Crítica de «Furiosa: de la saga Mad Max»: precuela sobre la guerrera del camino

   En esta precuela, George Miller explora los orígenes de la emperatriz del desierto introducida en la predecesora.



Furiosa: de la saga Mad Max



Han pasado cerca de nueve años desde que Mad Max: furia en el camino se estrenó en las salas de cine. El tiempo conduce a la memoria a hacer un esfuerzo para recuperar las imágenes perdidas, pero todavía recuerdo con lucidez aquel instante de ver sus increíbles secuencias de acción, mientras permanecía sentado en el asiento en estado de suspensión, como si fuera partícipe de un festival de Slipknot y Monstertruck en el que Tom Hardy y Charlize Theron escapan en camión por un páramo postapocalíptico gobernado por pandilleros fanáticos que esperaban ascender a Valhalla. A veces me asalta la sensación de anular todos mis recuerdos sobre ella solo para verla de nuevo, porque nada se compara a la experiencia de verla por primera vez en una pantalla grande. Fue una de las mejores películas que pudo ver ese año y, además, una de las joyas que han marcado del cine de este siglo. Se dice que durante este mismo período George Miller tenía la intención de filmar Furiosa: de la saga Mad Max como precuela de Fury Road, pero las disputas con los ejecutivos de Warner Bros. Pictures la colocaron en un infierno de desarrollo que se prolongó durante unos cuantos años.
 
El tiempo que ha tardado Miller en extender su franquicia con Furiosa: de la saga Mad Max, me obliga a razonar lo necesario como para deducir que sus tuercas están oxidadas y ya no hay suficiente grasa en el taller para recobrar la esencia de las pasadas entregas. Como precuela cuenta con roles algo solventes de Anya Taylor-Joy y Chris Hemsworth, pero a menudo su narrativa de venganza se pierde en un desierto contaminado de efectismo y de unas secuencias de acción que carecen del impulso para ser emocionantes, donde en cada kilómetro recorrido el ritmo se desacelera y, entre los episodios, me cae encima un ligero toque de indiferencia que remueve mi interés por lo que sucede en ese yermo de pandilleros salvajes que luchan por los territorios. En pocas palabras, nunca pisa el acelerador para dinamizar la historia que explora los orígenes de Imperator Furiosa, y opta en su lugar en permanecer situada en una rutina que suele repetirse inútilmente para retrasar lo inevitable.


Anya Taylor-Joy como Furiosa


 
A diferencia de las cintas anteriores, el argumento de esta se construye a lo largo de cinco capítulos que sirven para rastrear el pasado de Furiosa. En el primero, Furiosa (Alyla Browne) es niña que vive en un paraíso terrenal administrado por mujeres en un sitio oculto del erial, y, en un día tranquilo, es raptada por unos motociclistas que la entregan como premio a su líder, Dementus (Chris Hemsworth), poco antes de un intento de fuga que termina con la muerte de su madre en la crucifixión y el fuerte sentimiento de venganza que se apodera de sus ojos. En el segundo, Furiosa vive como hija adoptiva de Dementus y es testigo del plan que este ejecuta para controlar a Gastown, una refinería de petróleo que abastece de gasolina a la Ciudadela, con la finalidad de negociar con Immortan Joe (Lachy Hulme), el señor de la guerra de la Ciudadela que controla las reservas de agua y alimentos; entre negociaciones que terminan con el encarcelamiento de ella en un establo de prisioneras de Joe ubicado dentro de una bóveda de la Ciudadela. En el tercero, Furiosa, que luego de escapar de la prisión finge ser un chico mudo, trabaja varios años después como operadora en la Ciudadela, donde desempeña las tareas mecánicas para el ensamblaje de un camión de guerra que maneja un conductor veterano llamado Pretoriano Jack (Tom Burke), al que luego salva en una emboscada por la carretera, convirtiéndose en una pretoriana y obteniendo la garantía para regresar a su hogar. En el cuarto, Furiosa conduce el camión de guerra junto a Jack para realizar las carreras de suministros, mientras es atacada por motociclistas rebeldes y, luego de una trampa en la instalación minera de Bullet Farm, sobrevive a un ataque de Dementus en el que pierde el brazo izquierdo.


Chris Hemsworth como Dementus


 
En términos generales, la narrativa esquematizada por Miller sigue el rastro de la fórmula de venganza utilizada temprano en Mad Max (1979) para configurar los umbrales del universo postapocalíptico. Pero ya no se trata de un policía anestesiado por el dolor que busca vengarse de los motociclistas que mataron a su familia en un mundo al borde del colapso, sino, más bien, de una mujer que guarda en secreto su plan de venganza para ajusticiar por al demente que ordenó la violación y el asesinato de su madre. En una primera mitad, muestra a Furiosa como una joven frágil, vulnerable, habilidosa, que pierde la inocencia y se adapta en silencio a un ambiente dominado por misóginos perversos que odian a las mujeres infértiles, motivada siempre por aprovechar el momento idóneo para huir al pueblo de las mujeres. En la segunda mitad, presenta a Furiosa como una mujer madura, temeraria, reservada, que, en medio de una guerra por el control territorial y los recursos naturales, solidifica su experiencia como guerrera de la carretera, pero, además, amplía su espectro de venganza cuando mira por segunda vez la muerte de un ser querido, de un hombre honesto al que verdaderamente ama entre tanta brutalidad.




 
El viaje de autodescubrimiento de Furiosa, desde la superficie del relato, estructura un texto militantemente feminista que, como es habitual en los nuevos estereotipos woke instalados de facto en la oferta de Hollywood, comunica la condición social de la mujer entendido ahora como el empoderamiento de una guerrera indomable que toma la justicia en sus manos para batallar contra un dominio patriarcal agenciado por la masculinidad tóxica, la misoginia, las violaciones y los cultos radicales; donde el camino de venganza es solo un instrumento diegético que, dentro de su capa de signos y significados, metaforiza la imposibilidad de la mujer para retornar a una sociedad matriarcal donde prospera la utopía de sororidad alejada del caos de los hombres. 

