye, con cierto realismo, los escenarios de Petrogrado: las calles abarrotadas, los palacios imperiales, las fábricas brumosas. Pero, asimismo, incorpora en la puesta en escena algunas herramientas estéticas que permiten reconstruir el asunto a través de la elipsis, el picado-contrapicado, el campo-contracampo, el plano subjetivo, el primer plano, el plano simbólico y, sobre todo, el montaje que esquematiza el relato con un tono rítmico que combina material documental —como escenas del asalto al Palacio de Invierno— con secuencias escenificadas sobre la inevitable victoria proletaria. Si bien este montaje constructivo le concede ritmo a las escenas encadenadas es, por desgracia, su talón de Aquiles, pues subordina los rostros y hasta los bustos a una presunción ideológica que se esquematiza en cada plano como experimento efímero. Por tal razón, no es más que una película histórica que se ajusta a la teoría del montaje dialéctico solo para construir, con ciertas pretensiones poéticas, una estructura fragmentada de significado al servicio de un régimen propagandístico.
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Ficha técnica
Año: 2025
Duración: 2 hr. 11 min.
País: Rusia (Unión Soviética)
Director: Vsevolod Pudovkin
Guion: Nathan Zarkhi
Música: N/A
Fotografía: Anatoli Golovnya
Reparto: Ivan Chuvelyov, Vera Baranovskaya, Aleksandr Chistyakov, Sergei Komarov
Calificación: 6/10


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