
La fuente de la vida es una película en la que Darren Aronofsky recurre otra vez a su poética del sufrimiento, supongo, con el propósito de interrogar las cuestiones filosóficas que atormentan al ser humano desde tiempos ancestrales y de las que, por desgracia, todavía no encuentra respuesta. Los 97 minutos que dura me invitan razonar lo suficiente como para saber que ni siquiera Aronofsky sabía lo que quería contar porque, a pesar de su ambición por el lado visual, tengo la sensación de que es una película hueca que, dentro de sus limitaciones, cae en el abismo narrativo con una ejecución que no logra sostener sus pretensiones sobre la mortalidad, el amor y la trascendencia, desperdiciando incluso el talento actoral de Hugh Jackman y Rachel Weisz en unas cuantas escenas. La trama se disuelve sobre tres líneas temporales que se cruzan entre sí. El primer relato sigue a Tomás Creo, un conquistador español del siglo XVI que, por orden de su reina y las profecías de un sacerdote franciscano, es enviado a una selva centroamericana para encontrar un árbol mitológico que concede la inmortalidad. El segundo trata sobre Tommy Creo, un cirujano del siglo XXI que, con las muestras de un extraño árbol guatemalteco, experimenta con monos en su laboratorio para fabricar una cura medicinal para revertir el envejecimiento y las enfermedades cerebrales, poco antes de intentar salvar a su amada esposa de un tumor cerebral. El tercero involucra a Tom, un viajero de un futuro lejano que custodia un árbol en una biosfera mientras viaja por el espacio en una cúpula de cristal hacia una nebulosa y tiene visiones de una mujer. En términos generales, la narrativa de Aronofsky conjunta los tres relatos sobre la base de una estructura no lineal que, en su preámbulo, me resulta interesante por las preguntas que se introducen de su híbrido de géneros entre el drama romántico, la fantasía épica y la ciencia ficción. El problema central, sin embargo, es que los personajes del guion de Aronofsky carecen desarrollo porque, entre otras cosas, solo ocupan un relleno de descripciones anodinas para impulsar la trama inútilmente y, a menudo, quedan suspendidos en una abanico de situaciones predecibles en las que no sucede nada sustancioso más allá de las conversaciones sobre árboles, espiritualidad y fábulas milenarias que abandonan todo registro cohesivo. Esta falta de cohesión narrativa se debe, en efecto, a que Aronofsky sólo utiliza a los personajes como unos autómatas que le sirven para colgar en la superficie un comentario filosófico sobre la ontología del amor y la naturaleza metafísica de la muerte, entendido como la agonía de un hombre en estado de negación que se niega a aceptar la inevitabilidad de la muerte de la mujer que ama. Esto es especialmente cierto porque Tom es un ser inmortal que, a lo largo del tiempo, se obsesiona con buscar una forma revivir a la esposa fallecida como alternativa al fin de la muerte, mientras estudia una forma de meditación que le permite percibir e interactuar con el pasado, llegando a comprender que el ciclo de reencarnación es el renacer del espíritu en un cuerpo nuevo en cada vida. Esta síntesis discursiva, en su núcleo dialecto y religioso, explora la naturaleza del amor como un principio fundamental de la realidad y fuerza motora que dota de sentido la existencia mediante la otredad; pero además, examina la metafísica de la muerte como una transformación cósmica de la conciencia que pone límites a la esencia del ser más allá de lo biológico. Dicho esto, Aronofsky pone estas ideas en marcha con una estética que suele emplear el primer plano, la iluminación artificial, el plano simbólico y tono atmosférico de colores cálidos que goza de un robusto trabajo fotográfico de Matthew Libatique. Pero el resultado es una película plana y demasiado pretenciosa que, en última instancia, no consigue transmitir la profundidad que pretende y se pierde en un laberinto de ideas sin resolver.
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Ficha técnica
Año: 2006
Duración: 1 hr. 37 min.
País: Estados Unidos
Director: Darren Aronofsky
Guion: Darren Aronofsky, Ari Handel
Música: Clint Mansell
Fotografía: Matthew Libatique
Reparto: Hugh Jackman, Rachel Weisz, Ellen Burstyn, Cliff Curtis, Mark Margolis
Calificación: 5/10
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