Esto es específicamente cierto porque Furiosa no solo desea acomodar el capricho de la venganza para perseguir al culpable de su sufrimiento interno, mientras se vale por sí misma en un entorno hostil controlado por un orden social jerárquico establecido por hombres que luchan por el poder de los combustible fósiles, la seguridad alimentaria y los límites territoriales; sino, porque, asimismo, se hace lo suficientemente dura como para entender que puede ejercer sus destrezas para ayudar a las mujeres que comparten las mismas heridas de los comportamientos abyectos de los depredadores masculinos. Es, propiamente dicho, el cuento de venganza de una mujer que se endurece para proteger a mujeres en condiciones similares a la suya.


Lachy Hulme como Immortan Joe



El problema fundamental, lejos de las florituras simbólicas y del sesgo misándrico de su síntesis discursiva, es que la narración frecuenta lugares comunes que por momentos se vuelven aburridos porque, ante todo, Miller pierde una cantidad considerable de metraje tratando de explicar de manera dispersa los acontecimientos que ocasionan los conflictos comerciales del yermo y los puntos geográficos de los Estados que lo constituyen. Y por lo regular las acciones de los personajes se reducen a diálogos sobre catástrofes, violencia y guerras del comercio, sin agregar alguna sustancia que los desvíe del carril de situaciones previsibles y de los estereotipos genéricos que se mantienen en el horizonte de las descripciones más obvias del guion, donde la línea ético-moral está demasiado desequilibrada a favor de un género (los hombres son los malos y las mujeres víctimas) para satisfacer a una demografía cultural específica. Todo se repite entre las discusiones de los jefes, el calvario de la antiheroína que transita por una guerra y los enfrentamientos motorizados en el arenal baldío. Los saltos temporales interrumpen el flujo y dificultan la construcción de una trama cohesionada.





La movida de mostrar las múltiples facetas de Furiosa y su evolución pierde sus huellas en las dunas baldías. A pesar de todo, me resulta creíble las motivaciones y el crecimiento del personaje por la forma en que lo interpreta Anya Taylor-Joy. Ella a menudo se encuentra limitada por un guion que no le da suficiente material para trabajar. Pero su interpretación transmite la dureza y la vulnerabilidad de Furiosa, interpretándola como una mujer endurecida por las circunstancias brutales y el abandono total de aquella esperanza tatuada en el brazo perdido en la contienda. A su lado hay también un rol correcto de Chris Hemsworth como un líder sociópata, megalómano, barbudo, corpulento, traumatizado por la muerte de sus hijas, que anhela apoderarse de todas las zonas para llenar de orgullo a su banda de motociclistas; en una actuación de villano que aporta carisma pero que, a veces, luce algo acartonada por el acento y la nariz falsa.
 
Como es característico de la saga Mad Max, el mayor grado de solvencia lo encuentro el apartado técnico que demuestra las pericias estéticas de Miller para crear mundo postapocalíptico arrastrado por polvo, locura y violencia. Por la parte visual, emplea aprovecha el vestuario y los decorados postpunk para añadir autenticidad al exterior por el que caminan los personajes. El uso del color y la iluminación es consistente en su registro simbólico. El desierto australiano se convierte nuevamente en un personaje en sí mismo a través del gran plano general, con sus paisajes desolados que contrastan con la acción blanda y evocan un sentido de aislamiento por el uso proxémico del espacio. Las secuencias de acción, capturadas con el uso constante del encuadre móvil, están coreografiadas con cierta precisión quirúrgica en su dinámica de movimiento, pero, desgraciadamente, no poseen impacto emocional para ser sorprendentes. Por otro lado, la banda sonora de Junkie XL no logra elevar el valor acústico de las secuencias de acción porque parecen composiciones recicladas de la anterior.


Anya Taylor-Joy como Furiosa



Al margen de estos elementos estéticos, este spin-off parece un producto que, en su afán de expandir la mitología de Mad Max, se empeña en reciclar la fórmula establecida por la antecesora que estremeció el cine hace nueve años, sin acelerar hasta el cuarto de milla para ofrecer un espectáculo frenético. En cambio, se queda encadenada en una circularidad apresurada de persecuciones aparatosas, peleas artificiosas y caravanas de vehículos modificados por War Boys, sin frenar en la estación más cercana para cohesionar el conjunto. La presunta adrenalina nunca alcanza mis sentidos hasta el quinto capítulo en el que Furiosa, con la cabeza afeitada y la prótesis mecánica en su brazo, conquista su venganza sobre Dementus con cierta gratuidad. El enfoque, desde luego, se agradece por ampliar los comienzos del personaje que previamente interpretó Charlize Theron, pero la falta de gasolina me quita todas las expectativas por la supuesta secuela que sería Mad Max: The Wasteland.


Ficha técnica
Título original: Furiosa: A Mad Max Saga
Año: 2024
Duración: 2 hr. 28 min.
País: Australia
Director: George Miller
Guion: Nick Lathouris, George Miller
Música: Junkie XL
Fotografía: Simon Duggan
Reparto: Anya Taylor-Joy, Chris Hemsworth, Tom Burke, Angus Sampson, Alyla Browne, Nathan Jones
Calificación: 6/10

Tráiler de Furiosa: de la saga Mad Max




Crítica de la película Furiosa: de la saga Mad Max, dirigida por George Miller y protagonizada por Anya Taylor-Joy y Chris Hemsworth.



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