Su trama, ubicada mil años después de una guerra apocalíptica que destruyó la civilización conocida como los "Siete Días de Fuego", sigue a Nausicaä, una princesa adolescente del reino del Valle del Viento que suele explorar un bosque venenoso para comprender a unos insectos gigantescos con el objetivo de encontrar una manera de que los humanos de su tierra puedan coexistir con ellos en paz; pero su vida cambia drásticamente cuando debe proteger a su pueblo del imperio militarista de Tolmekia liderado por Kushana.
En términos generales, esta premisa esboza el conflicto narrativo sobre las fórmulas de la aventura épica, la ciencia ficción distópica y la fantasía steampunk para manifestar, dicho sea de paso, las inquietudes tempranas de Miyazaki al mostrar la travesía de una joven compasiva que intenta mediar entre el caótico reino humano y la naturaleza hostil.
El problema fundamental, no obstante, es que el guion de Miyazaki estropea el desarrollo de la protagonista más allá de la capa de obviedades de su motivación y opta, a menudo, por impulsar sus acciones sobre una serie de situaciones circulares que tienden a dar demasiadas vueltas entre diálogos expositivos y personajes de relleno.
Los facilismos de las escenas desequilibra la dinámica de los personajes. Nausicaä es una heroína higienizada: pura, empática, valiente y honesta. Sus enemigos son retratados como ambiciosos y violentos sin matices; mientras que los insectos, por su parte, son seres incomprendidos que solo atacan cuando se les provoca. Los personajes secundarios apenas existen más allá de su función didáctica porque, entre otras cosas, solo sirven para que Nausicaä pronuncie discursos sobre tolerancia y comprensión.
En la superficie, esta división entre bondad natural y maldad humana es arreglada por Miyazaki para interrogar cuestiones sobre el ambientalismo, el pacifismo y el antimperialismo, utilizando el relato de Nausicaä para metaforizar que la humanidad debe aprender a convivir con la naturaleza en vez de dominarla, la guerra es siempre inútil y los imperios expansionistas son el verdadero veneno.
Sin embargo, debajo de esta aparente sensibilidad ecológica y pacifista se esconde una visión maniquea que cae en lagunas deterministas propias del materialismo dialéctico al reducir el mundo de su protagonista en una fábula de opresores y oprimidos —donde se condena la violencia de los invasores, pero se justifica implícitamente la resistencia "justa" de los débiles con la figura mesiánica—, proyectada ahora sobre el eje humanidad-naturaleza para sustentar su desconfianza anticapitalista hacia la modernidad industrial y la idealización del orden natural frente a la destructividad del orden humano. El resultado es un discurso dúctil donde Miyazaki, que predica un pacifismo selectivo y simbólico, no puede ocultar las ataduras a su pasado de izquierda marxista al tratar su cuento ecologista como una "lucha de clases".
Al margen de esta discursividad rígida, la dirección de Miyazaki deposita algunas de sus virtudes en el diseño de los personajes y en la animación fluida de los escenarios postapocalípticos que poseen cierta originalidad visual. También permite que se escuche una banda sonora de Joe Hisaishi, que es melodiosa por su mezcla de instrumentos orquestales y sintetizadores electrónicos. Técnicamente, Miyazaki haría mejores películas después, pero aquí todavía carga con las limitaciones de su formación ideológica, que le pasan factura a su narrativa ecológica, sin ritmo, sobre la guerrera del cielo.
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Título original: Nausicaä of the Valley of the Wind (Kaze no Tani no Naushika)
Duración: 1 hr 57 min
País: Japón
Director: Hayao Miyazaki
Guion: Hayao Miyazaki
Música: Joe Hisaishi
Fotografía: Studio Ghibli
Reparto (voces): Sumi Shimamoto, Mahito Tsujimura, Hisako Kyôda, Gorô Naya, Ichirô Nagai, Kôhei Miyauchi
Calificación: 5/10

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